Más allá de justificadas razones para descreer de las redes sociales, a veces se encuentran informaciones que muestran la ingeniosidad de algunos usuarios, y si el tema es político, puede hasta disfrutarse de ciertos enfoques, ya sea por el contenido, como por la forma de exponerlo.
Es el caso de una suerte de comparación, ampliamente distribuida, entre el rey francés, Carlos X, en especifico como transcurrió su gobierno o reinado (1824-1830), y lo que está pasando con la administración Trump, como dicen, un tipo con complejo de rey o emperador, pero que desde luego no lo es, porque cualquier atisbo de monarquía fue revolucionariamente abolido, en lo que hoy ha derivado en la Desrepública Federativa Estadounidense, DFE (EEUU).
Carlos X (Décimo), con nombre de pila, Charles-Philippe de France, nació en Versalles en 1757, perteneciente a la dinastía Borbón. Hermano menor del decapitado Luis XVI, escapó de semejante desenlace, exiliándose al comienzo de la revolución francesa (1789). Para entonces se dedicó a promover proyectos de restauración de la monarquía en su país, es decir, a favor de recuperar el poder en algún momento. Pasó el tiempo, pasó, y con la derrota de Napoleon I, se produce la llamada Restauración Borbónica, con el reinado de Luis XVIII, otro hermano de Charles- Philippe; al morir el número 18 de los Luises, en 1824, agarró el trono este último, convirtiéndose en Carlos X.
Salvando las distancias con lo que hoy ocurre, el tal Carlos X reinó aplicando parámetros, estilos e incluso políticas, que bien se asemejan a las de Trump, aunque lo más interesante de esta historia es la forma en que Carlos Décimo terminó su reinado, ya se verá.
Hay al menos cuatro grandes asuntos que semejan a Trump, es decir, su presidencia, con la del francés, el hermano del decapitado.
1-Interferencia en los procesos electorales. Empezar por aclarar que el reinado de Carlos X fue bajo la modalidad de monarquía parlamentaria; y cuando asumió, doscientos años exactos, antes que Trump, el partido monárquico (pro Carlos), detentaba la mayoría del parlamento galo, igual que Trump, con su Partido Republicano.
Las circunstancias que se abordan abajo, explican como esa mayoría se perdió a favor de los llamados liberales, anti monárquicos, en un proceso electoral en 1830. Cuando su partido perdió abrumadoramente, el rey Carlos X aplicó las llamadas Cuatro Ordenanzas, por caso: restringió la libertad de prensa, disolvió la Cámara recién electa, modificó las reglas electorales y convocó nuevas elecciones.
Tras su derrota en el 2020, Trump ha mantenido un relato que insiste en un “fraude electoral masivo”, buscando deslegitimar de antemano cualquier desenlace que no le favorezca, poniendo en entredicho el sistema electoral estadounidense en general; para ello, apela a cualquier tipo de argucias, con énfasis en el supuesto que los inmigrantes no ciudadanos suelen votar, algo que nunca ha podido probar.
En este momento constituye una razonable preocupación, qué piensa hacer Trump, si los republicanos son barridos este 3 de noviembre; incluso aunque no prosperó, el mandatario intentó “federalizar” el proceso electoral, con la intención de manipularlo, a pesar de que la constitución estadounidense establece que es de gestión exclusiva de los estados. Algunos legisladores demócratas iniciaron un proceso de demanda ante un juez federal para salirle al paso a cualquier maniobra que desconozca los resultados, incluido evitar la eliminación de votantes legítimos. Así está el panorama en estos minutos.
2- También Carlos X inició una guerra extra continental, en 1830, invadiendo Argelia. En una acción relámpago, logra ocupar Argel de inmediato, dada la superioridad militar de los invasores, pero luego se empantanó, situación que se prolongó hasta el siglo XX, cuando los franceses fueron expulsados de allí. Este conflicto supuso una sangría permanente, para el erario público y en hombres sacrificados, por lo cual, rápidamente generó un creciente rechazo entre los franceses. Los historiadores destacan que uno de los motivos para esta guerra fue tratar de solapar serios problemas domésticos; por las dudas, no se aclara si eran vinculados a escándalos de pedofilia.
Salta a la vista la comparación con el fiasco de Trump en Irán, incluido lo de tratar de tapar problemas domésticos, ya se sabe. Aunque en este caso, es peor para el mandatario estadounidense, porque en apenas 20 días, el poderosísimo ejército imperial fue virtualmente derrotado. Y ni se hable de sus efectos, cierre del Estrecho de Ormuz mediante, impacto en la economía en la DFE, y resto del mundo, y quizás lo más relevante: la debacle ante los persas pone en evidencia hasta que punto está desafiada la hegemonía imperial.
3-La situación socio económica. Carlos X no tuvo mucha suerte con problemas que, eventualmente no son de su responsabilidad, como la crisis del sector agrícola, incluida la hambruna que provocó sucesivas malas cosechas, lo cual estimuló más inflación alimentaria, caída del poder adquisitivo general y con ello una eventual parálisis del proceso de industrialización, es decir, el caldo de cultivo para el amplio rechazo que enfrenta Carlos X en las elecciones parlamentarias de 1830.
Respecto a la situación de Trump, concurren muchas razones para esta equiparación, aunque no haya hambruna en la DFE, si hay un empobrecimiento relativo de la mayoría de la población, basta conque se elevara el precio del combustible y su correspondiente consecuencia en cascada para que se generalice el malestar. Súmele el incremento de la inflación (asociada también a lo anterior y los aranceles), aumento de las tasas de interés (inmobiliarias, sobre todo), deuda disparada, déficit fiscal también por la nubes; ya se ha dicho, el “Carlos X” del siglo XXI, tiene su propia tormenta perfecta.
También hay una sorprendente similitud, desde el punto ideológico, claro, salvando las enormes distancias que suponen 2 siglos de diferencia. Tanto Carlos X como Trump hablan de “rescatar” al país, que vuelva a ser como lo fue 30 años atrás, la consigna “Hacer America Grande Otra Vez” (MAGA) y una especie de Redonder á la France grandeur (RLFG), en la versión en francés de Charles-Philippe, que asume la corona con la nostalgia de lo que en definitiva terminó en la situación, cuando decapitaron a su hermano mayor, el Luis número 16.
Esto último es fundamental de entender porque, al fin y al cabo, tales ideologías, que absurdamente niegan la dialéctica de los acontecimientos y de la propia historia, en determinado momento entran en irremediable conflicto con la realidad.
En sentido figurado, en el trumpismo, hay mucho del pensamiento “restaurador” de Carlos X, a saber, reaccionarios, super conservadores, retrógrados con tendencia al fanatismo irracional; Incluso ambos gobernantes han privilegiado la lealtad sobre la experticia, respecto a su equipo de colaboradores, otro aspecto de la subjetividad política que los iguala. Vaya, que Carlos Décimo era la expresión de la ultra derecha “trumpista” de su época.
En cuanto a Trump, como se conoce, este prometió reindustrializar el país, de ahí sus famosos aranceles, explicando que lo hacía para que los trabajadores estadounidenses y el país en general, recuperaran “su grandeza”, y así confundió a mucha gente y se inventó su propia corriente política (MAGA). En realidad el objetivo de Trump pasa por otro lado: tratar de evitar la inexorable caída del Imperio, importan poco o nada sus obreros y trabajadores.
De manera que la promesa trumpista, en primer lugar choca con un mundo diferente al que existía hace 30 o 40 años; neoliberalismo mediante, las trasnacionales estadounidense (los dueños de la DFE), se fueron a donde había más plusvalía, y una vez consumada la mudanza, ¿cómo volver atrás semejante proceso internacional? Bien se dice que son esas corporaciones, actuando como tales, las peores enemigas de los EEUU, responsables que se convirtieran en lo que son hoy, la DFE.
En este tema en particular aparece otra curiosidad. Como se apuntó, también Carlos X enfrentó cierta dinámica desindustrializadora o más bien, una crisis en el proceso de desarrollo industrial de ese entonces, y se afirma que el monarca no entendía “las nuevas” formas de producción. Por la razones que sea, esta problemática generó un aumento del desempleo y el desamparo, sobre todo en las principales ciudades, en particular en París. Se puede ir ahora mismo a Detroit, por ejemplo, y posiblemente se encuentre el mismo clima. Y con la robotización y las IA, pues, abrochense los cinturones, que esto apenas comienza.
Se podría comparar la debacle trumpista con cualquier otro personaje que le precedió, en cualquier otro lugar del mundo. Pero ciertamente las similitudes con Carlos Décimo son significativas y en especial, porque es la suerte que corrió Charles-Philippe de France, donde está la principal enseñanza para Trump y su grupo y claro no solo para ellos.
Pues sí, Carlos X, como se vio, desconoció las elecciones, en medio de un desastre socio económico y también se peleó con la prensa, por cierto lo que ahora hace Trump, faltaba por mencionar esa otra semejanza. El monarca francés además, pensó que podía exigirle al común que desconocieran la historia, en especial la francesa, cuyo pueblo había tomado la Bastilla, es decir, 40 años atrás hicieron la revolución más radical y profunda para su tiempo.
Así las cosas, Carlos X debió enfrentar una autentica sublevación popular, “a la francesa”, y entonces, aunque no lo decapitaron, eran otros tiempos, igual fue destituido y con ello, se instaló un período de extrema volatilidad institucional, convulso, oscilando entre restauraciones monárquicas y republicanas, derivando en 1871, en la icónica Comuna de París, primer intento en la historia de la humanidad, de toma del poder por parte del movimiento obrero.
En un contexto, en que hay otras revueltas populares en Francia, pues las redes sociales, es fácil entender, han reaccionado con esta fascinante comparación, especialmente destacando el desenlace de Charles-Phillipe de France, convertido en efímero rey, expulsado del poder por la fuerza de las masas populares. No está claro, si ese será el futuro de Trump, en todo caso es de esperar que la institucionalidad estadounidense todavía funcione, más allá de los intentos del trumpismo por obviarla, y eviten una solución más peligrosa para el sistema.
El filósofo Hegel decía con sus palabras que la historia se repite, primero como tragedia y después como comedia. En el caso de Carlos X- Donald Trump, más bien le pega lo que escribió el psicoanalista Theodor Reik, en su ensayo “Los Inaccesibles”, por allá por 1965, dice: “Se ha dicho que la historia se repite. Esto quizás no es del todo correcto; simplemente rima”; haciendo un parangón, entre los acontecimientos y el encadenamiento rítmico de las estrofas en un buen poema.
Pregunta para los comentarios, ¿acaso la deriva trumpista mostrará que en efecto, la historia “rima” en EEUU? O si se prefiere, se repite como comedia. Solo el pueblo estadounidense puede responder este enigma. Por ahora ya tienen su propio movimiento eventualmente organizado, No King (no rey) ¡mucha casualidad el título!, tal vez ya las cosas están rimando. El mundo contempla expectante.

