Hay realidades que no necesitan muchas explicaciones porque las estamos viviendo en carne propia. En la Isla de la Juventud, hablar de salud hoy es hablar de preocupaciones que se repiten en muchas casas: alguien con fiebre, otro con dolores en el cuerpo, diarreas, síntomas respiratorios… y una familia preguntándose qué tiene su ser querido y cómo ayudarlo a sentirse mejor.
Dengue, chikungunya, Oropouche, infecciones diarreicas agudas e infecciones respiratorias son nombres que escuchamos con preocupación. Pero detrás de cada uno hay algo que no podemos perder de vista: no estamos hablando solamente de enfermedades, estamos hablando de personas, de familias y de una comunidad que necesita cuidarse.
Y es que cuando alguien enferma, la preocupación no se queda en la consulta médica. Llega a la casa, cambia las rutinas, obliga a buscar medicamentos, a estar pendientes de la fiebre, a pasar noches sin dormir. Quienes tienen niños pequeños o adultos mayores en casa saben muy bien lo que significa verlos enfermos y no tener todas las respuestas de inmediato

Por eso, este no es un llamado a vivir con miedo, sino a tomar conciencia. A no restarle importancia a una fiebre, a un dolor intenso o a una diarrea que se repite. A no automedicarnos ni esperar a que los síntomas empeoren para buscar atención médica. Y también a entender que prevenir estas enfermedades requiere acciones concretas: eliminar los recipientes donde se acumula agua, mantener la higiene de los alimentos, consumir agua segura y cuidar la limpieza de nuestro entorno
Pero hay algo más: no podemos dejar toda la responsabilidad en manos del ciudadano. La prevención también necesita condiciones sanitarias adecuadas, recogida de desechos, control de vectores, información oportuna y una respuesta efectiva de las instituciones responsables. La responsabilidad individual y la colectiva tienen que ir de la mano
En una Isla donde todos, de una forma u otra, compartimos espacios, familias y comunidades, cuidarnos también significa pensar en el otro. En el vecino que vive solo, en el anciano de la casa de al lado, en el niño que depende de los adultos para proteger su salud.
Quizás la pregunta que debamos hacernos no sea solamente cuántas enfermedades están circulando, sino qué estamos haciendo, desde nuestro lugar, para evitar que sigan enfermando más personas
Porque la salud comienza mucho antes de llegar a un consultorio. Comienza en casa, en el barrio, en la responsabilidad con que vivimos cada día. Y cuando se trata de cuidar la vida, la prevención no puede esperar.
