Música y telenovelas: de nuevo a debate
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Música y telenovelas: de nuevo a debate

Imagen de la telenovela Tierra Brava

Imagen de la telenovela Tierra Brava.
Foto: Tomada de Internet

Hace un buen tiempo abordamos en este espacio lo paradójico que resulta que carezcamos de series o telenovelas con trasfondo musical, a pesar de la larga y extraordinaria historia sonora que poseemos. Salvo muy pocos y espaciados ejemplos, la realidad es que seguimos huérfanos en el complejo escenario de imponer nuestra propia narrativa en ese sentido.

Si regresamos a los llamados clásicos televisivos, hay que destacar –y recordar– la telenovela Al compás del son, dirigida por Rolando Chiong y escrita por la inigualable Mayté Vera; quien, haciendo honores a su linaje musical (hermana de Alberto, nombre referencial y obligadísimo en la cultura cubana) no solo fue una excelente guionista, sino una conocedora, como pocas, de nuestras raíces sonoras.

Al hablar de disecciones históricas del género en Cuba tampoco debemos dejar de mencionar Sol de Batey, dirigida por Roberto Garriga, con música original de Guido López-Gavilán; y Tierra brava, bajo la dirección de Xiomara Blanco y banda sonora de Frank Fernández. Ambas, si bien no fueron obras basadas en contextos musicales sino con otras temáticas, sí constituyen dos ejemplos tácitos de la comunión entre música de concierto, buen gusto, sólidos guiones y excelente dramaturgia.

Pero, más allá de ejemplos y de acudir a lo hecho, ¿por qué la sequía continua de materiales dramáticos dedicados a géneros o protagonistas de la música cubana? Con tanta historia propia, incluso con matices en ocasiones policíacos o divertidos que bien podrían inspirar a darles forma para una serie o novela, ¿cuál es la causa de tantas ausencias?

Si acudimos al hecho histórico de la entronización de la música cubana con el entorno caribeño o continental, bien pudieran buscarse fórmulas que resaltaran tales aportes; a la vez que elementos ficcionados apuntalasen un discurso acompañante que comprendiera hechos reales, el consabido elemento primordial del teledrama conocido como triángulo amoroso, la inevitable contextualización de la historia y otros aspectos inherentes al género audiovisual que se escoja.

Quizá no todos los intentos sean exitosos, habrá maneras y públicos distintos para los cuales se dirijan; pero, sin dudas, ayudaría sobremanera a sopesar el ecosistema musical cubano.

Más allá del hecho concretamente artístico, tales apuestas bien pudieran colocarse en mercados hasta hoy inexplorados e incluso inexistentes. Si se trabajase sobre este último acápite, entonces cabría plantearse su creación como necesidad no solo audiovisual, sino también como resorte emocional edificado en base a una riquísima historia musical.

Imaginemos telenovelas con diversos trasfondos como la vida de Enrique Jorrín y la creación del Cha cha chá; el asesinato de Alejandro García Caturla como pretexto histórico real para así sumergirse en una serie sobre su obra; los inicios de Van Van, o la prolífera historia de la zarzuela en Cuba también podrían resultar atractivos como detonantes dramatúrgicos. Y todo ello recreado con tramas secundarias, pero con todo el rigor del género para atraer a variopintas audiencias.

También es necesario decir que esos proyectos conllevan presupuestos para nada ínfimos si se asumen con el talento y la profesionalidad que requieren, y si realmente se adaptan a las dinámicas de estos tiempos; mas ello no es  impedimento para que puedan emprenderse y luego aprobarse para su producción televisiva.

En primer lugar podría significar una extraordinaria revisita a zonas atractivas de nuestra música dirigidas al gran público; y, por otro lado, serviría como barrera cultural ante los mismos materiales foráneos que inundan los diferentes espectros de consumo, donde conviven infinitas propuestas con buenos, regulares y malos enfoques.

A su vez, sería atinado apostar por tales proyectos en tiempos donde la narrativa hegemónica dominante es impuesta por otros, con el lógico culto a sus protagonistas, y contando muchas veces las historias a su manera. Asumamos de este lado entonces nuestros propios relatos e impongamos agenda sobre la música cubana.

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