Los siete hábitos de las personas altamente efectivas y la lucha por una Cuba libre

El libro «Los siete hábitos de las personas altamente efectivas», de Stephen R. Covey, no es solamente una obra sobre crecimiento personal. También puede leerse como un manual para quienes desean transformar una sociedad, construir organizaciones sólidas y avanzar hacia objetivos difíciles sin perder los principios. Para los cubanos que luchamos por la libertad, la democracia, los derechos humanos y una economía libre y próspera, sus enseñanzas ofrecen herramientas muy valiosas.
El primer hábito es ser proactivo. Esto significa comprender que, aunque no siempre podemos controlar las circunstancias, sí podemos decidir cómo responder ante ellas. Durante décadas, el régimen cubano ha implantado el miedo, la resignación y la dependencia. La proactividad exige abandonar la mentalidad de víctima permanente y asumir responsabilidad. Cada cubano puede hacer algo: informar, denunciar, organizar, ayudar a los presos políticos y a los activistas perseguidos, participar en iniciativas cívicas…La libertad comienza cuando dejamos de esperar que otros resuelvan nuestros problemas y luchamos con firmeza.
El segundo hábito es comenzar con un fin en mente. No basta con oponerse al comunismo. Debemos saber qué Cuba queremos construir. La meta debe ser una nación democrática, con separación de poderes, elecciones libres, libertad de expresión, respeto a la propiedad privada, justicia independiente y plenos derechos para todos. También debemos imaginar una Cuba donde nadie sea discriminado por sus ideas, su religión, su origen, su condición económica o su posición política. Tener claro el objetivo evita que la lucha se convierta en improvisación o simple reacción.
El tercer hábito es poner primero lo primero. En una causa democrática existen muchas urgencias, pero no todas tienen la misma importancia. Lo esencial debe ser la unidad en torno a principios básicos, la defensa de los presos políticos, el apoyo a las víctimas de la represión, la organización ciudadana y la preparación y el accionar para hacer posible la transición. Los conflictos personales, las rivalidades y los protagonismos desmedidos no pueden estar por encima de la causa nacional. Un movimiento eficaz sabe distinguir entre lo verdaderamente importante y lo secundario.
El cuarto hábito es pensar en ganar-ganar. Nadie debe imponer su liderazgo ni su proyecto de manera deshonesta y desleal. Ningún proyecto ni liderazgo se sostiene si no es fruto de elecciones transparentes o de la aprobación de la mayoría. En la política cubana futura no puede imponerse la lógica de que unos deben destruir a otros. Una democracia verdadera debe buscar acuerdos, convivencia y beneficios para toda la nación. Esto no significa impunidad ni renunciar a la justicia. Significa comprender que una Cuba libre necesitará la participación de ciudadanos con ideas diversas. La transición será más fuerte si ofrece oportunidades a quienes rompan con el régimen y se pongan del lado del pueblo que desea vivir con libertad y en democracia, siempre y cuando no hayan cometido graves violaciones a los derechos humanos.
El quinto hábito es procurar primero comprender y después ser comprendido. La oposición prodemocrática debe escucharse entre sí y escuchar a la población. Debe comprenderse y comprender el sufrimiento del obrero, del campesino, del joven sin futuro, del jubilado, del preso, del exiliado y también de quienes permanecen en silencio por miedo. No se puede dirigir a un pueblo sin conocer sus preocupaciones. Escuchar fortalece la credibilidad y permite comunicar un mensaje que conecte con las necesidades reales.
El sexto hábito es crear sinergias. La sinergia surge cuando personas y organizaciones diferentes cooperan y logran resultados superiores a los que podrían alcanzar por separado. La democratización de Cuba requiere coordinación entre opositores, activistas, periodistas independientes, familiares de presos, organizaciones del exilio, iglesias, intelectuales, trabajadores. La diversidad no debe ser vista como debilidad, sino como una fuente de experiencia y creatividad.
El séptimo hábito es afilar la sierra. Covey explica que toda persona y organización necesita renovarse. Quienes luchan durante años contra una dictadura pueden sufrir agotamiento, frustración y desmoralización. Es necesario cuidar la salud, fortalecer la vida espiritual, estudiar, prepararse, formar nuevos líderes y mantener vínculos familiares y humanos. Una causa no puede sostenerse si sus miembros están destruidos física o emocionalmente.
Estos siete hábitos enseñan que la eficacia no depende solamente del talento o del deseo de triunfar. Depende del carácter, la disciplina, la visión, la cooperación y la fidelidad a los principios. La lucha por una Cuba libre necesita personas capaces de gobernarse a sí mismas antes de pretender gobernar una nación.
La democracia que queremos construir debe comenzar en nuestra conducta presente. Ser responsables, escuchar, cooperar, respetar las diferencias, actuar con integridad y mantener una visión clara del futuro son pasos indispensables. La libertad no será solamente el resultado de la caída de una dictadura. Será la obra consciente de ciudadanos preparados para construir una república donde todos los cubanos podamos vivir con dignidad, justicia, plenos derechos y prosperidad.
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