Sin guerra civil: Represión generalizada
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Sin guerra civil: Represión generalizada

“Trump es el presidente más peligroso, tal vez de la historia de Estados Unidos. Es un autoritario; un oligarca cuya visión del futuro pasa por que un pequeño grupo de personas increíblemente ricas se enriquezca aún más mientras empuja a Estados Unidos hacia el autoritarismo. Es muy alarmante lo que está haciendo tanto a nivel nacional como internacional. Muchos luchamos lo mejor que podemos. Y creo que estamos teniendo éxito; su popularidad cae cada día”, expresó Bernie Sanders, un legislador progresista independiente que vota  al lado del Partido Demócrata y eterno luchador contra los males que corroen a lo que llaman democracia norteamericana.

Trump está intentando socavar la Constitución a base de usurpar los poderes del Congreso. Ha cancelado ilegalmente leyes y fondos aprobados, lo cual carece de precedentes. También ha quitado dinero federal a los Estados que no votaron por él. Y eso es indignante, además de ilegal. También está atacando a los tribunales, eligiendo qué decisiones acata. Ha ido contra las universidades que enseñan cursos que no le gustan, y a los medios, los intimida a base de demandas y haciendo que sus amigos multimillonarios los compren, como Larry Ellison, que ahora tiene un poder significativo en TikTok y ha adquirido Paramount, propietaria de Columbia Brodcasting System, que ahora tiene un estilo más reaccionario.

En fin, lo que se está viendo es a un puñado de oligarcas que controlan los medios, la economía y, debido al sistema corrupto de financiación de campañas, también el proceso político.

Lo que era una deriva hacia la extrema derecha, con la Administración de Trump se está convirtiendo en una persecución ideológica y política utilizando todos los resortes del poder. Y ay de quien se atreva a resistir en los campus y las calles. Es lo que está esperando Trump para implantar un estado de emergencia con limitaciones severas de las libertades y arrestos indiscriminados. Contando con que en la cumbre judicial la mayoría del Tribunal Supremo suele fallar en favor de Trump, que fue quien los nombró. Mientras que los jueces que se atreven a desafiarlo son sometidos a presiones del Departamento de Justicia y a la intimidación de los fanáticos trumpistas.

O sea, quizás no haya una guerra civil -aunque algunos anhelan que se repita en la realidad el final de la exitosa película del 2024 (Civil War)-, pero ya ha empezado una represión generalizada como si la hubiera habido.

LA MENTIRA

En Estados Unidos se ha llevado demasiado tiempo conviviendo con la mentira de manera sistemática, a todas horas y por todos sitios, para evitar el desánimo, no dejar de creer, seguir votando el final de los tiempos, hacer inventario, quemar y limpiar.

Todos saben y lo niegan todo y la mentira es parte de la astucia del gobernante y del que aspira, virtud como pueden ser la solvencia o la locuacidad. Mentir y que te dé igual. Ser mentido y que no te importe.

Ahora Trump ha declarado una guerra interna, al anunciar a los militares  que deberán «combatir» contra civiles estadounidenses.

En un hecho sin precedentes, Donald Trump convocó a más de 800 altos mandos militares y los llamó a prepararse para “una guerra interna” contra la “izquierda radical” y los inmigrantes, en un giro autoritario que redefine el rol del Ejército estadounidense. La purga en el Pentágono, la eliminación de políticas de inclusión y el cambio del Ministerio de Defensa por “Ministerio de Guerra” anticipan una escalada represiva dentro y fuera de Estados Unidos. En paralelo, la alianza militar con Javier Milei vuelve a poner a la Argentina bajo riesgo de quedar atrapada en la ofensiva imperial del trumpismo.

Para sostener una embestida político-militar tan peligrosa como ilegal, el presidente estadounidense apeló a la memoria nacional. “Nuestra historia está llena de héroes militares que se enfrentaron a todos los enemigos tanto extranjeros como nacionales. Ustedes conocen muy bien que el juramento dice: nacional y extranjero. También tenemos (enemigos) nacionales. Washington, Lincoln, Bush padre y muchos de nuestros líderes usaron las FFAA para mantener el orden y la paz internos.”

GUERRA CIVIL LARVADA

En varios tramos de su discurso Trump admitió lo que la prensa señala desde hace un tiempo y que ya es vox populi en Estados Unidos: el país transita una guerra civil larvada. “Ahora a muchos les gusta decir: ‘¡Oh! No se permite usar al ejército para eso’ (…) Tenemos que controlar el territorio antes de que se descontrole”, subrayó.

Además de criticar a Joseph Biden -de quien se burló reiteradamente porque cuando lo antecedió como presidente, debido a su precario estado de salud mental, debía usar una firma automática (en inglés “autopen”) para rubricar los documentos-, Trump señaló a los progresistas del Partido Demócrata como parte de los objetivos bélicos que deberá asumir el Pentágono.

“Las ciudades que no están en buen estado son las gobernadas por los demócratas de la izquierda radical, San Francisco, Chicago, Nueva York, Los Angeles… Son muy inseguras y vamos sanearlas una por una, advirtió.

Como si esto no fuera suficiente, Trump instó a “usar esas ciudades peligrosas como campo de entrenamiento” para la formación de comandos urbanos que combatan a los inmigrantes, a los que trafican con fentanilo y a la izquierda radical. “El mes pasado firmé un decreto para capacitar a una fuerza de reacción rápida que pueda ayudar a sofocar disturbios civiles”, y nombró como ejemplo a “los radicales, mucho de ellos pagados por George Soros u otros. Sí, muchos de esos insurrectos están pagados por la izquierda radical”.

“Estamos sufriendo una invasión desde dentro, Es lo mismo que una invasión extranjera, pero en muchos sentidos es más difícil porque no llevan uniforme”, dijo para justificar esta violenta militarización a la que quiere someter al pueblo norteamericano.

“Nuestras FFAA serán más fuertes, más duras, más rápidas, más feroces y más poderosas que nunca”, prometió el presidente.

Por su parte, Pete Hegseth, Secretario de Guerra (hace unas semanas Trump cambió el nombre del Ministerio de Defensa por el de Guerra sin someterlo a la aprobación del Congreso) también aportó precisiones sobre los nuevos lineamientos que van a regir, desde ahora, en las Fuerzas Armadas estadounidenses, para arreglar “décadas de decadencia” por culpa de los “políticos tontos e imprudentes”.

Según el diario The Washington Post, el Ministerio de Guerra quiere detener filtraciones y disidencias dentro del Pentágono y ha adoptado un macartismo puro y duro. Según ese medio, todos los integrantes de la Secretaría de Guerra serán sometidos al polígrafo (detector de mentiras), desde los generales cuatro estrellas, hasta los empleados civiles y los trabajadores contratados.

Además, todos deberán firmar acuerdos de confidencialidad por los cuales se les prohíbe divulgar cualquier información pública interna salvo con una autorización especial.

O sea, la luz verde a la represión, el desconocimiento de las reglas de la democracia y la militarización como forma de control social son las nuevas reglas internas del trumpismo. Esta política es parte de un plan mayor que nos involucra: el repliegue estratégico de EEUU sobre todo el continente americano para cobrar fuerzas y enfrentar los cambios geopolíticos y geoeconómicos que transita el mundo y que lo colocan en un escenario de declive catastrófico.

BARBARA F. WALTER: SÍ HAY PELIGRO DE GUERRA CIVIL

Barbara Walter, catedrática Rohr de Asuntos Internacionales en la Universidad de California en San Diego, es una de las principales expertas mundiales en guerras civiles, violencia política y terrorismo. Asesora activa del Banco Mundial, las Naciones Unidas y los Departamentos de Defensa y Estado de EE. UU, escribe para medios como The Washington Post, The Wall Street Journal y Foreign Affairs.

Aquí, en Cuba, entrevistó al Comandante en Jefe Fidel Castro.

Experta en guerras civiles Barbara F. Walter sostenía en una entrevista que la probabilidad de una guerra civil en Estados Unidos era mayor que 20 años antes, pero por culpa de un Trump que no aceptaba los resultados electorales, y que, caso de volver al poder (lo que ya ha ocurrido) quizá querría mantenerse en él.

Lo decía al hilo de la publicación de su libro How Civil Wars Start and How to Stop Them, en el que, aunque trata también de Iraq, España, Ucrania o Sri Lanka, se centra en el caso de Estados Unidos. El libro acaba de publicarse en España con el título Cómo empieza una guerra civil y cómo evitar que ocurra.

Una tesis de Barbara Walter es que los países más proclives a una guerra civil no son las autocracias, sino los que están en transición, en cualquier sentido, entre autocracia y democracia; situación, por otra parte, cada vez más frecuente. En todo caso, las guerras civiles que vendrán no se parecerán a las del pasado, empezarán por actos esporádicos de violencia y terror amplificados por las redes sociales.

En su libro, afirma haber constatado “algo inquietante: las señales de advertencia por inestabilidad que hemos identificado en otros lugares son las mismas que en el transcurso de la pasada década he empezado a detectar en mi propio país, en territorio estadounidense. Por eso observé con tanta desazón los acontecimientos de Lansing [se refiere a una trama de extrema derecha para secuestrar a la gobernadora de Michigan], y también el asalto al Capitolio de la nación en enero del 2021. He visto cómo estalla una guerra civil y sé apreciar señales que a la gente corriente se le pasan por alto. Y ahora percibo la emergencia de esas señales en Estados Unidos, y a una velocidad asombrosa”.

“La guerra civil del siglo XXI presenta unas características que la diferencian de las guerras civiles del pasado –añade Walter–. Ya no hay grandes campos de batalla, ejércitos y tácticas convencionales. En la actualidad, las guerras civiles se libran, sobre todo, entre grupos religiosos y étnicos distintos, y quienes combaten son guerrilleros y paramilitares, que a menudo atacan a civiles. Si se observa con atención, el episodio de Michigan presenta todos esos elementos… Las guerras civiles actuales empiezan con justicieros de esta índole, con paramilitares armados que perpetran actos violentos directamente contra personas. 

“¿ESTAMOS CERCA?”

En un capítulo significativamente titulado “¿Estamos cerca?”, la autora recuerda los acontecimientos de enero de 2021, cuando una multitud de seguidores de Donald Trump tomaron el Capitolio. Aquellos hechos –afirma– la conmocionaron y, a la vez, le resultaron familiares por su experiencia en conflictos civiles.

Y basándose en esa experiencia y en el enfoque de la ciencia política, concluía que Estados Unidos se estaba adentrando «en un terreno pantanoso». Precisamente porque cumplía las dos condiciones consideradas por los expertos como de riesgo para una guerra civil: estar en una situación de “anocracia”, entre democracia y autocracia, y la división de la población en facciones por motivos étnicos. Para Barbara Walter, la apuesta por el poder de Donald Trump se basa en una apelación identitaria que alienta esa división en facciones por motivos étnicos: denigra a mexicanos, negros y musulmanes y enfatiza los presuntos agravios que sufren los hombres estadounidenses blancos, cristianos y rurales.

 

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