Ludi Teatro nos sorprendió gratamente con la idea de presentar un concierto sobre la base de música escrita por Llilena Susel Barrientos —quien dirige la virtuosa banda femenina que acompaña las presentaciones del grupo— para varias piezas de teatro alemán que en los últimos años han propuesto.
Con Llilena en la guitarra y dirección, está integrada por el violín de Amanda Ramos Cruz, la percusión de Ana Carla Delá, el bajo de Katherine Coralia, la viola de Melissa Moreno y los coros de Malissa Mendoza.
Teatro al fin la solfa no llegó sola, sino con segmentos de las obras a cuya banda sonora pertenecen.
El concierto tuvo una presentación especial en la sede de la compañía y recientemente varias en el Ateneo de La Habana, inmersas dentro de la jornada por la diversidad sexual, tema que informan algunas de esas obras.
También celebró la publicación del volumen Cuatro obras de teatro (Judith Herzberg).
El recital incluyó música de las puestas Aprender a nadar, de Mariana Salzmann; El viaje de los perdidos de Daniel Khelman, y Sistas de Golda Barton; además se incluyó par de números de obras cubanas, uno que pertenece a Ubú sin cuernos de Abel González Melo, y otro de El diario de Ana Frank, apnea del tiempo, de Agniezka Hernández (aunque, como sabemos, el referente de este hipertexto es también alemán), todas dirigidas por el líder de Ludi, Miguel Abreu.

Claro que, teatro al fin —sobre todo este grupo que ha cultivado profusamente el musical— la solfa no llegó sola, sino con segmentos de las obras a cuya banda sonora pertenecen.
Llilena trabaja con habilidad —lo cual ha demostrado a lo largo de su obra para la escena— las mixturas sonoras que hacen de cada representación relatos que trascienden sus contextos originales para hablar el hic et nunc, abordar la contemporaneidad insular e internacional, denunciar males sociales que se arrastran de otras épocas y hasta se agravan, y contextualizar problemáticas y conflictos que adquieren connotaciones especiales entre nosotros.

Barrentos ha entendido esas coordenadas cronotópicas adicionando a células procedentes del acervo judío, de la música euroasiática y de raíces específicamente germánicas, ritmos y géneros bien criollos tales el son, la rumba, la guaracha y el bolero.
Tanto voces como percusión y sobre todo cuerdas —espléndida y bien sonante esa sección protagónica— se complementan con los ritmos y tempos muy peculiares que acompañan las acciones dramáticas, ejecutadas por varios de los actores que participaron en las puestas (Arianna Delgado, Sindy Rosario González, Raiza D´Beche, Carlos Migueles, Evelio Ferrer, Frank Normand, más la participación especial en el Ateneo de la transformista Salma de Armas) y que se suman también a las canciones y coros, enriqueciendo la propuesta armónico-dramática, cuerda que en definitiva ha signado la poética de Ludi desde sus inicios .
Aplausos entonces, para este importante órgano del gran corpus viviente que es Ludi Teatro: podría decirse que su música, sus músicos, son algo así como su alma, y es válido de vez en vez asistir a este repaso de su jugoso y apreciable “repertorio”.





