El Cangrejo salió de las sombras: Cuba ya no disimula que es una monarquía
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Por Luis Flores
Hay imágenes que valen más que cualquier discurso oficial. La de esta semana es esta: el nieto de Raúl Castro, sentado frente a una cámara, hablando en nombre de Cuba sin haber sido elegido por un solo cubano. Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como «El Cangrejo», concedió su primera entrevista internacional al medio emiratí The National, y con ese gesto confirmó lo que muchos sospechábamos desde hace tiempo: en Cuba no hay una república socialista. Hay una monarquía. Una monarquía que se disfraza de revolución.
El príncipe que no necesita corona
Raúl Guillermo, o «Raulito» según cierta prensa complaciente con el régimen, no ostenta ningún cargo electo. Nunca se ha presentado a una elección competitiva. Jamás ha recibido el mandato directo de los ciudadanos. Es teniente coronel del Ministerio del Interior y jefe de la seguridad personal de su abuelo desde 2016. Y sin embargo, fue uno de los interlocutores del director de la CIA, John Ratcliffe, cuando este viajó a La Habana el pasado 15 de mayo.
Pregúntense esto: ¿con quién negocia Washington? No con quien tiene el título formal, sino con quien realmente manda. Que el espionaje estadounidense se siente a hablar con un teniente coronel sin cargo político —y no con el presidente designado— dice más sobre la estructura real del poder cubano que cualquier constitución.
La entrevista, además, no la dio solo. Apareció junto al viceministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, presentado como la voz de «una nueva generación» encargada de impulsar las reformas. Sentarse en igualdad de condiciones con un viceministro, sin tener cargo alguno, no es un detalle menor: es la consagración pública de una autoridad que hasta ayer operaba entre bambalinas.
La línea de sucesión
Si uno observa los últimos 67 años sin las anteojeras ideológicas, el patrón es inconfundiblemente dinástico.
Fidel Castro fue el rey fundador, el monarca absoluto que gobernó durante casi medio siglo sin contrapeso de ninguna clase. Raúl Castro fue el rey sucesor, hermano del fundador, en una transición lateral idéntica a las que vivieron tantas monarquías cuando no había heredero directo listo. Miguel Díaz-Canel ha sido, en rigor, el regente: la cara institucional que reina en nombre de la dinastía mientras el heredero de sangre madura. Y Raúl Guillermo es el príncipe que ahora empieza a salir de la sombra del regente.
No hubo elección. No hubo congreso del partido que decidiera nada de verdad. Fue, en cada paso, sangre llamando a sangre. El poder nunca abandonó el apellido Castro, ni cuando murió Fidel, ni cuando Raúl cedió formalmente la presidencia. La ficción republicana sirvió durante décadas para vestir lo que cualquiera podía ver: una familia gobernante con ejército propio, con patrimonio económico propio en GAESA, y con culto a la personalidad incorporado.
El decorado emiratí
Tampoco es casual el escaparate elegido. The National pertenece a un grupo vinculado al poder de Abu Dabi y a la familia gobernante de Emiratos Árabes Unidos, un país que mantiene con La Habana relaciones diplomáticas, cooperación bancaria y un tratado bilateral de inversión. Es decir: el príncipe heredero de una dinastía caribeña se presenta ante el mundo en un medio de otra dinastía del Golfo, justo cuando Cuba intenta venderse como plaza disponible para el capital extranjero. Monarquía habla con monarquía. La simetría es perfecta.
Y el mensaje de fondo de la entrevista no deja lugar a dudas. Raúl Guillermo y el viceministro defendieron la apertura económica, pero dejaron claro que las reformas no contemplan modificación alguna del sistema político. Más banca privada, más inversión, más mipymes: todo cabe, menos que el pueblo elija a quien lo gobierna. Es el viejo pacto de toda monarquía absolutista cuando se siente acorralada: concedo en lo económico para no ceder un milímetro en lo político.
La corona invisible
Los Borbones, los Habsburgo, los Windsor. Y los Castro. La diferencia es que estos últimos nunca se pusieron una corona sobre la cabeza. Se pusieron un uniforme verde olivo y llamaron «revolución» a una dinastía.
La entrevista de El Cangrejo no inaugura nada nuevo. Solo lo confirma en voz alta, frente a una cámara, para quien todavía quisiera dudarlo. En Cuba el trono se hereda. Lo que cambia, de vez en cuando, es quién monta la guardia frente a él.
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