
Foto: Ricardo López Hevia
Santo Domingo.– En los deportes de combate, la línea que separa la gloria del éxito y el dolor de la derrota suele ser tan delgada como un suspiro, o tan efímera como los últimos segundos de un asalto.
Esa dura lección la experimentó este domingo la taekwondoca cubana Marlyn Pérez en uno de los pabellones del Complejo Olímpico Juan Pablo Duarte, donde se colgó una valiosa e intensamente disputada medalla de plata en los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo-2026.
La peleadora cubana, natural de Las Tunas y de apenas 24 años de edad, estuvo cerca de extender al tercer asalto la lucha por la corona en la división de los 53 kilogramos. Tras ceder en el primer parcial, aunque cerró sin acciones válidas (0-0), Marlyn manejaba con solvencia el segundo round con una ventaja de 4-1 en la pizarra.
Sin embargo, cuando el reloj ya agonizaba, la mexicana Nadia Ferreira descifró la guardia de la antillana con un fulminante ataque que revirtió el marcador 6-4, sellando el triunfo definitivo para la concursante azteca por 2-0 en cuanto a asaltos.
Al bajar del tatami, con las pulsaciones aún elevadas y el dolor de la oportunidad perdida reflejado en el rostro, Marlyn demostró la madurez de los grandes atletas al analizar el desenlace sin paños tibios.
«Me sentía en excelentes condiciones porque la preparación fue muy fuerte. Quizás me confié un poco al final y en deportes como el nuestro cualquier descuido se paga muy caro», admitió con total honestidad.
No obstante, la tunera defendió con orgullo el trayecto que la llevó hasta la final centrocaribeña: «No puedo sentirme mal con el rendimiento general de la jornada; logré imponer mi ritmo y derrotar a contrincantes de un altísimo nivel internacional».
La espina de no haber escuchado el himno nacional en lo más alto del podio sigue latente en su espíritu competitivo. «Me queda esa insatisfacción de saber que tenía el potencial para ganar el oro. Trabajamos muy duro para esto y mi mayor anhelo era regalarle ese título a Cuba, a mis compañeras y a todo nuestro colectivo de entrenadores», añadió.
A pesar del sabor agridulce, no dudó en otorgarle un profundo significado humano a su medalla de plata, dedicando este logro a quienes sostienen su carrera en la distancia y en el recuerdo.
En primer lugar, evocó a su familia y, de manera muy especial, a su hermano fallecido, de quien aseguró que hubiese disfrutado enormemente verla batallar en un escenario de esta envergadura. Asimismo, extendió el agradecimiento a sus compañeras de equipo, a quienes describió como su segunda familia en el día a día.
Finalmente, la subcampeona de Santo Domingo-2026 envió un mensaje cargado de patriotismo al pueblo que sigue sus pasos desde la Isla. «Esta medalla también le pertenece al pueblo cubano que, a pesar de todas las dificultades cotidianas y las adversidades que enfrenta, nunca deja de apoyarnos», agregó.
«Quiero que nadie dude que Marlyn lo entregó todo en el área de combate por su bandera y por su gente. Jamás pasó por mi mente rendirme; esto no se queda aquí y prometo seguir sacrificándome para cambiarle el color a esta medalla en los próximos compromisos del ciclo», sentenció con la mirada fija en el futuro.


