Por si todavía existieran prejuicios con las credenciales artísticas del humor gráfico, Manuel Hernández está contribuyendo desde el pasado jueves a dinamitarlos en el Museo Nacional de Bellas Artes. El Premio Nacional de Artes Plásticas 2024 exhibe en la sala transitoria del Edificio de Arte Cubano la muestra Con doble sentido, que propicia el recorrido por una obra que se inscribe en lo mejor de la tradición cubana del humor… que es tradición de altísimos quilates. Manuel es quizás ahora el más destacado exponente en el país de un movimiento que hace mucho trascendió las páginas de diarios y revistas. Los circuitos más convencionales de socialización del arte hace tiempo le han abierto las puertas y el universo multimedial es campo fértil para sus expresiones.




En esta exhibición confluyen disímiles géneros, formatos y soportes. Del retrato a la viñeta; de la cerámica a la escultura, pasando por la historieta y la ilustración editorial… Pero hay una diáfana columna vertebral: un humor asumido no como chiste fácil, sino como construcción simbólica, de fuertes cimientos, con sólidas referencias y asideros a la cultura universal y al acervo popular cubano. No se busca aquí la carcajada, sino la sonrisa cómplice. Y las marcas del autor son más que evidentes. Él ha establecido un estilo (y una jerarquía) en el humor gráfico cubano contemporáneo. Es un maestro en la más amplia dimensión del término.


