
Matanzas. -El libro transpira añoranza, incomprensión, apego por el antiquísimo oficio, no sin orgullo y hasta dolor, debido al quebranto de una actividad emparentada con los orígenes de la nación cubana.
Resulta un texto atrevido y muy necesario. Su autora, la poeta Maylan Álvarez Rodríguez, lo titula La callada molienda y narra, en esencia, el esplendor e infortunios del sector azucarero en Cuba y los avatares que conllevaron para la industria azucarera y en particular para esos hombres y mujeres con olor a miel (para su familia y todo el batey), la decisión de desmantelar muchos centrales azucareros.
Ese tan controvertible tema, el de la llamada reestructuración de la industria azucarera cubana, es el centro de interés de la obra, recopilación de documentos y entrevistas frutos del oficio de periodista y dedicada labor investigativa de la escritora.
El volumen, mejorado para su segunda edición, se presentó este sábado como parte de la Feria Internacional del Libro en el territorio.
Momentos antes de iniciar su presentación en la casa de las letras Digdora Alonso, Granma conversó con la autora.
«La primera edición fue, como digo yo, el planteamiento de una situación que, aunque si bien es nacional, la escenografía era matancera.
«De algún modo soy partícipe de la historia, conocí el esplendor y la decadencia porque soy natural de Unión de Reyes. Es decir, viví a la sombra de dos centrales, el Juan Ávila y el Puerto Rico Libre»
-¿Cuándo empezó a interesarse por el tema, cuál fue el punto de partida?
– En mi condición de periodista tuve la posibilidad de participar en diversas reuniones con directivos del sector azucarero donde se discutió sobre la implementación paulatina de ese proceso de reestructuración, aunque en realidad en ese momento no imaginé su trascendencia.
«Estaba además la influencia familiar. Mi abuelo trabajó en un taller de mecánica vinculado al sector, pero creo que el punto de partida es quizás más pedestre, y tiene que ver con la poesía.
«Nace de un poema que titulé justamente La callada molienda. Gustó mucho. Me llevó entonces a ahondar en el asunto, pensé en algo así como un ensayo o la compilación de varios testimonios».
-¿De dónde sacó capacidad para involucrarse en una trama tan ruda como la producción azucarera, distante en apariencia de su naturaleza ¿Cómo explicas esa particularidad?
-Muy sencillo. El tema me apasiona. Entre otras razones, conozco a muchos azucareros cincuentenarios de la industria azucarera, y es fascinante hablar con ellos; personas que nacieron y vivieron vinculadas con el azúcar y quedaron sin rumbo cuando se desmanteló buena parte de los centrales».
– ¿Cuál fue su propósito al abordar ese polémico asunto?
-Concebí el libro pensando en las generaciones futuras, algo como para guardar y que la gente vea lo ocurrido como parte de la historia de este sector».
-¿Cómo fue el proceso de selección de los entrevistados, y cuál era su relación con ellos?
-Nada, un día desperté, agarré mi mochila y la grabadora y me fui hasta Calimete a entrevistarme con Reynaldo Castro, legendario machetero. Lo encontré chapeando en el patio y estuvimos conversando por largas horas.
«Este hombre, primer Héroe del Trabajo en Cuba, me ayudó además a contar con un grupo de documentos y actas para fundamentar toda la información. No fue el primer testimonio, pero resultó de los más importantes. A algunos entrevistados ya los conocía y otros fueron sugeridos por amigos y gente del ámbito azucarero».
-¿Recuerdas algún otro de manera especial?
-A Manolo Fuentes, instrumentista del central Juan Ávila. Un hombre muy preciso. No olvido tampoco a un mecánico carismático conocido por Macandó, querido por todos, que había trabajado en el central Smith Comas. Todavía me conmueve, un negro con historial de pelotero. Dicen que doblaba los tornillos con sus propias manos.
«Todos, en fin, con muchas cosas que relatar para entender lo sucedido. Por entonces recorrí más de una docena de ingenios».
– ¿Inconvenientes a los cuales debió sobreponerse?
-Sí, cómo no, en algunas ruinas de ingenios no me dejaron pasar. Los custodios no entendían de razones. En el Cuba Libre, de Pedro Betancourt, llegaron hasta sujetarme por el brazo».
-¿Cuál considera la mayor ganancia de esta segunda edición?
-Bueno, incluir una iconografía abarcadora sobre esta industria y el inventario de locomotoras de Cuba y lo que ha pasado con ellas. El texto cuenta además con reglamentos, decretos ministeriales, procedimientos laborales, programas de capacitación, y objetivos planteados en la Tarea Álvaro Reynoso…
«Tanto o más valioso ha sido disponer de los testimonios de creadores como Ulises Rodríguez Febles, con raíces en el fértil Valle de Guamacaro, y hasta del mismísimo Ercilio Vento, historiador de la ciudad, quien hizo su servicio social como médico en un ingenio azucarero. Son dos exposiciones muy


