El mítico Caballo de Troya que imaginó Homero hace 29 siglos y plasmó en los poemas de ‘La Odisea’ se ha hecho realidad en la localidad de Gilena (Sevilla), gracias a la iniciativa de los gestores de su Colección Museográfica
La réplica tiene seis metros de altura y podría albergar hasta a 14 personas -acercándose mucho a un original que se cree que pudo estar en torno a los 11 metros- y ser lo suficientemente grande para esconder a un grupo de guerreros, pero no muy numeroso, solo lo suficiente para abrir la ciudad desde dentro para dejar pasar a su ejército.
El caballo ha habido que imaginarlo o bien tirar de lo que se ha visto en el cine, como en ‘Troya’ (2004), que mostraba uno de 12 metros de altura, mientras que en Çanakkale (Turquía) se puede ver una réplica en madera cerca de las ruinas de la antigua Troya, con 15 metros de alto.
Manuel Jesús Díaz, doctor en Arqueología, es uno de los implicados en un proyecto que surgió tras terminar las jornadas del año pasado, cuando pensaron “hacer algo en torno a La Odisea y fue cuando se planteó la posibilidad de tener este año el Caballo de Troya”.
Ramón Rico, uno de los voluntarios que colabora con el museo, elaboró algunos diseños y usó una impresora 3D para sacar el primer boceto real, y ya se puede ver el impresionante caballo, que supera la tonelada de peso y se ultima en el patio de un lugar ciertamente llamativo.
Con menos de 4.000 habitantes, Gilena tiene un museo pionero en España, con iniciativas como la impresionante muralla púnica que se puede ver en sus instalaciones, donde el año pasado se construyó un barco etrusco con el que se recreó la batalla de Alalia (en torno al 537 antes de Cristo).
Todo con el agravante de no tener referencias físicas para trabajar, “porque en la obra de Homero, el Caballo solo se menciona de pasada, y, de hecho, se ha perdido el texto original en el que se narra la caída de Troya”, explica el arqueólogo.
Se trabajó entonces teniendo en cuenta que hacia el siglo VIII antes de Cristo “es cuando se componen los poemas homéricos y se recurrió a esa fecha” que los expertos llaman “el geométrico griego”, además de trabajar “con una una serie de figurillas de bronce de caballos”.
Manuel Jesús Díaz destaca que, para conseguir lo logrado, ha sido imprescindible el trabajo de todo el voluntariado de la colección museográfica, «porque esto para una sola persona es imposible”, de modo que, todos a una han trabajado “cada uno de acuerdo a sus habilidades y a sus posibilidades”, hasta terminar algo impensable si no es con la unión de muchas personas por un mismo fin.
Las primeras pruebas de capacidad han permitido que entren unas 14 personas y verlo en vivo da una idea de que “no sería muy cómodo pasar una noche ahí esperando a que los troyanos se durmiesen para abrir la ciudad”, lo que podrán comprobar en primera persona quienes asistan a las jornadas del próximo septiembre, donde Homero y su obra volverán a la vida en mitad de la Sierra Sur de Sevilla.

