La saga de Fernando Cerimedo, ya se sabe, el estafador serial de conciencia, continua su inexorable tránsito a convertirse en uno de los obstáculos más formidables, que ahora mismo está enfrentando el entramado extremista de derecha.
En universo mediático en general, usualmente cualquier noticia, no importa lo catastrófica que sea, dura “apenas” 10/15 días, o el tiempo que el propio impacto noticioso lo impone; dígase un problema climático con su secuela, una guerra que no termina, como la de Irán, etc.
Pero el “tema Fernando Cerimedo”, en última instancia apresado como cualquier otro vulgar criminal femenicida, parece convertirse en la noticia del año, al menos para el macro asunto de la política latinoamericana, más bien regional, que incluye a la Desrepublica Federada Estadounidense, “DFE” por sus sigla, también conocida como EEUU.
El escándalo del estafador de conciencia Cerimedo, entró en ese túnel a veces opaco, pero de alto interés periodístico, del sistema judicial boliviano, que implica la “actualización” periódica del proceso, y por tanto, garantiza la vigencia de la noticia. Ni siquiera la liberación del criminal, podría regresar el estado de la opinión pública, al momento en que no era público, su intento de asesinato.
Como se conoce, Cerimedo y sus felonías digitales, exceden con creces el espacio boliviano. El suceso bien pudo haber sido en cualquiera de las republicas latinoamericanas, donde desgobierna la ultra derecha, en calidad de representantes “electos”, para garantizar los intereses de “DFE”, según el diseño de Marco Antonio Rubio García, “el patético”, quien funge como secretario de estado de ese país, y administra la aplicación de la Doctrina Donroe en la región.
Podría asumirse que el trabajo de Cerimedo está prácticamente terminado; claro, el propósito de quienes crearon a este operador digitalizado, era justamente manipular la opinión pública de la región hispano luso parlante, para garantizar una “nueva era” de dominio extremista, al estilo trumpista, en los principales países al sur del Rio Bravo. En ese sentido, es obligado entender el gran objetivo del proyecto, del que Cerimedo es limitadamente un exponente.
En primer lugar que los gobernantes, representantes de Washington en cada capital latinoamericana, sean veladores o trabajen en función de salvar, se reitera, salvar lo que va quedando de la hegemonía imperial, condición sin la cual en perspectiva, la “DFE”, experimentaría el principio del declive inexorable, de su condición de imperio.
Y la perdida de la hegemonía, o el proceso de perdida de esta, conlleva algo concreto, tangible, que se manifiesta desde ahora mismo, referido al paulatino, probablemente también inevitable, desplazamiento de las trasnacionales gringas del continente, que algunos trasnochados, siguen considerando el patio trasero de la “DFE”.
De ahí la chino/ruso fobia del relato de la claque política imperial, que supone un cumulo de contradicciones, dialéctica mediante, según la cual, por ejemplo, la relación chino/estadounidense es indispensable, desde el punto de vista comercial/financiero y al unísono, también inevitable, la confrontación, competencia le dicen.
En este punto, es pertinente revisar cómo le va a la ultra derecha en la región. En primer lugar al trumpismo, en Trumpilandia o “DFE”. La cuestión puede resumirse en pocas palabras, el oficialismo se desmorona a velocidad sideral, como la que alcanzan los “juguetes” bélicos de bajo costo, conque los persas recién derrotaron al imperio, ya nadie lo discute, en Asía Occidental.
De cara a las elecciones de medio tiempo en la “DEF”, especie de referéndum como ya se ha dicho, todas las encuestas que miden la popularidad de Trump, muestran que el tipo no ha logrado superar el 35% de simpatía, desde hace no menos de 3 o 4 meses a la fecha.
Alguien podría suponer que bueno, el creciente rechazo al inquilino de la Casa Blanca lo afecta exclusivamente, y no necesariamente a todos los republicanos. Pero el asunto es que, tal y como este partido armó lo que en el 2024 fue la victoria electoral, basada casi únicamente en la popularidad de Trump, pues está clara la ecuación, la caída de este, arrastrará en una magnitud por ver, al resto del conglomerado republicano.
Y a los discípulos trumpistas en la región, tampoco les va nada bien. Hay un asunto que tiene que ver, desde luego, con las peculiaridades del sistema “democrático” burgués, es decir la famosa contradicción expresada, en lo que los políticos de derecha ofrecen en campaña electoral, y lo que realmente hacen después.
Hasta Cerimedo, por solo mencionar un ejemplo palpable, el sistema había logrado encubrir esa falacia; culpando más o menos exitosamente a terceros de los fracasos, como sucede en la “DFE” con los inmigrantes, manejando un relato diseñado para genera algún tipo de consenso social, y debe convenirse, que muchas veces les fue bien.
Con la irrupción de las redes sociales digitales, en teoría esto supuso cierto grado, inexistente antes, de democratización del acceso a la noticia verídica. Como nunca antes, las canalladas de un gobierno eran públicas en tiempo real, con mayor o menor alcance, gracias a miles de fotógrafos improvisados, celulares mediantes, y generadores espontáneos de contenido.
Desde luego semejante “relajo” mediático, que cuestionaba todo el armado comunicacional de dominación, rápidamente fue contenido gracias a la “magia” del algoritmo, en definitiva controlado por los dueños de estos sistemas y plataformas, básicamente la plutocracia estadounidense.
Y aquí aparece Cerimedo, como objeto de estudio. En sí mismo, muestra hasta donde el desarrollo tecnológico otra vez, una vez más, se utiliza para mantener el sistema de dominación ideológico en el mundo, en particular en América Latina.
Hay otra evidencia. Se puede observar una relación directamente proporcional, entre la necesidad de un proyecto en modo Cerimedo, con otra realidad indiscutible: los líderes políticos de extrema derecha en la región, reúnen una misma y catastrófica condición: son impresentables, según las tradicionales maneras “decentes” de comportarse.
No se trata de individuos necesariamente locos, depravados, que también lo son, como es el caso de Donald Trump y su pedofilia, no, es que el rol del ultra derechista promedio es hacer creer a la muchedumbre, obstinada y defraudada por el sistema capitalista, que con mayor dosis de este último, se podrán salvar.
Y la mejor manera de lograr eso, es ser como se dice, políticamente incorrecto, que suele confundirse con ser vocalmente violento, con un permanente “enfado” fingido, cínicos, especialmente corruptos, en rigor, descarados, simplemente, no hay que darle tantas vueltas en definitiva, a la descripción de estos espécimen.
El líder ultraderechista termina siendo presa de su propia lógica y de los reales, impresentables, propósitos de su gestión. De acalorado, seudo apasionado defensor de los “humildes”, todo lo que hace, cualquier de sus decisiones en materia socio económica, política, cultural, etc, termina por impactar y afectar aún más a los pobres, a los muy pobres, y lo que es políticamente desafiante, al grueso de la clase media.
El empobrecimiento generalizado de una sociedad entera, bajo el mando de la ultra derecha no es nada extraño; en definitiva, como se mencionó, es ser lo más capitalista en extremo, que se traduce en una política dirija a la mayor concentración de la riqueza, de la que se tenga noticias hasta la fecha. Cualquier duda, pueden consultarse los datos públicos, sobre la riqueza de Elon Musk, primer trimillonario en la historia de la humanidad.
La deriva cataclismica de la gestión de Milei, que su histrionismo vergonzante intenta solapar, expone con meridiana claridad, cómo se ha degradado la sociedad argentina. Véase el sostenido y geométrico deterioro del salario promedio y el congelamiento de las jubilaciones, todo lo cual contradice los datos inflacionarios oficiales mejorados, alguien dice que maquillados; impresionante aumento de la deuda externa, que hipotecó a varias generaciones futuras, solo para evitar un derrumbe del valor del dólar, que haría obvio, evidente hasta para un débil visual mileista, el desastre de la política económica.
Emulando a Trump, existe un consenso en las encuestas que apuntan a que Milei arribará al convite electoral del próximo año, con una popularidad que no rebasa tampoco el 35%; algo que garantizaría su derrota en la primera vuelta.
En paralelo, con pocas semanas de gestión, los otros ultraderechistas que gerencian la Doctrina Donroe, como el ciudadano estadounidense presidente de Colombia, o el nieto fascista de un abuelo fascista, que conduce el gobierno en Chile, ya exhiben crecientes niveles de rechazo; lo mismo con el “mandatario” con sede en Tegucigalpa, o la señora de lejano origen asiático que “dirige” los destinos incaicos en Lima.
En ese contexto, hay que volver a mencionar a Cerimedo. Bastante se ha publicado sobre sus sistemas de manipulación de la opinión pública, las famosas granjas de bost, del engendro Diario Derecha, y sus sucursales en la región, de su articulación con la mafia de origen cubano del sur de la Florida, por tanto con Marco Antonio Rubio García, “el patético”.
En la medida que transcurre el melodrama Cerimedo, aparecen las costuras de los ilustres líderes extremistas, incluida la cuota que le toca al mismísimo Trump. La virtud del escándalo es que lo que hasta el momento era trabajosamente oculto, ya se ventila todos los días, como un serial, cuyo último capítulo anuncia que el siguiente será más interesante, si se le comparará con una novela de terror.
Entonces las expectativas son obvias. Sin el proyecto Cerimedo funcionando, o casi sin funcionar, porque en política nada es absoluto nunca, emerge la pregunta ¿a qué lavandería podrá recurrir la ultra derecha continental? para encubrir sus trapos sucios; ¿cómo lidiar con la evidencia, que la popularidad de estos nunca existió realmente?, ni siquiera para ganar limpiamente unas elecciones.
Todo el circo está cuestionado, y no por los logros del progresismo o la izquierda, asunto que merece su propio y urgente análisis, sino por los colosales errores que los Cerimedos cometen, y que ocasionalmente salen a relucir, a veces como ahora, con una fuerza telúrica.
Francamente, la situación, al menos en este universo mediático digital, no había sido tan adversa para la ultra derecha regional; hay hasta quien compara a Cerimedo con el inefable Epstein, el de los archivos, celosamente administrados por el FBI en la “DFE”, y que permite preguntarse dónde está la mano del sionismo, en la trama conducida por el feminicida preso en La Paz.
Los adversarios del sistema, los que se consideran post capitalistas, lo que sea que eso significa, tienen una ventana de oportunidad inesperada, que tal vez no se repita porque al fin y al cabo, el imperio, con todo y lo que se sabe, hasta ahora ha dado sobradas muestras de reponerse a sus contradicciones estructurales. ¡Es ahora, no mañana!
