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El Treme se estrena en secundaria

Paquito

Los díscolos sobrinos gemelos de Trival­do González y García, alias Tremebundo, empiezan la secundaria este 1.º de sep­tiembre. Quienes siguen las aventuras del Treme —como le dicen sus amistades más cercanas—, recordarán que el año pasado los dos niños estaban en sexto grado y ya le daban a su tío tremendos dolores de cabeza.

Tornado y Tifón, o los TT, así les apo­daban en el barrio por ser tan inquietos, dedicaron la última semana veraniega a los preparativos de ese primer salto largo de su adolescencia. Y la forradera de libros le tocó al Treme, quien se quedó trastor­nado con la cantidad de textos que les die­ron a los TT para séptimo grado. Si esto es ahora, no quiero ver en la universidad, pensó.

En su infancia todo aquel material escolar se forraba con vistosas revistas soviéticas, recordó el Treme con añoran­za, mientras zancajeaba toda la ciudad en busca de cualquier tipo de pliegos de papel o de nailon que desechaban las mipymes más prósperas.

Pero la prueba de fuego fue el trabajo voluntario en la Secundaria Básica que les tocó a los TT. El pobre Treme tuvo que cha­pear una tupida selva de hierba de guinea que no la brincaba un chivo, —literalmente hablando, porque en el verano hubo chivos pastando en la plaza de formación de la es­cuela—. Igualmente con la ayuda de otros padres tuvo que armar, con varias copias de uso, así se dice antes de poner las pelí­culas viejas, todo el mobiliario escolar po­sible de rehabilitar para el aula de Tornado y Tifón.

Es cierto, además, que este año las mo­chilas de los gemelos son las mismas de sex­to grado,
eso sí, camufladas con unos par­ches que las hacen lucir muy a la moda; y que lo de comenzar
las clases con un solo uniforme tiene muy preocupado al Treme, porque conoce bien lo traviesos
que son sus sobrinos. No obstante, nuestro buen Treme finalmente sintió una gran felicidad,
como si él también hubiera empezado la secunda­ria, cuando vio a sus dos muchachones en el acto de inicio del curso escolar, muy oron­dos e impolutos, y hasta le pareció que ya eran un poquito más grandes.

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