Guerrillero

Berto Mirabal: la obra de toda una vida

Antes de recibir el Premio por la Obra de la Vida, Berto Mirabal Gámez ya había acumulado una historia profesional dedicada al sector jurídico en Pinar del Río. Son 45 años dedicados al Derecho, desde asesor de una empresa estatal, la Fiscalía, Justicia y, desde hace más de una década, al frente de la Empresa Provincial de Servicios Legales (Epsel)

Fotos de Jaliosky Ajete Rabeiro

Cuando se graduó en la Universidad de La Habana, en 1981, Berto Mirabal jamás imaginó que más de cuatro décadas después recibiría el Premio por la Obra de la Vida, un reconocimiento que siempre asoció con profesionales ya jubilados y con trayectorias aún más extensas. Sin embargo, al mirar atrás, entiende que cada etapa de su carrera ha sido una escuela. Para él, este reconocimiento resume años de esfuerzo, consagración, sacrificio y una vocación que ha puesto al servicio del Derecho y de la justicia.

LOS PRIMEROS AÑOS

“Mi primer servicio social fue en la Empresa de Geología de Santa Lucía. Aquello era una empresa muy grande, con una dinámica tremenda. Atendía Pinar del Río, La Habana, Matanzas y la Isla de la Juventud. Aprendí muchísimo allí”, recuerda.

En aquellos años convivió con decenas de especialistas soviéticos que trabajaban en la entidad. Más tarde, en 1986, pasó a la Fiscalía. En aquel entonces fue fiscal jefe en Guane y posteriormente jefe de Procesos Penales de la Fiscalía Provincial, responsabilidad que desempeñó durante siete años. Luego trabajó como consultor jurídico en la Dirección Provincial de Justicia.

LEVANTAR UNA EMPRESA DESDE CERO

En 2013 recibió una misión que marcaría otra etapa de su vida profesional: crear la Empresa Provincial de Servicios Legales.

“Me nombraron director, pero no había trabajadores ni estructura. En menos de un año levantamos la empresa y empezamos a funcionar. Muchos pensaban que no iba a resultar, pero hoy es una entidad consolidada”.

De los cerca de 200 clientes con que comenzaron, la cifra supera actualmente los 900. Los ingresos crecen cada año y, además, la entidad fue pionera en la creación de un sistema de pago que con posterioridad sirvió de referencia para otras empresas del país.

“Cuando empezamos, aquí había una sola computadora. Hoy tenemos más de 100. Hemos ido creando mejores condiciones para los trabajadores y ofreciendo un servicio más digno”.

Mirabal asegura que uno de los mayores logros ha sido conformar un colectivo comprometido y capaz de atraer a las nuevas generaciones de profesionales.

“Antes los recién graduados no querían venir para acá. Ahora muchos de los mejores expedientes piden ubicarse aquí. Se les atienden y les enseñamos desde el primer día. Cada joven trabaja junto a un jurista experimentado, y eso hace que aprendan y quieran quedarse”.

Con igual pasión habla de la Unión de Juristas de Cuba, organización en cuya dirección participa desde hace años y sobre la cual considera que es necesario rescatar el protagonismo intelectual y científico de la Casa del Jurista del territorio.

“Tenemos que conseguir que sea un lugar acogedor, donde los juristas quieran estar y prepararse, precisamente es esa dimensión la que se ha debilitado y debemos recuperarla”.

PREMIO A LA DEDICACIÓN

Al hablar del reconocimiento recibido este año, no nos oculta la emoción y dice sentirse muy orgulloso: “He pasado por casi todos los organismos del sistema de Justicia. Creo que en el único donde no trabajé fue en los Bufetes Colectivos. Pero este premio, en especial, lo veo como un reconocimiento a todos esos años”.

Recuerda con especial satisfacción cuando en 1991 integró un grupo de ocho jóvenes fiscales cubanos que cursaron estudios en la Escuela Internacional de Fiscales, en Járkov, Ucrania.

“Éramos muchachos de poco más de 20 años, y aquello les sorprendía. Ellos pensaban que nosotros veníamos de la “Seguridad”, pero cuando empezamos a debatir y cuestionar algunas leyes soviéticas se convencieron de que realmente éramos abogados”, comenta entre sonrisas.

También fue uno de los participantes en el primer evento sobre derechos humanos celebrado en Cuba, representación que asumió en nombre de Pinar del Río.

Padre de tres hijos y acompañado siempre por el apoyo de su esposa, asegura que la familia ha sido esencial para sostener una carrera de casi medio siglo.

“Siempre digo que el asesor jurídico tiene que estar preparado para todo. Lo mismo te preguntan por un divorcio que por un problema administrativo o un delito. Por eso les explico a los jóvenes que lo primero que un jurista no puede hacer es decepcionar”.

A sus 45 años de ejercicio profesional y 67 años de edad, Berto llega cada mañana a la Empresa que ayudó a fundar. Y aunque el Premio por la Obra de la Vida constituye uno de los mayores reconocimientos de su trayectoria, prefiere hablar del futuro, de los jóvenes y de la necesidad de dignificar, cada vez más, una profesión que, asegura, se ejerce con conocimiento, pero sobre todo con compromiso humano.

Él está convencido de que detrás de ese reconocimiento están los compañeros con los que ha compartido el camino, su familia y las muchas personas que confiaron en él a lo largo de los años, porque más allá de los cargos y las responsabilidades, hay algo que defiende con la misma pasión de aquel joven graduado en 1981: la certeza de que servir a la justicia es una forma también de servir a los demás.

Fotos de Jaliosky Ajete Rabeiro

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