Para quienes hemos vivido en países de Latinoamérica no es ninguna novedad el haber visto cómo desde inicios del siglo 21, incluso 10 años antes, existía una maquinaria ideológica, incluso criminal, que atrasó naciones por décadas completas en su desarrollo. Con el surgimiento de socialismo del siglo XXI que llevó a dictaduras en países como Venezuela, con Chávez y Maduro; Bolivia, con Evo Morales; Nicaragua, con Daniel Ortega; Ecuador con Correa, fue extremadamente clara la relación de estos regímenes con la dictadura de Cuba. Sin embargo, aunque todo esto era un secreto a voces, pocos políticos o periodistas parecían entender la gravedad de lo que implicaba que el modelo autoritario-criminal cubano estaba siendo exportado a distintos países de la región. No es sino hasta julio de 2026 y con el reciente reporte del Departamento de Estado de Estados Unidos, titulado “Cuba: La capital del comunismo del siglo XXI”, que se reconoce finalmente lo que durante décadas, gobiernos y periodistas, ya sea por afinidades ideológicas absurdas, por intereses o por ese miedo crónico a la verdad, se negaron a ver. El reporte resalta cómo, por durante siete décadas, el régimen de La Habana ha dirigido campañas de subversión e infiltración contra y en los Estados Unidos. Llama la atención sobre todo el reconocimiento de que esta infiltración ha ocurrido en niveles altos del Departamento de Estado, el Consejo de Seguridad Nacional e incluso el Pentágono, con individuos altamente adoctrinados como Ana Belén Montes, Victor Manuel Rocha y Kendall Myers. El reporte pone en claro la estrategia usada por la dictadura de Cuba dirigiendo una guerra híbrida y asimétrica, que frente a la imposibilidad de vencer militarmente a Estados Unidos en un conflicto convencional, perfeccionó la estrategia de desgaste basada en el espionaje, la subversión, la infiltración institucional y el apoyo a redes terroristas proxy. Dentro de esa guerra asimétrica, el proyecto cubano desplazó el eje hacia un conflicto cultural, civilizacional y racial, identificando como el motor de la revolución a los “pueblos colonizados” y de lo que ellos llaman el ”Sur Global” y a sus aliados en las metrópolis occidentales, el mismo patrón que se observa en otros países de Las Américas. Pero la dictadura de La Habana no solo buscó causar daño cultural para lograr sus fines, el reporte señala cómo la Conferencia Tricontinental (1966) fue el hito fundacional que reunió a delegados de 82 países y consolidó una red internacional de entrenamiento guerrillero en América Latina, África y Oriente Medio. La afectación a Estados Unidos, Latinoamérica e incluso España y sus democracias por esta guerra asimétrica no fue menor, porque casi no hay país latinoamericano en el que no se hable de los viajes que han realizado miles de activistas, periodistas, académicos y políticos occidentales a la isla, integrando gradualmente la narrativa “antisistema” en la academia, los grandes bufetes, los medios y las estructuras políticas convencionales. Es claro que estas redes que se describe en el reporte han atacado a Estados Unidos, pero también han causado o apoyado siempre inestabilidad y criminalidad en la región, atacando a las democracias, han usado el sistema judicial y sus medios para atacar, perseguir y encarcelar opositores. Tomemos por ejemplo los gobiernos de Lenín Moreno o Guillermo Lasso en Ecuador que enfrentaron paros y movilizaciones criminales cuyo único fin era derrocarlos para colocar en la presidencia a gobernantes afines al socialismo del siglo XXI. Misma situación que vivió Bolivia hace poco con un paro que duró más de 52 días. El reporte del Departamento de Estado de los Estados Unidos, debe tomarse como ejemplo para los países del Hemisferio, porque si sus gobiernos quieren estabilidad, deben empezar a reconocer y aislar las infiltraciones, funcionarios y rezagos que pueden quedar del socialismo del siglo XXI. *Francisco Endara Daza es ingeniero, estudió derecho internacional. Fue candidato a la Asamblea Nacional de Ecuador. Asesor en tecnología. Analista político.

