
Foto: Ariel Cecilio Lemus
Escenario de innumerables eventos políticos, culturales, sociales y académicos, el Aula Magna de la Universidad de La Habana celebró sus 120 años de fundada este 28 de octubre. Es, sin duda, uno de los recintos más trascendentales del campus de la casa de altos estudios.
Su exquisita decoración combina la arquitectura neoclásica y barroca: paredes de piedra, artesonados de maderas cubanas, ventanales criollos y un magnífico conjunto de lámparas que, junto a la iluminación natural, permiten vislumbrar cada detalle.
Al alzar la vista, es posible admirar los siete grandes frescos de Armando García Menocal, que representan el Derecho, las Letras, las Artes Liberales, el Pensamiento, las Bellas Artes, las Ciencias y la Medicina.
En el techo, el proyecto pictórico Musas (1925-1928) retrata las nuevas carreras añadidas al recinto universitario fruto de las reformas: Arquitectura, Pedagogía, Ingeniería, entre otras. Según explicó en cierta ocasión el historiador Ángel Pérez Herrero, la poetisa cubana Dulce María Loynaz, su hermana Flor y el marqués de Pinar del Río sirvieron de modelos para esta obra.
Años después de la inauguración del Aula Magna, se insertó en el recinto un sencillo monumento funerario donde aún permanecen los restos del filósofo cubano Félix Varela, precursor del independentismo y destacado intelectual que abogó por la renovación de los métodos de enseñanza. En el lado opuesto reposan también los restos del insigne médico Carlos Juan Finlay.
Además, una serie de medallones remata la parte superior de las franjas comprendidas entre los lienzos de las paredes, con las efigies de José María Carbonell y Ruiz; Joaquín Fabián de Aenlle; Felipe Poey; Manuel González del Valle; Antonio Prudencio López; y Antonio Maestre Domínguez.
Diversos premios se han otorgado en este recinto a afamados profesionales con destacados resultados científicos, socioculturales y en otras disciplinas del conocimiento.
Su vasto patrimonio histórico también se evidencia en los discursos de importantes figuras de la nación y en las conferencias de presidentes latinoamericanos como Hugo Rafael Chávez Frías, Rafael Correa, Cristina Fernández de Kirchner y Evo Morales, entre otros.
Pero pensemos en un último detalle, no por eso de menor importancia. Mucho valor adquiere un sitio como este cuando ha sido testigo de decenas de generaciones que, tras esos felices –y fatigosos– años universitarios, reciben aquí su título de culminación de estudios. Símbolo de una etapa que se deja atrás e inicio de otra en la que, sin dudas, la universidad deja de ser un espacio físico para convertirse en el sello indeleble de su formación profesional.



