Con el misticismo y la complicidad que solo la «Villa Blanca» sabe regalar, quedó inaugurada de manera oficial la vigésima edición del Festival Internacional de Cine Pobre de Gibara.
Un colorido pasacalle que inundó las principales arterias de la ciudad dio inicio a una de las citas culturales más auténticas del oriente cubano, reafirmando que, tras dos décadas de historia, el estrecho vínculo entre el séptimo arte y la comunidad gibareña sigue más vivo que nunca.


La ceremonia de apertura, celebrada en el Parque Central de la urbe costera, estuvo presidida por Sergio Benvenuto Solás, director del certamen, quien durante sus palabras de bienvenida, destacó la consolidación de este Festival como un baluarte indispensable para el intercambio cultural y la exhibición de un cine alternativo, inteligente y de gran valor estético.
El broche de oro de la noche inaugural tuvo lugar frente al emblemático cine Jibá. Allí, sobre una gran pantalla inflable y bajo el cielo gibareño, se proyectó el largometraje de ficción en concurso «Neurótica Anónima», bajo la dirección de Jorge Perugorría, con Mirtha Ibarra como protagonista.

La obra adentra al espectador en la realidad social cubana a través de la mirada de una mujer de la tercera edad. Su sueño es realizar un documental sobre la progresiva desaparición de los cines de barrio en La Habana, una metáfora perfecta sobre la resistencia del propio cine.
Con esta proyección comenzó una intensa programación cinematográfica y artística que reúne a creadores de cerca de 20 naciones de América Latina, Europa, el Caribe y Asia Central.
Fundado por el célebre realizador cubano Humberto Solás, el Festival Internacional de Cine Pobre de Gibara se ratifica hoy como un espacio de resistencia cultural e integración social. La jornada de este miércoles despliega un amplio programa que vincula el debate teórico, las artes plásticas, la música y el debate comunitario.
Las salas de proyección del Museo Municipal abrieron sus puertas desde temprano para presentar las obras en competencia. Entre las propuestas más esperadas de la jornada destacan «Te doy mi voz» (Cortometraje, Cuba) —Dirigido por María Karla Recio— y «El VIH se enamoró de mí» (Documental, Colombia-Argentina) —Co-dirigido por Mariana Iacono y Juan De La Mar—.
La Casa de la Cultura acogió la apertura de la muestra «Centenario de Alfredo Guevara. Homenaje en carteles», una iniciativa auspiciada por el proyecto CartelON, que rinde tributo a una de las figuras cumbres del cine revolucionario.
Asimismo, el pensamiento social y el futuro de la región se dieron cita en el panel teórico «Rodaje comunitario: Codiseñando el turismo que Gibara merece». En este espacio, especialistas locales debatieron sobre estrategias de desarrollo sociocultural sostenible para el municipio.
La tarde reserva un espacio de lujo para los amantes del deporte y la identidad nacional en el Museo Municipal con la exhibición del documental «Mijaín», de los realizadores Rolando Almirante, Ángel Alderete y Héctor Villar, un emotivo homenaje al pentacampeón olímpico cubano Mijaín López.
Las artes visuales también conquistan nuevos espacios hoteleros de la villa. El Hotel Arsenita acoge la exposición «Mareas», de las artistas Laura I. Millán y Katerín Machín y el Hotel Ordoño estará inaugurando la muestra colectiva «Crónicas estampadas».
Al caer la noche, las pantallas al aire libre se encenderán simultáneamente en el Parque Calixto García, la Casa de la Cultura y el Ranchón Juvenil El Güirito, democratizando el acceso a lo mejor del panorama cinematográfico internacional.
Para cerrar esta jornada de confluencia artística, la Plaza Da Silva vibrará con la trova de Laynier Verdecia y Camilo de la Peña, seguidos por el ritmo bailable de la reconocida orquesta Ases del Ritmo. Gibara, una vez más, demuestra que el cine no es solo para contemplar, sino para vivirse en comunidad.
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