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«Toda vida importa y toda persona merece ser salvada»

Mundo

Se estima que, a mediados de mayo de este año, alrededor de un millón de personas estuvieran desplazadas internamente en el Líbano, a causa de los bombardeos israelíes.
Foto: Unicef

El miedo, el sonido de las bombas y el terror en los ojos de quienes huyeron con él, son los recuerdos que tiene Mahamat Daoud sobre su infancia.

Solo tenía seis años cuando tuvo que desplazarse por primera vez. «Nací en Darfur, Sudán, una región marcada por años de guerra», cuenta en su testimonio, recogido por el Centro Astalli, que es la sección italiana del Servicio Jesuita a Refugiados.

Junto a su familia encontró protección en los campos de refugiados del este de Chad. «La vida allí no fue fácil: cada día luchábamos por agua, comida y medicinas», rememora.

De acuerdo con el informe anual Tendencias Globales de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), presentado recientemente, el número total de personas desplazadas por la fuerza en el mundo, a finales de 2025, se estimaba en 117,8 millones.

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Mahamat luego se enfrentó a un largo viaje «a través de desiertos y países desconocidos, donde el riesgo de muerte siempre estaba presente. Al llegar a Libia, creí haber encontrado la salvación, pero me topé con una dura realidad: fui detenido sin motivo, simplemente por el color de mi piel, y presencié violencia y abusos que jamás olvidaré».

Más tarde tuvo que lanzarse al camino nuevamente, hacia Argelia primero, y después a Marruecos. No se trató nunca de viajes de mochileros o de buscar siquiera una mejoría económica, en los países envueltos en conflictos militares la población sigue pagando un precio atroz. La lucha por sobrevivir, la inseguridad en torno al próximo amanecer, la inestabilidad acerca de un futuro son la realidad de quienes se ven forzados a desplazarse.

En la frontera entre Nador y Melilla, perdió a un amigo, víctima de la violencia. De allí logró salir en una pequeña embarcación.

«Para demasiadas personas refugiadas, el desplazamiento comienza como una tabla de salvación, pero acaba prolongándose toda una vida», aseguró Barham Salih, Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados.

Durante el pasado año, 5,4 millones de personas fueron forzadas a huir cruzando fronteras, reseña el informe. Sin embargo, aunque el documento revela que el desplazamiento forzado en el mundo se redujo por primera vez en una década, sigue alcanzando niveles inaceptablemente altos.

Según las cifras de la Agencia, más del 70 % de los refugiados y otras personas que necesitan protección internacional en 2025 procedían de Afganistán, Sudán del Sur, Sudán, Siria, Ucrania…

A ello se suman estadísticas contabilizadas por el sitio web de la Acnur: la escalada bélica en Oriente Medio, iniciada en febrero de este año, provocó, además, que alrededor de un millón de personas estuvieran desplazadas internamente en el Líbano a mediados de mayo, y que 3,2 millones permanecieran desplazadas temporalmente en la República Islámica de Irán, a finales de marzo.

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Mahamat hoy vive en Italia, a sabiendas de que su caso es cotidiano, pero el final de su historia no es común. «Toda vida importa y toda persona merece ser salvada», afirma.

Su testimonio no es un cuento de hadas o una superproducción hollywoodense. Mucho menos habla de tropiezos en el camino hacia el éxito. Se trata de vidas desgajadas desde la raíz, personas que crecen sin arraigos o de otros que tienen que vivir –si lo logran– con recuerdos de quienes fueron.

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