EE.UU, 21 jul.- El Departamento de Estado de Estados Unidos publicó este 20 de julio el informe Cuba: The Capital of 21st Century Communism, un documento de alrededor de cien páginas que parece elaborado con Inteligencia Artificial sesgada a la derecha y pretende reconstruir la “historia completa” del espionaje y la subversión cubanos en territorio estadounidense.
Su ambición va mucho más allá de registrar operaciones de inteligencia comprobadas o el apoyo histórico de La Habana a organizaciones armadas. El texto intenta presentar a Cuba como el centro originario de una red que conectaría, a lo largo de 67 años, a guerrillas latinoamericanas, movimientos sociales en Estados Unidos (legales), organizaciones solidarias, universidades, grupos contra las deportaciones, Antifa, Black Lives Matter y el activismo propalestino.
La acusación no es menor. El informe sostiene que una parte considerable del conflicto político al interior de Estados Unidos puede vincularse, de una forma u otra, con la influencia cubana.
Así, problemas nacidos de la segregación racial, la violencia policial, la desigualdad, las guerras, la ocupación de Palestina o la política migratoria estadounidense son reorganizados como capítulos de una ofensiva exterior. Cuba aparece como explicación total; la sociedad estadounidense, como un escenario pasivo donde una potencia extranjera sembró el descontento.
Este análisis parte de dos principios. Primero, una crítica rigurosa no necesita negar los hechos demostrados. Segundo, esos hechos no prueban por sí mismos la conclusión que Washington construye sobre ellos: una operación única, homogénea, dirigida por el Estado cubano y vigente sin cambios desde 1959 hasta 2026.
La pregunta central, por tanto, no es si cada nombre, viaje o acontecimiento mencionado existió. La pregunta es otra: ¿la evidencia presentada permite pasar de hechos particulares a la acusación de una conspiración de alcance histórico y continental? La respuesta que deja el examen del documento es negativa.
El informe comienza con una tesis imposible de probar: Cuba habría desarrollado desde el triunfo revolucionario una guerra integral contra Estados Unidos mediante espionaje, sabotaje, propaganda, organizaciones aliadas, infiltración ideológica y “terrorismo de izquierda”. A partir de ahí, cada capítulo selecciona hechos que intentan encajar en esa conclusión previa.
El procedimiento se repite: se parte de un caso que ha narrado la prensa en cualquier lugar del mundo —un agente condenado, una organización armada, un fugitivo, una visita a La Habana—; después se añaden contactos, afinidades o referencias culturales; esas relaciones se integran en una sola red; la red se atribuye al Estado cubano; y el conjunto se presenta como una amenaza actual para la seguridad nacional estadounidense. Al final, la amenaza sirve para justificar sanciones, vigilancia, restricciones migratorias, investigaciones bajo la Ley de Registro de Agentes Extranjeros y presión diplomática.
El problema está en los puentes que unen cada escalón. La existencia de un caso de infiltración en grupos terroristas de Miami no demuestra que una universidad sea una plataforma de inteligencia. Una visita de un político estadounidense a Cuba no convierte a quien viaja en agente. Citar a una figura cualquiera en La Habana no prueba que un movimiento social reciba órdenes del Gobierno cubano. Defender en Estados Unidos el levantamiento del bloqueo tampoco equivale a participar en una operación clandestina. (Texto y Foto: Cubadebate)
