En 1913, Madrid y varias capitales iberoamericanas vivieron la primera celebración de la “Fiesta de la Raza”, impulsada por Faustino Rodríguez-San Pedro desde la Unión Ibero-Americana. La idea era unificar el 12 de octubre en España y América para conmemorar la llegada de Colón a tierras americanas en 1492 y, sobre todo, hermanar a las naciones por su lengua, historia y culturas compartidas. Aunque la oficialización definitiva llegaría años después, aquel domingo se convirtió en el punto de partida de una conmemoración que cruzó el Atlántico.

Los actos de aquel 12 de octubre incluyeron discursos, artículos de prensa, izadas de banderas y homenajes a Colón. En países como Argentina, Uruguay, Panamá o Guatemala, la fecha comenzó a ganar presencia oficial y popular. La prensa la presentó como un símbolo del mestizaje y de una identidad hispanoamericana común, aunque también surgieron voces críticas con el término “raza” y con el relato heroico de la conquista. Pese a ello, en 1913 predominó la esperanza de unidad entre pueblos separados por el océano pero unidos por la historia.

Hoy, más de un siglo después, aquel 12 de octubre de 1913 sigue siendo importante porque dio origen a una conmemoración que ha evolucionado y sigue interpelándonos. Lo que entonces se llamó “Fiesta de la Raza” es hoy en muchos países el Día de la Hispanidad o el Día del Respeto a la Diversidad Cultural, una jornada que invita a reflexionar sobre la herencia compartida, el mestizaje, los derechos de los pueblos originarios y la necesidad de construir una Iberoamérica más inclusiva. No es solo un recuerdo histórico: es una oportunidad actual para revisar nuestra identidad y nuestra convivencia.


