CIA intensifica operaciones contra Rusia bajo Ratcliffe mientras Trump exige a Zelenski detener los ataques
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CIA intensifica operaciones contra Rusia bajo Ratcliffe mientras Trump exige a Zelenski detener los ataques

CIA intensifica operaciones contra Rusia bajo Ratcliffe mientras Trump exige a Zelenski detener los ataques

Donald Trump y John Ratcliffe en el Despacho Oval © Instagram / @ciadirector
Donald Trump y John Ratcliffe en el Despacho Oval Foto © Instagram / @ciadirector

La CIA ha intensificado sus operaciones de inteligencia contra Rusia y mantiene un apoyo decisivo a Ucrania, mientras Donald Trump presiona a Volodimir Zelenski para que detenga los ataques contra las refinerías rusas, en una contradicción cada vez más pronunciada entre la actividad de los servicios secretos estadounidenses y las decisiones de la Casa Blanca.

Un reportaje publicado el viernes 23 de octubre por The Atlantic, firmado por el periodista Shane Harris, describe cómo el director de la CIA, John Ratcliffe, dirige una agencia que contribuye a debilitar la capacidad militar y económica de Moscú, mientras Trump busca acuerdos con Vladimir Putin y acusa a Zelenski de prolongar la guerra.

Según la investigación, la inteligencia estadounidense sigue proporcionando a Ucrania información utilizada para ejecutar ataques en profundidad contra territorio ruso. Sus satélites también permiten detectar anticipadamente el lanzamiento de misiles y drones, una capacidad fundamental para la defensa de las ciudades ucranianas.

Un antiguo alto funcionario de inteligencia que viaja frecuentemente a Ucrania aseguró a Harris que, entre el personal estadounidense desplegado sobre el terreno, «la CIA lleva la iniciativa».

Un funcionario de inteligencia de un país báltico, que coopera estrechamente con Washington para contrarrestar la influencia rusa, afirmó que las operaciones de la agencia son actualmente «mucho más agresivas» que durante la administración de Joe Biden.

La paradoja es que esa intensificación coincide con una política presidencial que busca limitar precisamente algunas de las operaciones ucranianas más eficaces contra Rusia.

La CIA ayuda a debilitar la economía rusa mientras Trump exige detener los ataques

Los bombardeos ucranianos contra refinerías y otras instalaciones petroleras rusas se han convertido en uno de los instrumentos más efectivos de presión económica sobre el Kremlin.

Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), durante los primeros ocho meses de 2026 las refinerías rusas recibieron, como promedio, un ataque cada tres días.

La campaña ha reducido la capacidad de refinación, provocado escasez de combustibles y obligado a Moscú a restringir exportaciones para garantizar el abastecimiento interno. La producción rusa de diésel llegó a caer cerca de un 30% respecto a los niveles anteriores.

Para Kiev, golpear la infraestructura energética rusa significa reducir los ingresos y suministros que contribuyen a sostener la maquinaria militar de Putin.

Para Trump, sin embargo, esos ataques se han convertido en un problema político y económico.

El presidente estadounidense atribuye parte del encarecimiento internacional del combustible a los daños causados por Ucrania, aunque la guerra con Irán y las interrupciones del tráfico por el estrecho de Ormuz también han afectado gravemente al mercado energético mundial.

Según Axios, Trump había solicitado en repetidas ocasiones a Zelenski que suspendiera los ataques contra las refinerías rusas. Ante la negativa de Kiev a detenerlos unilateralmente, la administración estadounidense amenazó con restringir el suministro de inteligencia y el mecanismo de adquisición de armamento norteamericano financiado por aliados europeos.

Zelenski confirmó posteriormente que sus generales habían recibido advertencias sobre una posible interrupción de la cooperación de inteligencia.

Washington amenaza así con retirar a Ucrania una herramienta fundamental para su defensa y sus operaciones militares, mientras la CIA continúa proporcionando información que ayuda a contrarrestar la ofensiva rusa.

Trump ofrece a Putin un acuerdo petrolero mientras sus espías combaten su estrategia

La contradicción se agudizó el pasado 9 de octubre, cuando Trump anunció un acuerdo con Putin para facilitar el suministro de millones de toneladas de diésel ruso a los mercados internacionales y estadounidenses.

El Departamento del Tesoro acompañó el anuncio con una autorización que flexibilizó determinadas sanciones sobre las operaciones con ese combustible.

La decisión sorprendió a los negociadores ucranianos y europeos que participaban en conversaciones de paz con representantes estadounidenses en Miami, según fuentes consultadas por The Atlantic.

Algunos asesores de Trump le habían recomendado evitar nuevas concesiones a Putin sin obtener compromisos concretos para detener la guerra. Sin embargo, Moscú no ofreció ninguna contrapartida equivalente.

La comunidad de inteligencia estadounidense mantiene, desde hace años, una evaluación diferente de la que parece orientar algunos movimientos del presidente: Putin continúa la guerra porque considera que puede ganarla, ya sea mediante una victoria militar o agotando la disposición de Occidente a sostener a Ucrania.

Según Harris, esa convicción también explica la intensificación de las operaciones híbridas rusas contra Europa, que incluyen sabotajes, interferencias en las comunicaciones y provocaciones con drones contra defensas de la OTAN.

Mientras tanto, Trump ha endurecido sus críticas personales a Zelenski.

En declaraciones recientes a Newsmax, lo calificó de dirigente «más difícil de tratar» que Putin, lo acusó de prolongar el conflicto y pidió a los ucranianos que eligieran un nuevo presidente.

Ratcliffe viajó secretamente a Moscú para transmitir un mensaje a los servicios rusos

El director de la CIA ocupa una posición singular dentro de esa política contradictoria.

Según The Atlantic, Ratcliffe es uno de los asesores más cercanos a Trump y participa habitualmente en las decisiones de seguridad nacional. Al mismo tiempo, funcionarios estadounidenses y europeos lo consideran consciente de la amenaza que Rusia representa para Ucrania y sus aliados.

En agosto, Ratcliffe realizó un viaje reservado a Moscú, donde se reunió con dirigentes de los servicios de inteligencia rusos.

El objetivo, según fuentes familiarizadas con el encuentro, fue transmitir la evaluación estadounidense sobre la evolución de la guerra: Rusia no había conseguido avances decisivos, pero Ucrania tampoco había logrado expulsar a las fuerzas invasoras de su territorio.

La visita se desarrolló mediante un canal discreto de comunicación entre servicios de inteligencia, conocido informalmente como the channel, que permite a Washington y Moscú intercambiar mensajes fuera de las negociaciones diplomáticas convencionales.

Ratcliffe no se reunió con Putin, pero sus interlocutores rusos debían transmitir el contenido de las conversaciones a sus superiores.

El propósito era que el Kremlin recibiera directamente una evaluación sobre el estancamiento del conflicto, sin depender exclusivamente de los informes que el entorno del presidente ruso pudiera proporcionarle.

En septiembre, Ratcliffe informó a Zelenski sobre su viaje a Moscú durante un encuentro en Irlanda, cuando sus respectivos aviones coincidieron en una escala para reabastecimiento de combustible.

Un alto funcionario de inteligencia ucraniano citado por Harris elogió la profesionalidad de los agentes estadounidenses desplegados en su país y expresó confianza en la capacidad de Ratcliffe para transmitir a Trump una evaluación realista de la guerra.

El límite de Ratcliffe: la última palabra la tiene Trump

La posición del director de la CIA no implica que esté dispuesto a enfrentarse al presidente.

Los funcionarios consultados por The Atlantic consideran que Ratcliffe entiende su función como la de proporcionar información y evaluar las consecuencias de las decisiones, no determinar la política exterior.

Si Trump ordenara suspender la cooperación de inteligencia con Ucrania, el director cumpliría la instrucción, incluso si dentro de la agencia existieran reservas sobre sus consecuencias.

La amenaza no es abstracta.

En octubre, durante nuevos ataques rusos contra Kiev, autoridades ucranianas denunciaron interrupciones en los sistemas de alerta temprana que dificultaron la detección de algunos misiles.

Fuentes consultadas por Harris señalaron que parte de esos problemas pudo obedecer a fallos técnicos, aunque también surgieron sospechas sobre posibles restricciones de la asistencia estadounidense.

Trump aseguró posteriormente que Washington seguía compartiendo inteligencia con Ucrania. No se ha confirmado una suspensión general de esa cooperación.

El episodio ilustra la dependencia ucraniana de capacidades estadounidenses que el presidente puede limitar por decisión política.

La CIA de Ratcliffe continúa contribuyendo a que Ucrania resista y golpee objetivos rusos, mientras Trump intenta detener esos ataques, flexibiliza sanciones energéticas a Moscú y presiona a Zelenski para aceptar sus condiciones de negociación.

Por ahora, ambas líneas de actuación coexisten dentro de una misma administración.

La continuidad de la primera depende de un presidente cuyas decisiones recientes han favorecido un acercamiento económico a Putin, precisamente cuando los servicios de inteligencia estadounidenses consideran que Rusia sigue apostando por prolongar la guerra hasta agotar a Ucrania y sus aliados.

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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.


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