Queremos libertad, no corriente: cacerolazo masivo en Centro Habana
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Queremos libertad, no corriente: cacerolazo masivo en Centro Habana


Vecinos de Centro Habana salieron a las calles con calderos en la mano y una consigna que resumió mucho más que el malestar por los apagones: «Queremos libertad, no corriente». La protesta estalló frente al teatro Lázaro Peña, en Cayo Hueso, y continuó incluso después de que las autoridades devolvieran el servicio eléctrico al barrio.

Las imágenes muestran un cambio importante respecto a otras manifestaciones recientes. El restablecimiento de la electricidad ya no bastó para apagar el descontento. Los manifestantes siguieron golpeando sus calderos y coreando «¡Libertad!», «¡Patria y Vida!» y otras consignas políticas, dejando claro que el reclamo desbordó la crisis energética para convertirse en una protesta contra el régimen.

Lo ocurrido en Centro Habana no fue un hecho aislado. Esa misma noche también se reportaron cacerolazos y manifestaciones en Alamar, Guanabacoa, Jaimanitas y Arroyo Arenas. En varios puntos de la capital, los vecinos reaccionaron tras jornadas de apagones prolongados que se han vuelto parte de la vida cotidiana.

El contexto explica la magnitud del malestar. Cuba sufrió recientemente otro colapso del Sistema Eléctrico Nacional y la generación continúa muy por debajo de la demanda. Mientras la Unión Eléctrica reconoce déficits superiores a los 2.000 megavatios, en numerosas provincias hay familias que acumulan más de 70 y hasta 80 horas consecutivas sin electricidad.

La falta de combustible, el deterioro de las termoeléctricas y la caída de la generación nacional han convertido los apagones en un problema estructural. Sin embargo, para muchos cubanos la crisis ya no puede separarse de la incapacidad del sistema político para ofrecer soluciones. Cada corte de electricidad alimenta un descontento que termina expresándose en las calles.

Las cifras del Observatorio Cubano de Conflictos reflejan esa tendencia, con más de un centenar de protestas registradas durante junio y La Habana como principal foco de movilizaciones. A pocos días del aniversario del 11J, los cacerolazos vuelven a recordar que las causas de aquellas protestas permanecen intactas.

Mientras el régimen insiste en responsabilizar al embargo estadounidense y pide a los ciudadanos dirigir sus quejas hacia Washington, la respuesta que llega desde los barrios apunta en otra dirección. El grito de «Queremos libertad, no corriente» resume una realidad que trasciende la falta de electricidad: para muchos cubanos, el problema dejó de ser únicamente energético y pasó a ser profundamente político.

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