Por ANDREA RODRÍGUEZ
LA HABANA (AP) — Rugientes y lanzando bocanadas de humo negro a los peatones, los automóviles clásicos que hasta hace un año avanzaban como pesados dinosaurios por las calles de Cuba casi han desaparecido.
Los triciclos eléctricos, en su mayoría de origen chino, se han convertido en el vehículo por excelencia de la población en medio del cerco energético impuesto por Estados Unidos que agudizó la falta de combustible hasta casi paralizar el transporte.
Además, ante los recurrentes apagones, muchos dueños les han colocado paneles solares como fuente de carga, lo que les permite funcionar casi sin limitaciones.
“Esto es lo que está moviendo a las personas”, dijo a The Associated Press Liecer de la Cruz, un emprendedor de 40 años y propietario de uno de estos vehículos. “Todo aquí se está moviendo con los triciclos”.
En enero el presidente estadounidense Donald Trump amenazó con imponer aranceles a los países que vendan petróleo a Cuba, que apenas produce 40% del combustible que necesita. Desde entonces sólo un buque petrolero llegó a la isla, de los ocho que se compraban mensualmente.
El impacto en la vida diaria fue notable: se ampliaron los cortes de electricidad que ya padecía Cuba —cuya economía lleva un lustro en crisis—, se profundizó el desabastecimiento de medicinas y alimentos y se redujo ostensiblemente el transporte público.
En medio del agobio los triciclos se volvieron protagonistas: transportan todo tipo de mercancías, se usan como medio de lomoción con rutas fijas que antes cubrían los autobuses y en algunas barriadas capitalinas, como La Rampa, se utilizan para recolectar la basura.
Triciclos salvadores
“En estos momentos la única opción que hay es ésta. Si tienes el dinero, te montas; si no, no vas a ningún lado”, dijo Berta Ferrer, una empleada en una tienda de Centro Habana que se traslada cuatro veces a la semana desde La Virgen del Camino, a unos cinco kilómetros.
La mujer, de 52 años, paga unos 500 pesos cubanos —menos de un dólar— por el trayecto, una cifra considerable para los salarios que pueden alcanzar el equivalente a 10 dólares mensuales en el sector estatal y unos 40 en el privado.
Los triciclos de marcas chinas como Zonsen y Jinpeng han ganado las calles con sus baterías de gel o litio. A través de un convenio con China en la isla también se ensambla la marca Vedca.
“A veces están duros, son apretados, los hay más anchos, más estrechos, pero es lo que hay”, enumeró Ferrer.
Los precios varían dependiendo de si están techados, su tamaño –para transportar cuatro o seis pasajeros— y el tipo de batería y cuestan entre 2.000 y 4.000 dólares en las plataformas locales de venta en línea.
Muchos de los triciclos son comprados en otros países como Panamá y enviados a Cuba por familiares. También hay dueños de estos vehículos que los han adquirido gracias a las remesas que reciben. Y los pequeños comerciantes, en general, acuden a sus ahorros para hacer la inversión que no tarda en dar ganancias.
Funcionamiento asegurado
Entre los dueños de triciclos destacan los que les han colocado un panel solar en el techo para esquivar la crisis energética y seguir andando.
“Hay muchísimos triciclos en La Habana, no pasas 10 minutos en una calle que han pasado una innumerable cantidad de triciclos”, señaló el ingeniero Carlos Alvárez Laborde, dueño de un taller especializado en vehículos eléctricos, mientras le colocaba el soporte para un panel a uno de estos vehículos.
Aunque la inversión puede ser costosa —unos 500 dólares—- se amortiza rápidamente y ofrece una solución a la falta de combustible y los apagones, explicó Álvarez.
El ingeniero, de 29 años, ha colocado entre tres y cuatro paneles por semana a triciclos en los últimos meses y cada vez recibe más consultas.
“Tengo un cliente que dice que no carga (la batería) hace 15 días. Él trabaja hasta las 13 (horas) y después lo deja bajo el sol”, explicó. “Cuba al final es un eterno verano y aunque sea invierno hay tremendo sol, entonces realmente ayuda bastante”, agregó el ingeniero mientras trabajaba en el vehículo de Ricardo Quintero Rodríguez.
Quintero, de 56 años, usará su triciclo para mover la carga de un puesto de viandas que atiende junto a su familia.
“Creo que esto llegó para quedarse”, aseguró mientras observaba su triciclo.
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