Bohemia Economía

Dilemas del bolsillo

Alternativas halladas por las familias para enfrentar la crisis económica y propuestas de cambios a escala general; en torno a esas cuestiones reflexionan un economista y una socióloga


Por estos días, dos tópicos relacionados con Cuba hacen hervir los sitios web y las redes sociales digitales: la escalada de la agresión estadounidense contra nuestro país y la necesidad de una reforma económica interna abarcadora. El anuncio del gobierno cubano sobre medidas que amplían los márgenes para la inversión extranjera ha sido escuchado por algunos con esperanza y por otros con cautela.

Carlos Enrique González afirmó que las economías familiares no podrán prosperar si la macroeconomía del país no marcha bien. / TCHD

¿Podrán, con esa estrategia, recuperarse en el país la producción y los servicios? Por supuesto, me gustaría creer que ahora sí encontraremos la fórmula no solo idónea, sino casi mágica, capaz de permitirnos renacer incluso si persiste el estrangulamiento económico y financiero desatado por los Estados Unidos, del cual sus gobernantes se vanaglorian públicamente.  

Prosperidad general y en el círculo hogareño deseamos todas las personas de bien. Como no soy economista, me declaro incapaz de sentar cátedra en cuanto a qué hacer; resulta más sensato escuchar a los expertos. Desde hace largo tiempo, la revista Temas ha dedicado buena parte de sus encuentros mensuales de debate, o sea, los Último Jueves, a analizar el devenir de la economía nacional. Este año uno de tales paneles se centró en cuáles opciones asumen las familias en Cuba para sobrellevar la crisis; asimismo, la relación entre las economías familiares y la macroeconomía.

Durante su disertación, Carlos Enrique González, profesor de la Universidad de La Habana, investigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana, consideró que “hay una relación estrecha entre esos dos ámbitos”, aunque de manera asimétrica. En una nación donde predomina la propiedad estatal o social, la influencia de la economía macro sobre la familiar es todavía mayor que en otros sistemas. Y si bien la segunda va a influir en la economía general, su incidencia tiene menos impacto. Por consiguiente, en un contexto caracterizado por la insuficiente generación eléctrica y el declive de la producción de bienes y servicios, será muy difícil que la mayoría de las economías familiares, incluso las basadas en un negocio o en las remesas del exterior, se mantengan estables o prosperen como debieran.

 De acuerdo con el criterio de otra panelista, la socióloga Geidy Hernández, jefa del Grupo de Estudios sobre Familias del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), del CITMA, en las economías familiares inciden cuántos individuos integran esos núcleos, dónde residen, si la pareja tiene hijos y la edad de estos, con qué recursos cuentan (ayuda del exterior, un negocio exitoso, si dependen solo de un salario o la jubilación).

Mediante sondeos, los analistas del CIPS han podido determinar las prioridades de los hogares, en relación con los gastos esenciales: si las personas habitan en un entorno urbano y no les es posible cosechar sus alimentos, colocan en primer término a la alimentación. Una vez garantizado ese aspecto, “priorizan los artículos destinados al aseo, los medicamentos y el costo del transporte”.

A menudo la migración garantiza bonanza material para quienes quedan en el país y reciben las remesas, pero siempre origina carencias afectivas, expresó Geidy Hernández. / TCHD

Las medidas macroeconómicas quizás solucionan ciertos problemas o lo hacen temporalmente, pero si no toman en cuenta cómo en la base los núcleos familiares intentan satisfacer sus necesidades básicas, a cuáles estrategias recurren, “puedes dictar políticas económicas y sociales en beneficio de la población; sin embargo, nunca serás tan efectivo como pretendes”. Hay que situar la lupa sobre el “día a día del cubano” recalcó la investigadora.

“Desde el punto de vista de la macroeconomía es importante conocer esos detalles: qué consume una familia en el país, cuáles son los productos más necesarios y en qué magnitud los precisa –comentó Carlos Enrique González; no solo a la hora de planificar la producción, sino de medir las afectaciones al nivel de vida de la población”.

¿Cuáles estrategias utilizan las familias para enfrentar el aumento del costo de la vida y la dolarización?, inquirió Rafael Hernández, moderador del encuentro y director de Temas.

“Es lo que hemos estado investigando en La Habana Vieja –intervino Geidy Hernández–. Según constatamos, esas prácticas no han variado mucho desde la década de los 90. Prevalecen el pluriempleo, ceder espacios de la casa (arrendar el portal o la sala, para montar un mercado), o un joven abandona la escuela y se pone a trabajar”. Asimismo, los indagadores han encontrado matrimonios por interés, y graduados universitarios que han dejado su profesión y se han empleado en puestos del mercado informal, de mucha menor categoría, aunque con salarios superiores a los devengados en entidades estatales si ejercieran su especialidad.

“La migración también se usa como vía para ampliar los horizontes. Una de las cosas que los ancianos nos dicen en las conversaciones es: mi familia me mantiene muy bien, tengo satisfechas mis necesidades, no debo preocuparme por el apagón porque me mandaron el panel solar, pero el afecto no está”.

Resumiendo, las formas de sobrevivencia en no pocas ocasiones traen consigo carencias afectivas, pérdidas de privacidad, apertura a acciones que antes eran criticadas y ahora son aplaudidas.

Caminos ya recorridos y otros por transitar

La mini industria La Fama, creada en el municipio de San Luis (Santiago de Cuba) representa un ejemplo de las potencialidades existentes en las comunidades. / sierramaestra.cu

¿Qué medidas pudieran revertir el panorama? ¿Incremento de los salarios y las pensiones, subsidios a productos básicos o a personas vulnerables, real unificación monetaria, control de precios, mayor apertura al sector privado, incentivos a la producción, eliminar o reducir las tiendas en dólares?, preguntó Rafael Hernández.

Sin cortapisas, Carlos Enrique González opinó: “Voy a empezar por lo que no funciona. Soy un enemigo acérrimo de la dolarización en un país. Porque desplaza a la moneda nacional y por tanto drena la capacidad de compra de los salarios y pensiones que la mayoría recibe. El aumento de la demanda de divisas provoca que el tipo de cambio suba constantemente y los productos importados sean cada vez más caros, o sea, crece la inflación; además, en las condiciones específicas de Cuba, impulsa el movimiento de los mercados de divisas hacia la informalidad. Y un elemento muy importante: limita la capacidad del gobierno para manejar el funcionamiento de la economía y la política monetaria.

“Los controles de precios desincentivan la producción, llevan la economía hacia la informalidad y terminan generando mayor inflación. Sobre los subsidios: si usted no produce y no dispone de bienes y servicios, ¿qué va a subsidiar o a darles a las familias? En cuanto a subir los salarios y pensiones, podemos multiplicarlos por 10 y dentro de un mes tendremos los precios multiplicados por 10.

“Entonces, ¿cuáles posibilidades hay? La clave está en producir más. Necesitamos abandonar la planificación excesivamente centralizada, asignadora de recursos, y pasar a la de carácter financiero; asimismo, una reforma de la empresa estatal socialista. Estoy en contra de privatizar el sector estatal: debemos recuperarlo y que poco a poco sea de propiedad social. Dicha reforma comenzaría por permitirles a las empresas decidir qué y cómo producen, cuáles insumos utilizan, cuánta divisa cambian, los salarios.

“Al sector privado hay que darle más oportunidad para desarrollarse. Al mismo tiempo, Cuba precisa una nueva reforma agraria. Y necesita inversiones conducentes a mantener las capacidades de producción ya instaladas”.

Sin dudas, la dolarización o el uso de los dólares media en la manera de vivir de los cubanos. Hoy las oportunidades y los puntos de partida no son los mismos para todos en el país, manifestó Geidy Hernández.

Por ello deben revisarse las políticas públicas, de modo que no se centren exclusivamente en aspectos generales y sí vayan a los particulares, a las especificidades. A la par, “en las comunidades, transformando el sitio donde convivimos, se logra mucho más que si miramos la economía familiar desde arriba. Aprovechando los saberes de las propias comunidades se pueden hacer cambios que repercutan en las familias y en la sociedad”.

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