¡Qué siempre nos una el barrio!
El Artemiseño Portada

¡Qué siempre nos una el barrio!

Un aniversario más de la organización de masas más grande Cuba, no pasa inadvertido si es el barrio quien une a los jubilados y los cuentapropistas, las amas de casa y las madres con tres hijos, a las dirigentes de base y las de otros niveles, a la adolescente que canta, al chofer de la pipa de agua, al maestro, el barbero y el joven que ha merecido más de una vez que le pongamos la mano en el hombro.

Por ello, este domingo la fiesta tanto como homenajear a los CDR, aplaudió a quienes, en uno de los tantos barrios de Artemisa, revolucionan con su buen hacer, sus valores humanos y el trabajo comunitario.

En Reparto Nuevo fue la cita, y quizás como esas cederistas que hace falta multiplicar por su dosis de energía y carisma, la delegada Dinora Acosta, llevó la voz cantante.

Y entre una algarabía de chiquillos, con la adrenalina del Combinado Deportivo Fransisco (Chito) Quicutis, hubo aplausos para “Yusi, Mariana, Maribel, Nubia, Yamila, Dora, La China, Cachita, Lazarita y Tere la activista, federadas todas, con responsabilidad de presidentas de los CDR de esta zona que están donde haga falta”, dijo entre emociones Acosta.

“Como en el barrio somos más, también los actores económicos no estatales que apoyan incondicionalmente en actividades infantiles y a familias vulnerables fueron reconocidos, vísperas de los 66 años de los comités: La esquina de Norma, Moreno-Rentería, heladería Gustó, representan a una parte de quienes siempre dicen sí, al convocarles por el bien colectivo.

De las manos de Lisbeht Bermúdez Rodes, secretaria de la CTC en la provincia, llegó el reconocimiento de los trabajadores a los CDR, en particular a su máxima representante en Artemisa Ania Thompson: mientras, también se homenajeaba por sus seis décadas a Mirian Sánchez, representante de la Asamblea Nacional en la provincia y una cederista más en la tropa de avanzada.

Entre muchas manos hubo dulces, paleticas, panes y refresco, entre otros detalles. No faltó la piñata ni la caldosa, y menos que los niños, que la familia sin medir edades, disfrutaran de un domingo diferente, tirando de una soga, con una net de lado a lado de la calle, un tradicional pon y una carrera de sacos, entre otros juegos que llegaron hasta el barrio.

Quizás, como lo esencial sigue siendo invisible a los ojos, la moraleja de los CDR en este tiempo está en seguir uniendo; en ser sostén y apoyo; en estar cuando todo se apaga; en dar y compartir sin importar credos y razas; en no defraudar la alegría de los más pequeños que son el futuro; en convertir al vecino más cercano en familia: y por ello, mientras el barrio nos una, no habrá imposibles.

La familia cederista se unió, y esa es la garantía de los CDR
Mi barrio por la Patria, con la CTC y los CDR en la misma fiesta, por Cuba
La dirección de deporte siempre de la mano del barrio

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