Leer en estos tiempos: un acto de resistencia y de soberanía
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Leer en estos tiempos: un acto de resistencia y de soberanía

feria del Libro en Camaguey


Foto: Perfil en Facebook del Gobierno Provincial del Poder Popular de Camagüey

Hay preguntas que se instalan en el aire como interrogantes incómodas, como si dudar de lo evidente fuera una opción. ¿Por qué hacer Feria del Libro cuando los apagones muerden las tardes y el bloqueo aprieta hasta el último tornillo de la economía? ¿Por qué mover camiones con ejemplares desde La Habana hasta el centro de la isla cuando cada gota de combustible pesa?

Quienes mejor lo explican son los que viven la cultura en carne propia. Alejandro González Bermúdez, escritor, promotor cultural y director de la Casa de la Décima, lo sintetiza con una claridad que no admite dudas: «¿Por qué hacer feria en este contexto? No podía ser de otra manera. Es un proyecto de Fidel y es un proyecto necesario, es el suceso sociocultural más importante que ocurre en el país y la cultura sigue siendo lo primero que hay que salvar». Y tiene razón. Porque la respuesta —que no es una respuesta, sino una convicción— se encuentra fácil durante este fin de semana en áreas del Casino Campestre, sitio donde se desarrolla la 34 Feria Internacional del Libro en Camagüey, con los niños sentados en el suelo, con los ojos abiertos, devorando las páginas de un libro.

No se trata de una feria más. Nunca lo ha sido. Esta edición, dedicada al centenario del natalicio del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, al aniversario 65 de la UNEAC y a la Federación de Rusia como país invitado de honor, llega en un contexto que no admite eufemismos. Y cuando parecía que las dificultades podían más, la cultura dijo: aquí estoy. González Bermúdez lo refrenda al subrayar que, a pesar del escenario «realmente extraordinario y súper difícil», el esfuerzo «se está logrando», porque el libro y la recreación son misiones que trascienden cualquier carencia material.

Iyaimí Palomares Mederos, directora de la Cámara Cubana del Libro, lo expresó sin medias tintas: «Se hace muchísimo esfuerzo y Camagüey es un ejemplo de ello». Y es cierto. 74 propuestas editoriales, en formatos impreso y digital, llegaron hasta esta Ciudad de los Tinajones, desde la capital y otras provincias, sorteando las limitaciones de un país que se niega a rendirse ante la asfixia. Hacerla es levantar una trinchera de resistencia, tal como la concibió su principal impulsor y creador, el Comandante en Jefe.

Foto: Perfil en Facebook del Gobierno Provincial del Poder Popular de Camagüey

 Sí, porque la Feria es, ante todo, un acto de resistencia tangible. El panel «Fidel: Historia y vigencia», con la participación de los estudiosos Noel Manzanares Blanco, Ángel Avelino Fernández Espert y Andrés Fernández Millares, no fue un ejercicio académico más. Fue el recordatorio de que el pensamiento de Fidel —aquel que decía que «la cultura es lo primero que hay que salvar»— sigue siendo una brújula en medio de la tormenta. Las presentaciones de los volúmenes Fidel: Pedagogo de la Revolución, de Felipe de Jesús Pérez Cruz e Ida María Ayala Rodríguez, y Fidel 42 horas en Camagüey, de Cándida Pedrosa Marichal y Rolando García Parés, son los testimonios vivos de una historia que no se deja enterrar.

Y ahí, en ese cruce entre la memoria y el presente, está la grandeza de lo que ocurre en Camagüey. Porque la Feria no se reduce a los títulos que se venden o a los paneles que se celebran. Es la apuesta por sembrar en tierra fértil, aunque el viento sople en contra. Y tal como reconoce Alejandro González, aunque las carencias poligráficas son reales y el costo de la producción editorial en el mundo entero es cada vez más complejo, Cuba sigue subvencionando esa producción porque hay un interés más importante que el económico: el del conocimiento y la cultura.

Hay insatisfacciones. Siempre las hay. Algunos títulos no llegan, otros se agotan antes de tiempo. Pero el propio González Bermúdez reconoce que el mérito de la Feria es incluso mayor, y que las autoridades provinciales de Camagüey hicieron un «esfuerzo incansable» para priorizarla, porque supieron entender que es un proyecto que tenía que realizarse cueste lo que cueste.

Y Camagüey lo entiende. Esta provincia, cuna de la Literatura Cubana, del poeta nacional Nicolás Guillén, pródiga en escritores y amantes de la literatura, ha convertido la Feria en un espacio de encuentro que trasciende lo comercial.

«Leer es crecer», es la sentencia martiana que en estos tiempos adquiere una dimensión casi profética. Porque leer, en un país bloqueado, es un acto de soberanía. Es la afirmación de que hay un pensamiento que no se compra ni se vende, una identidad que no se negocia y una cultura que no se rinde.

La Feria continuará durante el fin de semana con presentaciones de libros, actividades para niños y jóvenes, encuentros literarios y otras propuestas destinadas a los diversos públicos. Y en Camagüey, este fin de semana, los libros están en las manos de quienes saben que leer no es un lujo, sino una necesidad, de crecer, de vencer.

Foto: Perfil en Facebook del Gobierno Provincial del Poder Popular de Camagüey

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