
Foto: Ortelio González Martínez
Cuando en una zona de defensa del reparto Pedro Martínez Brito, al oeste de la ciudad de Ciego de Ávila, cientos de avileños se movilizaron para enfrentar una Operación de Eliminación o Extracción por parte de un enemigo, cada hombre y cada mujer que se echó el fusil al hombro sabían perfectamente contra quién estaban. Y bien sabe el pueblo de qué enemigo se trata. No hace falta nombrarlo.
Fue un ejercicio real: la lucha contra una operación de eliminación o extracción. El enemigo —el de siempre, el que no descansa— intentaría penetrar, aislar, extraer o eliminar objetivos. Y la respuesta fue la de un pueblo organizado, el que desde hace décadas aprendió que la defensa no es asunto exclusivo de uniformados.
Los protagonistas fueron los pobladores de una zona de defensa del reparto Pedro Martínez Brito, al oeste de la ciudad: obreros, amas de casa, estudiantes, jubilados, campesinos. Todos con un papel asignado y todos conscientes de que ese papel, llegado el momento, no admite improvisaciones.
Actuaron los medios de la zona de defensa. Las Brigadas de Producción y Defensa, armadas y no armadas, entraron en movimiento. Los diferentes grupos y subgrupos de la zona de defensa del oeste de la ciudad ocuparon sus posiciones con la precisión que da el entrenamiento sistemático. La población, en su conjunto, participó en este ejercicio defensivo territorial contra una posible invasión del enemigo.
Si hubo algún teatro fue el de operaciones. La comunicación fluyó por los canales establecidos. Los puestos médicos se activaron. El abastecimiento se organizó con lo que había. Y cuando llegó el momento de enfrentar la penetración enemiga, las fuerzas de la zona de defensa demostraron que el mapa de la Patria no se defiende solo desde las fronteras, sino desde cada cuadra, desde cada casa, desde cada trinchera de hormigón y de conciencia.
Se señalaron algunas deficiencias —porque las hay y no se ocultan— y se trazaron medidas para corregirlas. Pero lo fundamental quedó demostrado: el barrio está listo. Los avileños del oeste de la capital saben que la tranquilidad de hoy se construye con la preparación de siempre. Y que el enemigo —ese que todos conocen, aunque no se nombre— no encontrará aquí tierra blanda.
Hoy demostraron que, cuando la Patria llama, el barrio responde. Porque siempre estar preparados para la defensa de la Patria no es una consigna de cartel: es una práctica cotidiana que, en Ciego de Ávila, como en todo el país, se toma muy en serio.

