El teatro Milanés es uno de los pocos sitios donde los lugareños abandonan el quehacer diario y sueñan con fantasmas que bailan entre penumbras
Fotos. / Ricardo Gómez

Cuando se abren las enormes puertas de madera, pareces haber llegado a un coliseo infantil, de los creados para juegos de niños, entre marionetas, muñecos y sueños.
Solo en la noche, al bajar los telones, las penumbras son iluminadas por los cristales de lámparas araña y los destellos acarician, entre sueños, el pelo de aquella bella cubana, capaz de inspirar a Miguel Barnet en su Canción a Rachel. De esa novela nació la película La bella del Alhambra, rodada en esos mismos escenarios del Teatro José Jacinto Milanés de la ciudad de Pinar del Río.
Sin duda, es pequeño –tiene poco más de 500 butacas–, pero impacta la majestuosidad, perfección e imbricación de caprichos arquitectónicos donde se unen las ideas de aquellos orígenes en madera de 1838 y del cambio de estructura sufrido 118 años después, cuando fue erigido en su nueva sede.
Resurgir de una obra
Llegamos allí y María del Carmen Lazo Cala, presidenta del Consejo Provincial de Artes Escénicas, estaba extenuada. Hizo un receso en las intensas jornadas durante el remozamiento del coliseo en saludo al 26 de Julio, en el aniversario 73 de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.
“El día 22 lo entregaré a los artistas para los ensayos”, dijo la mulata de estatura mediana.
Sinceramente, lo dudé.
Era demasiado el polvo, los golpes en las estructuras, el sonido de las pulidoras y las peripecias de un joven enredado con la alfombra vino tinto destinada a cubrir el piso.
María del Carmen explicó sobre las acciones desarrolladas por cinco grupos de creación del Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC) de la provincia, junto a la empresa de teatros Tecnoescena. Otras entidades intervinieron en la pintura de interiores y exteriores del inmueble.

Entre los protagonistas de la obra estaban, además, los proyectos del FCBC, Fidia y Milán, este último encargado de los enchapes en las tres plantas del edificio y en el foso.
Fue necesario remozar la cubierta. Artistas especializados restauraron los 19 bienes patrimoniales de la institución, incluidos cuadros, espejos, esculturas y escoc ias.
Danza de las figuras
Los movimientos en la danza imaginaria son divinos, dóciles y a la vez frenéticos. Las imágenes y efigies amparan en quimeras a la vedette Rachel, cuando su fantasma aborda el escenario.
Desde los rincones del Milanés te miran obras de arte nacidas de las manos prodigiosas de orfebres de antaño.
“El teatro tenía un marcado deterioro, agudizado a partir del paso del ciclón Ián hace cinco años”, comenta Lazo Cala.

Explicó que varias veces estudiaron el presupuesto necesario, en medio de serias dificultades de la provincia, donde todavía existen situaciones críticas con viviendas y centros destruidos durante el mencionado fenómeno meteorológico y otros desastres naturales.
Los expertos resaltaron el trabajo realizado en la platea, área crítica porque se estaba hundiendo.
“Se levantó completamente y está hecha de madera plástica y tabloncillo”, dijo María del Carmen.

Otro sitio complejo fue el de los enchapes, afectados por el comején y cuyas estructuras fueron acometidas por el Proyecto Milán, con experiencia en esos detalles, porque son ellos quienes elaboran, por ejemplo, humidores de tabaco.
Cuentan que antaño surgió un pintoresco personaje en el recinto cultural: “El bastonero”. Era quien mantenía el orden durante las actuaciones. Llevaba un traje sugestivo, fácil de identificar entre el público.
En las noches, al cerrar las altas puertas blancas rellenas con caprichosos adornos, cobra vida aquel protagonista y obliga a los fantasmas restantes a hacer silencio, mientras la agraciada Rachel adorna con ademanes criollos las paredes del coliseo de Vueltabajo.

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