
@MOrdetx
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«Si me pierdo que me busquen en Cuba o en Andalucía».
García Lorca
A Federico lo fusilaron por irreverente contra las falacias de aquellos tiempos, y el fascismo no lo perdonó. El miércoles 19 de agosto, noventa años atrás, todavía las noticias de su fusilamiento estaban de boca en boca luego de la detención en la querida Granada, convulsa desde un mes antes por disturbios y huelgas que dejaron las elecciones de febrero último, anuladas por las Cortes.

Incluso, en septiembre, recoge la prensa española, hay dudas sobre el asesinato: Fue en Guadex, Córdoba o Granada… Todavía hay vacilaciones entre investigadores, según testimonios y carencias de documentos fiables, referidas al momento preciso de la muerte. Unos dicen que fue en la madrugada del 17 de agosto y no el 18 como suscriben otros. No obstante, es una fecha en la cual los falangistas creen que la República y el Frente Popular caerían en el menor tiempo posible.
Un mes antes Lorca está reunido con su familia y percibe su ciudad un panorama sombrío, incierto. Él desafía y desanda por las calles de la localidad. Desde entonces la suerte del poeta «está echada» al ruedo: hay zozobra y miedo en el ambiente y los falangistas conocen a la perfección quién es Federico y cuánto de universalidad retumba en su literatura y llegan, incluso, a apodarlo «El obrero amanestrado», como apostilló José Antonio Primo de Rivera, como quien echar más leña a la hoguera…
De nada valieron voces amigas e intelectuales locales que interpelaron en defensas ante las autoridades fascistoides. Ocurrió el fusilamiento y, por compañía frente al pelotón militar, allí están un maestro y dos banderilleros anarquistas. Desde entonces no existe el sitio exacto de sepulcro. De modo que su último adiós está disperso en muchas partes del mundo, lugares en los cuales colocan flores, entonan versos y pregonan sus sueños incesantes de libertad y respeto universal…
El poeta en su Isla
No voy a hacer un refrito de cuánto escribí, así como tampoco la aparición de lecturas, de un camino inexplorado en apariencias, de la permanencia del poeta granadino en el centro cubano. El entusiasmo, primero, lo propagó Severo Bernal Ruiz, olvidado declamador dilecto de Las Villas en otro tiempo, junto los comentarios escritos por el poeta Emilio Ballagas, o las búsquedas por localizar historias del inconfundible y extraño Arturo Carnicer Torres, las visiones de Samuel Feijóo, por nombrar, tal vez, los criterios menos encumbrados.

Del libro Lorca, el inquietante (publicado con deudas de impresión en su tirada inicial por Capiro 2025), están contenidas las apreciaciones de aquel recorrido del granadino por Sagua la Grande, Caibarién, Remedios y Santa Clara, así como contrastación de fuentes documentales, periódicos y revistas, de cuánto dijo e hizo el poeta invitado por las filiales de la Institución Hispano-Cubana de Cultura en las dos primeras localidades. El estudio, obvio, no aborda las dos visitas indistintas que hizo a Cienfuegos.
Previo a la salida del ensayos anterior, amigos cubanos y españoles, entre los que no podría dejar de mencionar al hermano Jesús Díaz Loyola, o Luis Morillo Vilches, conocedores a priori de hacia dónde iban las investigaciones, ya concluidas, sobre la estancia de García Lorca en el centro cubano —primera de aquellas visitas que hizo al romper la primavera de 1930—, se liaron para que el periodista Xavier Rossell pasara comunicación sobre el documental que se rodaría en la Isla y era requerida mi presencia, en calidad de indagador contemporáneo, para compartir gustoso las opiniones con otros investigadores caribeños: Ciro Bianchi Ross, Urbano Martínez Carmenate y la lingüista Tania Licea.
Cosa rara en el mundo: de los viajes frecuentes de Santa Clara a San Luis, en Pinar del Río, antes de llegar a La Habana, surge una llamada telefónica. Era la voz de José Antonio Torres, uno de los directores del documental, insistiendo en mi presencia durante las sesiones del rodaje. Apenas estaría unas horas de estancia habanera antes de partir a la más occidental de las provincias cubanas, pero todo bastaría en tiempo para concurrir al sitio acordado.
Así se produjo la incidental apariencia, previo maquillaje, en las sesiones de grabación y acuerdo de qué hablaría. Nunca más supe en corto tiempo del documental «Lorca en La Habana», preparado por Planos Katharsis, en colaboración de Canal Sur, así como la codirección del poeta, narrador y animador cultural Antonio Manuel Rodríguez Ramos y la participación de un equipo de rodaje que dejó amigos que surgieron en la sesión de entrevista en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, en La Habana.
El documental, por título genérico «Lorca en La Habana», ofrece al mundo espectador una etapa casi desconocida y singular del poeta en la Isla, aquella que signó el 7 de marzo y se propagó hasta el 12 de junio de 1930, en casi 98 días de «vivir» lo inusitado hasta entonces.
La documentación guía la ficción y se complementan en el decir de personas que, de alguna manera u otra, compartieron con Lorca en Cuba. No están todas, aunque en la cinta aparecen Flor Loynaz, Nicolás Guillén, José María Chacón y Calvo, Lydia Cabrera y Adolfo Salazar, y entre los ausentes se obvia a Francisco Campos Aravaca, su amigo español y cónsul en Cienfuegos, así como Ciro Espinosa y…
Xavier Rosell comenzó a propagar las buenas nuevas y los éxitos del documental durante sus presentaciones en festivales ibéricos en los cuales comenzaba a descubrirse, entre los «españoles» al verdadero García Lorca y su inusitado viaje a la Isla caribeña.
García Lorca y Cuba, estudio de Martínez Carmenate, luego ampliado el pasado año, fungió de eje a los guionistas que, contaron, además, con la participación Trébol Gitano y Teatro de Las Estaciones, agrupaciones escénicas de Matanzas, así como de actuaciones de la Agrupación Descendencia Rumbera “Chano Pozo” y los soneros de “Ke Bolá”, en una muestra, casi similar, de interés del poeta por recorrer el contexto cubano en todos sus confines. También se incluye «Habanera de máscara», texto poético original de Antonio Manuel y musicalizado por Jesús Bienvenido quien, además, la interpreta con Roko.
El rodaje en Cuba transcurrió entre La Habana y Matanzas aunque hay mención insistente en el hilo conductor de los investigadores en hacer mención a las once localidades que visitó Lorca durante los 98 días que vivió en la Isla: ahí, por supuesto, está incluida Sagua la Grande, Caibarién, Remedios, Santa Clara y ¡claro está!, Cienfuegos.
Historias y anécdotas, perdidas en el tiempo y recogidas por estudiosos, hay por doquier. En apartados lugares, de soledades y meditación, escribió Lorca «Son de negros en Cuba» y también inició las piezas teatrales El Público, Yerma y unas pocas cartas a su madre…
El 3 de junio del pasado año, en el anfiteatro Varona, de la Universidad de la Habana se estrenó por vez primera en Cuba el documental, patrocinado, además por la empresa española Gapsa, dirigida por Enrique González Becerra.
A la presentación acudió un grupo del personal de filmación, así como los directores del documental y Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, de España. Luego hubo otra presentación en sedes de la Oficina del Historiador de La Habana hasta que se pasó a las Jornadas Lorquiana que preparó la ciudad de Matanzas para recordar el recorrido del poeta granadino por ese territorio en el cual jamás disertó, pero dejó una huella indeleble.
Después siguieron presentaciones, nuevamente en Cuba, en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano y Pobre, en Gibara, donde también se constató al García Lorca irreverente contra todo tipo de odios e intolerancias por las cuales pueda transitar el ser humano en la más insospechada de las latitudes y los tiempos.
Algo insólito: el día de la presentación en el Anfiteatro Varona, en La Habana, el personaje que encarna a Lorca, habla de una huelga de teléfono, «cosa graciosa», en alusión a aquella que ocurrió en Cuba el 20 de marzo de 1930, principio del derrocamiento de la dictadura de Machado. Allí, en las calles capitalinas estuvo García Lorca y sintió un ambiente convulso, de estremecimiento. Algo parecido, 95 años después, se palpitó ese día de 2025 cuando, de buenas a primeras, se impuso el llamado «tarifazo», ocasión que dejó en los asistentes a la presentación inicial en Cuba un rastro de risa irónica. Son casualidades históricas.
¿Qué deja el documental? Lecciones para afirmar que el poeta, deudor de Don Luis de Góngora, de Pedro Soto de Rojas y paladín de la Generación del 27, marcó una huella, un rastro, que todavía persiste inabarcable, en la región villareña y en la Cuba de nuestros días.


