Camagüey, 3 ago.- Arlena Hernández Ferra tiene tres hijos y un oficio que no aparece en ningún título universitario: el de sostener la vida entre sus brazos, noche tras noche, pecho tras pecho. Esta camagüeyana ha hecho de la lactancia su principal herramienta para criar, proteger y enamorar a sus pequeños.
No es una heroína de cartón, sino una mujer de carne y hueso que cada día elige dar lo mejor de sí misma en cada toma, convencida de que la leche materna es el más completo abrigo que un hijo puede recibir.
«Amamantar es el primer acto de amor consciente que hacemos por nuestros pequeños «, confiesa Arlena con la mirada iluminada mientras sostiene al menor de sus tres hijos.
Para ella, cada toma es un ritual sagrado, el bebé busca el pecho instintivamente, y en ese encuentro piel con piel se teje un vínculo que ningún otro alimento podrá reemplazar.
«No hay sensación más poderosa que ver a tu hijo saciado, tranquilo, sabiendo que todo lo que necesita para crecer fuerte está en tu cuerpo. Esa conexión no se explica, se siente», agrega, con la certeza de quien ha vivido la lactancia como una experiencia transformadora.
Arlena habla con la convicción de quien ha investigado y comprendido el valor científico de la leche materna. «Cada gota contiene anticuerpos vivos que ningún biberón puede ofrecer. Protege a mi bebé de infecciones, fortalece su sistema inmunológico y hasta previene alergias y obesidad en el futuro», explica.

La Organización Mundial de la Salud coincide, la lactancia exclusiva durante los primeros seis meses es la inversión más rentable en salud infantil. Ella lo sabe y por eso no escatima esfuerzos, aunque el cansancio a veces pese en sus hombros y los días se hagan largos entre pañales y tareas escolares.
Esa entrega no sería posible sin el pilar que sostiene su hogar, el apoyo incondicional de su esposo y su madre. «Mi esposo se levanta conmigo en las madrugadas, me trae agua, cambia pañales, me abraza cuando siento que no puedo más. Y mi mamá, con su experiencia, me recuerda que todo es una etapa y que el pecho es el mejor regalo que le doy a mi hijo», relata Arlena con gratitud.
En una sociedad donde la lactancia aún enfrenta mitos y presiones, tener una red de afecto y comprensión marca la diferencia entre perseverar o rendirse, y ella ha tenido la fortuna de contar con ese respaldo.
Sin embargo, entre la ternura del contacto nocturno, Arlena no ignora los riesgos del colecho. «Sé que dormir con el bebé en la misma cama puede ser peligroso, asfixia, sobrecalentamiento, muerte súbita… Por eso opté por una cuna colecho, pegada a la cama, para estar cerca pero sin exponerlo», advierte con responsabilidad. «El amor no es solo abrazar, es también proteger. La cercanía se puede mantener sin arriesgar su vida», sentencia, consciente de que la información salva vidas y que la magia del vínculo no está reñida con la prudencia.
Precisamente, esa combinación de amor y precaución es lo que Arlena quiere transmitir a otras madres que, como ella, transitan el hermoso y a veces difícil camino de la lactancia. «No tengas miedo de pedir ayuda, de informarte, de preguntar. La lactancia se aprende, no viene de serie. Y si algo no sale bien, no eres mala madre, solo necesitas acompañamiento», aconseja con la voz firme.

En estos días, Cuba se suma a la celebración mundial de la Semana de la Lactancia Materna, que desde el 1 de agosto y hasta el 7 se extiende por toda la isla con actividades en hospitales, policlínicos y comunidades. Arlena, sin ser una activista profesional, se convierte en vocera natural de esta causa.
«Si mi historia puede animar a otra madre a seguir adelante, a no rendirse ante el dolor o la duda, entonces habrá valido la pena compartirla», afirma con humildad. Ella es el rostro de miles de mujeres cubanas que, en sus casas, dan pecho con la misma pasión con que se defiende una bandera.
Al final de la tarde, cuando el sol camagüeyano tiñe de oro los techos rojos, Arlena acuna a su bebé y lo acerca a su pecho. En ese instante, todo lo demás desaparece. «Esto es lo que importa», susurra. «Tenerlo entre mis brazos, sentir su calor, saber que mi leche es su escudo. No hay cansancio, ni crisis, ni ruido que pueda con esto. Es magia pura, y yo soy solo el canal».
Su historia es un recordatorio, la lactancia no es un acto menor, sino el cimiento de una vida, y en Cuba, esta semana, su voz resuena con la fuerza de la verdad más antigua y más humana. (Maykel Torres La Rosa/Radio Cadena Agramonte) (Fotos: Cortesía de la entrevistada)


