Soberón llama «novela barata» al libro sobre los lujos de Fidel Castro que Bartos leyó en la ONU
El embajador cubano ante la ONU, Ernesto Soberón Guzmán, respondió este viernes con ironía al diplomático estadounidense Jeff Bartos tras el episodio en que este fue captado leyendo el libro La doble vida de Fidel Castro durante el discurso del canciller cubano ante la Asamblea General, calificando la obra de «novela barata» en un mensaje publicado en X.
«Un consejo gratuito para la Misión de EE.UU. en la ONU: si Jeff Bartos, en lugar de pasar su tiempo leyendo novelas baratas, lo empleara en educarse —y al menos leer el reglamento de la Asamblea General y el manual del delegado de la ONU—, quizás podría asesorar a su jefe para que cometa menos tropiezos ante la comunidad internacional», escribió Soberón, acompañando el mensaje con una fotografía de los tres documentos oficiales de la ONU sobre la mesa de la delegación cubana en el hemiciclo.
El gesto de Bartos, representante de Estados Unidos para Gestión y Reforma de la ONU, ocurrió el 28 de octubre mientras Bruno Rodríguez Parrilla pronunciaba su discurso ante la Asamblea General en el marco del debate anual sobre el embargo. La escena fue un claro gesto político deliberado para contrastar los privilegios de la élite cubana con la retórica oficial del régimen.
El libro en cuestión fue escrito por Juan Reinaldo Sánchez, exguardaespaldas personal de Fidel Castro durante 17 años, junto al periodista francés Axel Gyldén, y publicado en inglés en 2015. La obra describe una vida privada radicalmente opuesta a la imagen austera que Castro proyectaba en público: más de 20 residencias, cuatro yates, un coto de caza y el uso exclusivo de Cayo Piedra, una isla con restaurante flotante, delfinario y un muelle para su embarcación personal, el Aquarama II, decorado con maderas exóticas de Angola.
El episodio se inscribe en una semana de alta tensión diplomática entre Cuba y Estados Unidos en la ONU. El 27 de octubre, el embajador Michael Waltz mostró ante la Asamblea fotografías de relojes Rolex atribuidos a Fidel Castro —valorados en unos 40,000 dólares— y accesorios de lujo atribuidos a Miguel Díaz-Canel, incluyendo corbatas Hermès y bolígrafos Montblanc. La delegación cubana presentó al menos tres mociones de orden para interrumpir la intervención, pero la presidencia de la Asamblea las rechazó y suspendió brevemente la sesión para ordenar a los delegados regresar a sus asientos.
Al día siguiente, la Asamblea General aprobó por 34.º año consecutivo la resolución que pide el fin del embargo estadounidense contra Cuba, pero con el respaldo más bajo en 30 años: 130 votos a favor, 17 en contra y 25 abstenciones, frente a los 187 votos obtenidos en 2024 y los 165 de 2025.
Entre los países que votaron en contra figuraron Estados Unidos, Israel, Argentina, Colombia, Costa Rica, Ecuador y Paraguay. Chile, Honduras y Perú, que habían respaldado la resolución el año anterior, optaron esta vez por la abstención.
La ofensiva diplomática estadounidense en este ciclo no comenzó en la sala de la Asamblea. El 19 de octubre, diplomáticos cubanos encabezados por el propio Soberón protagonizaron un altercado con Waltz a la salida de un foro organizado por la misión estadounidense con disidentes y expresos políticos cubanos, gritando «¡mentirosos!» y «¡abajo el bloqueo!».
Bartos venía protagonizando desde agosto una campaña sistemática en la ONU contra los privilegios de la cúpula cubana: en agosto denunció ante el Consejo de Seguridad que el conglomerado militar GAESA y sus subsidiarias acumularían más de 18,000 millones de dólares en cuentas bancarias extranjeras, según reportes periodísticos, mientras la población sufre escasez alimentaria y apagones crónicos.
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