
Foto: Tomada de Internet
En agosto ocurre habitualmente un incremento significativo en la formación de organismos ciclónicos tropicales en la cuenca del Atlántico norte, que incluye también al golfo de México y el mar Caribe.
Dicho comportamiento resulta más evidente en el transcurso de la segunda quincena, la que, junto con la primera de septiembre, conforma el llamado pico o etapa de máxima actividad dentro de la temporada ciclónica en nuestra área geográfica de interés.
Con respecto a Cuba, agosto representa el tercer mes de mayor peligro de azote, después de octubre y septiembre.
Si miramos la cronología de huracanes que afectaron al país en el octavo mes del calendario, resaltan, por ejemplo, los casos del Gustav de categoría 4 en la escala Saffir-Simpson, que cruzó sobre la Isla de la Juventud en la tarde del día 30, en 2008, y luego entró en suelo pinareño por un punto de la costa sur del municipio de Los Palacios, causando cuantiosos daños materiales en ambos territorios.
A su paso, la estación meteorológica de Paso Real de San Diego, en Pinar del Río, reportó una impresionante racha de 340 kilómetros por hora, la máxima velocidad de viento medida de manera oficial en el archipiélago cubano.
Destaca, asimismo, el Charley de 2004, cuyo centro penetró por la costa sur de la hoy provincia de Artemisa por las inmediaciones de Punta Cayamas, en el entorno de la medianoche del día 13, como huracán Categoría 3, con vientos máximos sostenidos de 180 kilómetros por hora y rachas superiores a los 200 km/h,
Tuvo la peculiaridad de ser lo que los meteorólogos denominan un huracán “pigmeo”, pues su radio de vientos huracanados fuertes apenas rebasó los 27 kilómetros.
Según el profesor Luis Enrique Ramos Guadalupe, coordinador de la Comisión de Historia de la Sociedad Meteorológica de Cuba, provocó el derribo de alrededor de una decena de torres de transmisión eléctrica que sustentaban líneas de 220 mil Volst y la caída de otro número significativo de torres que cortaron el suministro de energía a la provincia de Pinar del Río.
También, es oportuno mencionar a los célebres huracanes Andrew, en agosto de 1992, y Katrina de 2005, que, si bien no afectaron de manera directa al territorio cubano, ocasionaron desastres de grandes proporciones en el sur de la Florida y en la ciudad estadounidense de Nueva Orleans, respectivamente.
La principal zona de surgimiento de los ciclones tropicales de agosto se localiza en las aguas del Atlántico entre las costas de África y el arco de las Antillas Menores.
Por lo general, suelen moverse con persistencia hacia el oeste y el oestenoroeste, de ahí que algunos logren penetrar en el mar Caribe oriental y desplazarse posteriormente por los mares al sur de Cuba, en dirección a la Península de Yucatán, mientras otros lo hacen cerca o sobre la costa norte de Puerto Rico y República Dominicana, camino a Las Bahamas.
Hasta el primero de agosto solo se han formado las tormentas tropicales Arthur y Bertha, las dos en el golfo de México.
Habrá que ver si los efectos del evento El Niño/Oscilación del Sur (ENOS) ya presente en el Pacífico ecuatorial central y oriental y en proceso de rápida intensificación (de acuerdo con las proyecciones recientes de los modelos, puede alcanzar la condición de muy fuerte en los venideros meses), mantienen la calma ciclónica total observada desde inicio de la temporada en la zona del Atlántico tropical.
Las investigaciones realizadas por especialistas del Centro del Clima del Instituto de Meteorología (Insmet), han corroborado que la presencia del ENOS tiende a deprimir la actividad ciclónica, al reforzar los llamados vientos cortantes en la atmósfera superior (cizalladura vertical), condición que entorpece en buena medida el surgimiento e intensificación de los ciclones tropicales, al impedir que la energía pueda concentrarse en la columna de aire del sistema en la altura.
Imprescindible aclarar que eso no elimina de ninguna manera el riesgo de afectación de al menos un organismo a Cuba.


