Raquel, la madre de mi progenitor nació en Tampa, la trajeron a Cuba con apenas 3 años y aquí crio hijos y amó nietos hasta el absurdo. Tenía el cabello blanquísimo y abundante, una bondad poco vista y un amor infinito por esta isla. Ella era la calma, la paz a prueba de muchos vendavales, la lealtad y esa sonrisa que no pudo robarle una existencia muchas veces solitaria.
Mami, mi abuela materna, me llamaba a veces “Raquelita”, evocaba sin recelos el parecido físico de su única nieta hembra con “la otra parte de la familia”. Mami es la mujer más fuerte, más resiliente que he conocido. Cuando siento que la vida me pesa demasiado, la invoco ¿quién mejor que esa guajira que parió siete hijos y perdió tres demasiado pronto? Eso de endurecerse sin perder la ternura es ella en esencia, Rosa María Cruz Quintana, la que siempre tenía un flan debajo de la manga para consentirnos, pero mandaba más que un General de División y, hasta los últimos días, tuvo preparada su jabita de plástico para salir detrás de cualquier nieto que la necesitara, aún con los malditos pulmones robándole el aliento, mami siempre estuvo para sus siete nietos.
Mi abuelo, el Wamba, el viejuco de la cachimba y las piernas “escarranchadas” en el sillón, el de las cosquillas tremendas, los hornos de carbón, las canastas de bejuco y las luces increíbles en alguien que solo pudo completar el sexto grado cortando sus propios pedacito de caña de azúcar para la merienda de la escuela. Gracias a papi “las chiquillas” se becaron cuando tocó, mi madre conoció Santiago de Cuba y nosotros, los siete nietos, podemos vanagloriarnos de haber crecido con un abuelo de ensueño, de los que te inventan cuentos inverosímiles y te calientan hojas de almácigo para el resfriado.
Cada 26 de julio se celebra el día de los abuelos, esos ángeles guardianes que nunca nos pierden ni pie ni pisada.
El ángel guardián, de Gabriela Mistral
Es verdad, no es un cuento;
hay un Ángel Guardián
que te toma y te lleva como el viento
y con los niños va por donde van.
Tiene cabellos suaves
que van en la venteada,
ojos dulces y graves
que te sosiegan con una mirada
y matan miedos dando claridad.
(No es un cuento, es verdad.)
Él tiene cuerpo, manos y pies de alas
y las seis alas vuelan o resbalan,
las seis te llevan de su aire batido
y lo mismo te llevan de dormido.
Hace más dulce la pulpa madura
que entre tus labios golosos estrujas;
rompe a la nuez su taimada envoltura
y es quien te libra de gnomos y brujas.
Es quien te ayuda a que cortes las rosas,
que están sentadas en trampas de espinas,
el que te pasa las aguas mañosas
y el que te sube las cuestas más pinas.
Y aunque camine contigo apareado,
como la guinda y la guinda bermeja,
cuando su seña te pone el pecado
recoge tu alma y el cuerpo te deja.
Es verdad, no es un cuento:
hay un Ángel Guardián
que te toma y te lleva como el viento
y con los niños va por donde van.


