
Foto: Granma
Santo Domingo – El judo cubano reclamó su trono en la región y lo logró con autoridad indiscutible. La demostración de nuestros judocas los ratificó campeones del torneo individual de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo-2026, que acogió un abarrotado Pabellón de Deportes de Combate del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte.
La cosecha fue de seis preseas de oro y cuatro de bronce, dos títulos menos que en la cita anterior en San Salvador-2023. El podio por países lo completaron la representación anfitriona de República Dominicana (3-2-6) y la de Venezuela (2-1-7), tres delegaciones que acapararon 11 de los 14 títulos puestos en disputa en el certamen.
La jornada de cierre del torneo individual consagró a los dos referentes del judo cubano en la actualidad, dos hombres que ya saben lo que es saborear la gloria de un podio a nivel planetario: Andy Granda (+100 kg) e Iván Felipe Silva (100), quienes escalaron a lo más alto del podio.
Además, Lianet Cardona (78) y Dayanara Curbelo (+78) aportaron valiosos bronces. La única nota fuera del estrado la firmó Naysdel Cardoso (90 kg), quien finalizó en la quinta posición tras caer en la disputa por el tercer lugar.
LA GRANDEZA DE GRANDA
Si algo define la trayectoria deportiva de Andy Granda es su asombrosa ecuanimidad sobre el tapiz. En la gran final de los pesos pesados el matancero debió encarar, no solo al dominicano José Nova, sino al ensordecedor apoyo del público local.
El combate transitó por senderos espinosos. Pasada la mitad del tiempo, el juez principal amonestó a Granda por segunda ocasión, un shido que se antojó riguroso, dejándolo al borde de la descalificación.
Lejos de perder los nervios, el campeón mundial de Tashkent-2022 esperó con frialdad de cirujano. Nova amagó con un ataque y Granda, en una fracción de segundo, lo contuvo con una técnica de pierna y combinó de inmediato con una proyección de hombro. El dominicano voló por el aire y cayó de espaldas sobre el tatami, un soberano ippon que resolvió el pleito de manera inapelable.
«Sé que la gente se pone nerviosa, pero es mi manera de trabajar. En el judo hay que realizar muy bien la técnica, pero necesitas hacerla en el momento táctico exacto, solo así se convierte en infalible», declaró a Granma un Granda calmado, con la respiración controlada, como si la batalla final nunca hubiese ocurrido.
Al interrogarlo sobre esa aparente serenidad que proyecta al subir al tatami, el gigante aclaró: «Lo que yo hago es salir concentrado en lo que preví hacer y en las alternativas ante cualquier situación. Eso puede dar seguridad, pero la palabra correcta es concentración».
Asimismo, dedicó el triunfo al motor de su vida: «Mi familia es muy unida, inspiradora. Ella es mi razón de ser, la destinataria de todos mis esfuerzos».

SILVA NO FALLÓ AL PRONÓSTICO
Por su parte, Iván Felipe Silva inscribió su nombre con letras de molde en la historia de los juegos regionales al conquistar su tercera medalla de oro consecutiva en estas lides.
La hazaña del yumurino cobra un valor superlativo si se analiza que ha reinado en tres categorías de peso distintas: primero en 81 kg, luego en 90 y ahora en los 100.
En la gran final del lunes, Silva doblegó por waza-ari al experimentado colombiano Francisco Balanta, uno de sus principales escollos en el continente. El subcampeón del orbe de Bakú-2018 sorprendió temprano con una técnica de pierna para marcar la ventaja decisiva y, a partir de ahí, administró con maestría táctica el combate, anulando cada intento ofensivo de su oponente.
Al analizar las ventajas de transitar por varias categorías de peso, el judoca de Colón comentó: «En cada paso a la siguiente he aprovechado mi velocidad y el énfasis en el empleo de las técnicas de piernas, como ocurrió aquí, en el desafío por oro. Sin embargo, creo que debo ganar en fuerza, porque es una categoría de hombres que son robles».
Silva también reflexionó sobre la particularidad de tener como entrenador a su suegro: «Siempre he estado comprometido con mis profesores. Ahora con Julio Alderete es igual, tal vez por el vínculo familiar uno siente que no puede fallar».
Consciente de los rigores de la competencia en el continente americano, el estelar judoca descartó que sea complejo el proceso de adaptación tras combatir en los refinados circuitos de Europa y Asia. «Fíjate, el nivel de la región ha subido muchísimo. Los dominicanos, mexicanos, colombianos, venezolanos y otros compiten más que nosotros en Europa y en Asia.
«Yo lo veo del lado de la fogosidad. Lo que quiero decir es que, a la elevación de la calidad, se une esa expresión caribeña que hace los combates más retadores. Hay mucha pasión en nuestra área y se ve en el tatami», apuntó el campeón, quien no olvidó enviar un mensaje de agradecimiento a sus raíces: «Siempre digo que mis resultados son para mi pueblo, ese Colón en el que crecí y desde el cual me hice subcampeón mundial, y ahora tengo la dicha de regalarle otro triunfo».
El botín cubano se complementó con dos importantes preseas de bronce en la rama femenina. Lianet Cardona (78 kg) se agenció el tercer puesto al derrotar por la vía rápida a la venezolana Zunilda Chávez.
En la división de más de 78, la jovencita Dayanara Curbelo volvió a ratificar por qué es una de las grandes promesas del judo cubano.
Tras ceder en una disputada semifinal ante la favorita venezolana Karen León por acumulación de amonestaciones (shidos), la campeona panamericana júnior de 2025 se rehízo en el combate por el bronce, liquidando por Ippon a la nicaragüense Izayana Marenco para subir al estrado.
Con la corona individual ya en las vitrinas, el judo cubano no tiene tiempo para festejos prolongados. Para este martes está programada la disputa del torneo por equipos mixtos, un formato dinámico donde las escuadras miden fuerzas en las categorías de 57, 70 y +70 kg para damas, y 73, 90 y +90 kg para los caballeros.
Cuba saltará una vez más al tatami con el cartel de gran favorita, lista para seguir demostrando que la estirpe y la pasión del judo cubano brillan en el Centenario de los Juegos.


