Cámara Viva captó la imagen que cada mañana se repite en la calle América, justo al fondo del Pre: una larga cola de triciclos espera pasajeros mientras, a pocos metros, decenas de personas miran el reloj anhelando otras soluciones. La escena revela una contradicción evidente: hay oferta y hay demanda, pero el precio las mantiene divorciadas. Cuando el pasaje a Peñas Altas cuesta 250 pesos y el salario promedio del trabajador matancero es de apenas 236 por día, el transporte deja de ser un servicio para convertirse en un lujo que muchos no pueden permitirse.
El resultado es que los triciclos permanecen medio vacíos, hacen pocos viajes diarios. Y los posibles pasajeros se convierten en caminantes por la ciudad o aguardan con paciencia por los escasos vehículos de Taxis Cuba, un ómnibus arrendado o, simplemente, no viajar, pues la generosidad de los carros estatales de parar y trasladar a quien va hacia su misma ruta es casi nula.
El contexto económico ha cambiado desde que se acordaron las tarifas actuales en el mes de junio. La gasolina ha reducido su precio en más del 50 %, lo que representa un alivio real en los costos operativos de los triciclistas. Se han sumado triciclos eléctricos e híbridos, y la mayoría se sirve de paneles solares. Sin embargo, las tarifas no se han movido ni un peso. Es cierto que los choferes deben reunir para comprar una nueva batería y así mantener su negocio, que los precios de los alimentos han subido (el aceite, el pollo, el picadillo, el huevo) y el chofer también tiene que comprar para su familia. Pero la clave está en entender que un precio más bajo puede traducirse en más pasajeros y más viajes al día, compensando con volumen lo que se pierde por unidad.
Mientras tanto, desde el Gobierno provincial se estudian alternativas que podrían cambiar el panorama. Según informó recientemente Edilberto Casanova Armenteros, coordinador de Programas y Objetivos del Gobierno en Matanzas, se analiza la posibilidad de que los precios del transporte en ómnibus arrendados sean entre un 30 y un 50 % menores a los actuales del mercado privado. Esta medida, que responde a la necesidad de ofrecer alternativas económicas a la población, podría convertir los ómnibus en una opción real para el trabajador que hoy no puede pagar 250 pesos por un viaje a Peñas Altas. Con mayor capacidad de pasajeros, más velocidad de traslación y un precio significativamente menor, aunque no el ideal para el bolsillo, estos vehículos arrendados se perfilan como el alivio que el matancero necesita.
Y mientras los triciclos se aglomeran en el Pre, hay rutas enteras como Pastorita, Canímar, Gelpis o Guanábana que permanecen desatendidas, con gente que precisa moverse y no tiene opciones. Esa es otra oportunidad desaprovechada. Al igual que tramos cortos que lleguen a otros barrios o a lugares recreativos de la ciudad, como Monserrate o Cuevas de Bellamar. La fórmula es sencilla: más pasajeros, más viajes, más ingresos. Bajar el precio no es perder, es apostar por el volumen. La paradoja final de Cámara Viva es que, para ganar más, tal vez haya que cobrar menos. ¿Se atreverán los transportistas a probarlo, mientras el Estado pone a rodar soluciones con sus propias alternativas, también con formas de gestión no estatal o sin ellas?



