Morón, una finca tabacalera por tradición en Pinar del Río
Guerrillero Portada

Morón, una finca tabacalera por tradición en Pinar del Río

Más de un siglo ha pasado desde que el primero de los “Franco” llegó a la demarcación de Pilotos, en el municipio de Consolación del Sur, huyendo de los horrores de la guerra en España, y comenzó a sembrar tabaco en la zona.

Como un celoso cuidador, Adrián, el más joven de los “Franco”, selecciona y estudia las hojas en los aposentos de la escogida familiar

Al asentarse en el poblado, y gracias a un gesto noble en aquel entonces, la vida lo premió con el dinero suficiente para comprar las cuatro caballerías de tierra que posee y cultiva con esmero su descendencia.

La finca Morón, establecida desde 1908, es hoy un referente provincial y nacional si de tabaco se habla. Las cosechas ininterrumpidas, la búsqueda de la innovación constante, la aplicación de la ciencia y la técnica, el amor hacia la hoja y el buen manejo de los suelos hacen a esta familia dueña y merecedora de un tabaco de excelente calidad.

DE ESPAÑA A PILOTOS

Cuenta Orlando Franco Rodríguez que la historia de estas tierras y de la familia comenzó cuando su bisabuelo llegó a Cuba y se asentó en el municipio de Minas de Matahambre con tan solo 14 años. 

“Según conocí cuando comencé a crecer y escuché de mi abuelo y de mi padre, fueron épocas muy duras, pero dicen que mi bisabuelo vio las bondades de la tierra y cómo comenzar una nueva vida cosechando para sacar a la familia adelante.

“Por esos azares que tiene la vida, mi abuelo se hizo de 5 000 pesos, y sin dudarlo los puso en esta tierra que adquirió en aquellos años. Nada de esto existía, por supuesto, este campo era todo malezas, poco a poco él empezó a desbrozarlo para sembrar el primer cultivo que sería el tabaco”.

Por su parte, Giraldo Franco rememora la dificultad de las primeras siembras, pues en aquel tiempo no existían las bondades de las que hoy gozan, ni los tratos justos a los campesinos.

“El poco tabaco que se sembraba se le vendía a negociantes privados y se ajustaba con negocios pequeños, también privados, y como se conoce los precios no eran justos, pero el dinero servía para mantener a la familia y hacer un poco más”.

Adrián Franco, el descendiente varón más joven, explica que la finca ha sufrido numerosas transformaciones a lo largo de más de un siglo, pues de solo dos toneladas de tabaco que se lograban acopiar en aquel entonces, hoy tales indicadores rondan por encima de las 15.

HERENCIA Y TRADICIÓN 

“Cuando mi bisabuelo muere, la tierra se reparte entre todos sus hijos y así es que la tradición llega a nosotros. A partir de ese momento es cuando realmente comienza a haber como un despertar y a sembrarse más y más tabaco en estas tierras”, asegura Giraldo.

“Ya vamos por la quinta generación de ‘Franco’ tabacaleros en la familia, y nunca hemos dejado de hacer lo que mi bisabuelo inició y nos enseñó.

“Al principio, aquí solo se sembraba y se cosechaba la variedad de sol palo, luego se experimentó con el sol ensartado, y ahora estamos incursionando en el tabaco tapado. Todo esto nos ha consolidado y ha demostrado una tradición de siembra y un conocimiento de la hoja como pocas familias lo tienen. De eso me siento muy orgulloso”, comenta Orlando.

Adrián solo asiente, ya que se sabe merecedor digno de más de 120 años de tradiciones y experiencias acumuladas por quienes lo antecedieron y que aún lo acompañan en su día a día.

 “Ser heredero de una tradición tan bonita es mucho más que un reto y un gran orgullo. Tenemos la misión de que el amor por la tierra se perpetúe de generación en generación.

“Tengo dos hijas, y espero que, tanto ellas como sus futuras familias y mis futuros nietos, continúen con orgullo y pasión este legado que recae sobre mis hombros”.

FUTURO…

“Mira, gracias a la Revolución y a nuestros padres pudimos convertirnos en profesionales en la rama de la agricultura. Nos hicimos ingenieros agrónomos y eso, sin duda, nos ha aportado y nos ha ayudado mucho a lo largo del camino.

“No solo es el tabaco lo que puede verse, son los cultivos varios, las hortalizas, los granos, los módulos pecuarios de ganado menor, las siembras para la alimentación animal, en fin, son muchos poquitos que ayudan a que cada día la finca sea más autosustentable y productiva para todos”, afirmó Adrián.

Ante una pregunta casi obligada, cada uno de los “Franco” abordó de manera singular el futuro de la “Morón”, siempre apelando a la ciencia y a la técnica como referencia.

Gracias a los estudios universitarios, a las bondades de la Revolución y a las prerrogativas actuales para los campesinos, la tierra se modifica y evoluciona de forma constante.

“En la actualidad, nos beneficiamos de tres sistemas solares de riego y de riego por goteo, fuentes de abasto alternativas, así como otras tecnologías del primer mundo, por ejemplo, los módulos fotovoltaicos. Avances que, sin duda, nos han ayudado a mejorar nuestras producciones”, afirma Orlando.

“Nosotros, a la par, también podemos presumir de contar con más de 100 trabajadores entre hombres y mujeres que engrandecen nuestros suelos y hoja. Contamos con un comedor obrero propio y con una escogida familiar que nos beneficia grandemente a la hora de cuidar ese tabaco que sale de nuestros campos”, comenta Adrián.

¿ORGULLO?

“No creo que exista alguien que trabaje la tierra de sol a sol y que no se sienta orgulloso de lo que ha conseguido, sin importar si es poco o mucho. La tierra se ama como a uno más de la familia. Sientes en tu piel el olor a tabaco, lo disfrutas. No te importan las horas de sacrificio, solo piensas en lo que con tus manos has alcanzado, y no creo que haya mayor orgullo para un hombre que ese”, asegura Giraldo.

Por su parte, Orlando afirma que su realización va un poco más allá, pues se siente satisfecho de que su hija siga sus pasos y los lleve a caminos mucho más productivos.

“En estos tiempos que vivimos de escaseces de recursos, bloqueo económico y necesidades sociales, el ser campesino de un macizo tabacalero, que de por sí representa al país, es un compromiso enorme, porque en nuestras manos está el prestigio de la producción tabacalera”.

“Elegí ser tabacalero por convicción, pues desde que nací estoy vinculado a la siembra de tabaco, y ya hoy no creo que pueda vivir sin esto. El tabaco corre por mis venas, y puedo decir, sin temor a equivocarme, que mientras exista un Franco en estas tierras piloteñas, la cultura y la tradición tabacalera estará asegurada”, aseguró Adrián.

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