Irán. Los EEUU e Israel se preparan para el “golpe final”. Otros desenlaces
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Irán. Los EEUU e Israel se preparan para el “golpe final”. Otros desenlaces

La incapacidad demostrada por Washington y Tel Aviv para doblegar manu militari a Teherán ha quedado patente. La letra y el espíritu del Memorando de Entendimiento rubricado en junio, con el cual se pretendía arribar al cese de las hostilidades, así lo ponía de relieve. Si bien, Israel rehusaba asumir compromiso alguno respecto a los resultados de ese ejercicio diplomático, que tuvo a la diplomacia paquistaní como actor relevante, quedaba por sentado que el estado sionista no podría seguir adelante en su pretensión de poner de rodillas al estado persa, sin el debido respaldo de la Casa Blanca de Trump 2.0.

Si bien Washington violaría lo acordado con nuevos ataques contra objetivos civiles iraníes, reafirmando su esencia criminal, ello tuvo una extensión limitada, ante la combinación de factores de peso, que no se podían soslayar, como resultan las elecciones de medio término, que en esta oportunidad se revela como un acto político de envergadura mayor para el partido republicano y la suerte de la propia Casa Blanca.

Dicho desenlace electoral tendrá lugar en un contexto, en el cual la presidencia Trump ha transitado por un derrotero de marcada censura, de un segmento importante del electorado estadounidense, para quien si bien la situación económica y el costo de vida actuales continúan siendo factores principales, otros temas relativos a la implementación de la política exterior alcanzan magnitud relevante, como lo revela a manera de ejemplo ilustrativo la guerra ilegal contra Irán, a instancias del estado sionista, y sus resultados comprometedores para el Pentágono[ 1]y el propio país.

Al mismo tiempo, continúa pesando como suerte de espada de Damocles el controvertido asunto Epstein, cuya vitalidad ha estado vigente, en la misma medida que ha representado estímulo al desenlace de la crítica por falta de transparencia en su gestión, denunciado por los destacados ex magarepublicanos, Tucker Carlson y la ex congresista Marjorie Taylor Green, figuras clave en el capítulo relevante de la denuncia del trumpismo desde adentro del ámbito de ese partido.

Precisamente, Carlson y Taylor Green han referido en X[2] el plan secreto que Washington y Tel Aviv están impulsando, con el propósito de asestar el golpe militar definitivo contra Irán, a través de las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI), como ejecutor directo, sin que pudiera descartarse algún tipo de apoyo subrepticio estadounidense desde algunas de las instalaciones disponibles en el amplio entorno de Medio Oriente o incluso desde alguna posesión de la OTAN, en el entorno geográfico próximo.

Este asunto es muy grave, no sólo por la posibilidad del hecho en sí mismo, sino por el arsenal bélico contemplado, que ya ha sido puesto a la luz pública. En correspondencia con lo apuntado, la administración Trump está inmersa en el proceso de transferencia al estado sionista de 40,000 bombas Mark 84 y BLU-117 de alto poder explosivo.

Por su parte, la publicación Axios confirmó también que el comandante del Comando Central (CENTCOM), almirante Brad Cooper, sostuvo una reunión secreta en Alemania con el jefe de FDI, general Eyal Zamir, junto con los homólogos de siete países árabes –Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Bahrain, Kuwait, Qatar, Jordania y Egipto, que tuvo como objetivos reafirmar la condición de aliados regionales y coordinar operaciones contra Irán y el movimiento yemení Ansar Allah (houtíes)[3], que integra el denominado Eje de la Resistencia.

Lo anterior corrobora que Washington no cede a su afanoso proyecto de cambio de régimen en la República Islámica de Irán, como componente esencial para preservar su protagonismo como superpotencia en Medio Oriente, respaldando al mismo tiempo a su aliado estratégico Israel.

A lo descrito, se suma la intención de Trump de alcanzar conversaciones “frescas” con Irán, como elemento de distracción real, lo cual ya fue denunciado por el secretario del Consejo de Seguridad Supremo de Irán, Mohsen Rezai, en su cuenta X, el 15 de septiembre, que acompañó una declaración del presidente Masoud Pezeshkian, en el contexto de la 18 cumbre de los BRICS, en Nueva Delhi, quien subrayó que no habrán conversaciones hasta que los EEUU no hayan implementado el Memorando de Entendimiento firmado por los dos países.

Este intento de distracción trumpista, en el ámbito diplomático, queda sin opciones en la misma medida que Teherán se prepara militarmente, no sólo para consolidar una respuesta defensiva más contundente, sino incluso pudiera poner en marcha su anunciada nueva doctrina militar, que sólo dependería de una sólida apreciación de la situación de amenaza bélica contra el país persa, coincidente con lo que analistas independientes destacan de un robustecimiento de los nexos de cooperación en defensa y seguridad con Moscú y Beijing.

Los pasos dados por los EEUU en la dirección de potenciar la agresión militar contra Irán tiene lugar en momentos en que se aprecian movimientos diplomáticos diversos, que sostienen el principio que identifica la relación dialéctica de conflicto-negociación, que ha caracterizado a Medio Oriente, desde la firma de los Acuerdos Sykes-Picot (1916) y la Declaración Balfour (1917) hasta nuestros días, caracterizados hoy por la existencia de alianzas flexibles, como lo tipifica la más reciente movida que condujo a la creación del Pacto de la Meca, entre Arabia Saudí, Türkiye y Pakistán, enfocado en el tema de la defensa mutua.

Otros desenlaces…

Pero también, y no menos importante, aparece con mayor protagonismo el acuerdo tácito logrado entre la administración Trump y Ansar Allah de Yemen, en mayo último, revisitado con la mediación de Omán, que establece garantías de navegación de buques petroleros estadounidenses o con destino hacia superpotencia por el Mar Rojo, a cambio de que los EEUU no retomen los bombardeos que tuvieron contra territorio yemení controlado por la organización que forma parte del Eje de la Resistencia, que abraza a la mayoría de la población de ese país fragmentado, sujeto a la hostilidad saudí, que contempla un bloqueo con grave impacto humanitario reconocido por la ONU.

Esta transacción ha representado la causa real de la negativa de Washington a responder favorablemente al pedido de Riad de apoyo con fuerzas o bombardeos contra las fuerzas de Ansar Allah, que han ampliado el control territorial en Yemen, acechado a las fuerzas saudíes en las zonas fronterizas y dentro del propio reino, cuya arremetida con misiles y drones le han permitido hacerse del control del estrecho de Bab el Mandeb; acción esta que agrava, sin dudas, el tema de los estrechos internacionales bajo control –en este instante– por una potencia regional y una organización político-militar[4], algo inédito, que marca pauta en las relaciones internacionales en pleno siglo XXI. Mientras, el Pentágono mantiene 200 asesores militares en Arabia Saudí y no se ha interrumpido la entrega de pertrechos bélicos.

Mucho más alarmante para Riad resultaban las negativas de los gobiernos egipcio y paquistaní de involucrarse en el socorro militar requerido por las autoridades del Reino, lo que deja por sentado que esas capitales han asumido una posición de “to wait and see”, propia de sus propios compromisos vigentes con Washington, unido sobre todo a la reacción de la superpotencia bajo Trump, que ha negado incluso cualquier tipo de compromiso formal de cuidar de la seguridad del reino, en la magnitud en la cual ha sido solicitada.

Del mismo modo, ha trascendido que Israel ha hecho oídos sordos de las solicitudes saudíes de respaldo de defensa (básicamente, bombardeos). La actitud asumida por ambos actores eleva la sospecha de que Washington y Tel Aviv están priorizando su objetivo estratégico: Irán, por encima de otro de “menos calibre”, atendiendo además a la posible influencia de la no determinación de Riad de asumir la letra de los Acuerdos de Abraham, impulsados por Trump en su primera presidencia.

Como colofón de este momento analizado, tenemos una mirada de la academia estadounidense hacia Medio Oriente, en lo que aprecia definirse como una oportunidad para forjar un nuevo orden en la región, que asume como presupuestos del diseño, lo siguiente: que Irán no puede ser excluida de modo permanente. Israel debe disponer de un espacio dentro del orden, si pone punto final a la ocupación ilegal de Palestina. Los estados del Consejo de Cooperación del Golfo no deberían depender de Washington ad infinitum. Türkiye, Pakistán e Iraq no pueden ser tratados como países periféricos, en suma[5].

Lo arriba anota corresponde al modelo proyectado por el Quincy Institute, titulado como Better Order Project[6], que formula, en síntesis, una nueva estructura de seguridad regional más inclusiva, que como se puede apreciar contempla a Israel y, según el académico Trita Parsi, esta iniciativa permitiría a los EEUU mantener un vínculo activo diplomático y económico, al tiempo que reducir su presencia militar.

No obstante, merece observar, que este u otro proyecto de nueva estructura de arquitectura de seguridad para la región tendrá que tener en cuenta dos previsiones no menos realistas, como son el futuro –y suerte– de la implementación del Memorando de Entendimiento, exigido por Teherán, y los resultados concreto de la disposición de Irán y los países del Consejo de Cooperación del Golfo de avanzar en una negociación amplia, que permita sentar las bases de un acuerdo multilateral entre todas las partes concernidas en ese contexto geopolítico que es Medio Oriente.

[1]     Un informe del Pentágono, emitido en junio de 2026, reconoce que la guerra de Israel y los EEUU contra Irán ha sido muy costosa, así como testigo de la destrucción de las instalaciones militares estadounidenses en Medio Oriente, del mismo modo que ha reducido el parque de municiones. El informe apunta que hasta fines de junio, el costo de la guerra para el Pentágono alcanza los $33.4 billones de dólares, que no contempla el valor de la reparación de alrededor de 20 bases militares estadounidenses que han sido dañadas o destruidas. En paralelo, analistas independientes cifran el monto de los costos en $113 billones de dólares, al cierre de junio. Para ampliar en este tema y otros conexos, consultar a: Cole, Juan (2026). A US Military Debacle Hidden in Plain Sight. Sept. 18, 2026 Savage Minds https://www.savageminds.co
[2]     Ver: Tucker Carlson and Axio leak: Trump´s secret post-midterm Iran plot. Sept. 17, 2026 Russia Truth
[3]     Op. Cit.
[4]     Ansar Allah (Guerreros de Dios), reconocidos coloquialmente como Houtíes, de Yemen, que se comportan como un movimiento de liberación nacional genuino y, contra toda previsión, han alcanzado un canal de comunicación con la administración Trump, desde mayo último, que si bien no constituye un reconocimiento diplomático formal, dicha realidad adquiere una connotación relevante, atendiendo al estado beligerante reinante en ese país árabe, en la misma medida del respaldo ofrecido a la causa palestina y a Irán en el marco del Eje de la Resistencia.
[5]     Ver: Parsi, Trita (2026). Saudi-Yemen conflict: The notion of an ‘American savior’ is dead. Sep. 19, 2026 https://www.subtack.co
[6]     Op. Cit.

(Rodobaldo Isasi Herrera, Investigador del Centro de Investigaciones de Política Internacional -CIPI-)

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