Una iniciativa de La Tiza Films contribuye a la recreación de niños y adultos
Desde el inicio del verano, cada viernes a las nueve de la noche, un oasis de luz, sonido y movimiento transforma el entorno de Tulipán y Loma. Con suficiente antelación, numerosos moradores de los edificios circundantes acuden a ese patio poblado de sillas plásticas y bancos de madera, buscan el mejor sitio; algunos juegan dominó, compran algo para tomar.

Justo a la hora del cañonazo la pantalla se ilumina, resalta en medio de la barriada a oscuras. Todavía se escuchan conversaciones, saludos, los rezagados intentan hallar donde sentarse. Aparecen cojines que se colocan en el piso, delante de la primera fila. Empieza la función, similar a la de los tradicionales cines al aire libre.
En realidad, la opción del Kino Móvil no surgió el pasado julio, sino mucho antes y como una iniciativa de La Tiza Films, un colectivo dirigido por Daniel Hernández Arévalo. Esa productora audiovisual independiente, o sea, un emprendimiento particular, arrienda el local de los otrora laboratorios químicos del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic). Allí “se hacían los duplicados de las películas. Pero en la década de los 90 eso quedó obsoleto y el espacio permaneció semiabandonado”, expresa el realizador.
Luego de restaurarlo, acomodarlo, e iniciar las tareas de filmación, él pensó en sumar una alternativa a su labor principal: “Nos dimos cuenta de que la comunidad no era de las más favorecidas en cuanto a actividades culturales; decidimos hacer aquí la Peña de la Sombrilla, organizada por mi padre, vinculada con los oyentes de Radio Progreso, y el Kino Móvil”.
Acerca de la segunda propuesta, especifica que en 2025 transcurrió de forma intermitente. “Comenzamos antes del verano y la alargamos hasta fin de año; se hicieron alrededor de nueve sesiones.
“Como soy cinéfilo y me interesa el cine de autor, la primera cinta que proyectamos fue Ocho y medio, de Fellini. Vinieron pocos espectadores. Estuvimos unas cuatro semanas poniendo ese tipo de filmes. Cuando presentamos Cinema Paradiso (dirigida por Giuseppe Tornatore), que entra en esa categoría, pero es bien recibida por los públicos en general, asistieron 120 personas. Comprendí que debía ofrecer producciones algo más cómodas para quienes no fueran consumidores o estudiantes de arte”.
–¿Cuáles cintas eligieron este año y cómo ha respondido el vecindario?
–Seleccionamos películas exhibidas en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, incluidas las cubanas. Han tenido tremenda aceptación. A ver Vampiros en La Habana (de Juan Padrón) vinieron casi 300 personas; debido a la lluvia improvisamos la proyección dentro del estudio y funcionó.
“Otros filmes proyectados han sido Esperando la carroza (de Alejandro Doria), La historia oficial (de Luis Puenzo), El clan (de Pablo Trapero), Un cuento chino, cuyo protagonista es Ricardo Darín; Fresa y chocolate (de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío), Los sobrevivientes (también dirigido por Gutiérrez Alea). Para el resto del mes escogeremos dos películas latinoamericanas y quizás una cubana bien popular. Todas esas obras cinematográficas han trascendido por su alto valor artístico”.
–¿Continuarán a lo largo de 2026?
–Nuestra intención es mantener las presentaciones cada viernes. Aspiramos a que con los emprendimientos locales y algún patrocinador el espacio se autofinancie. Porque la comunidad merece que haya una opción recreativa de noche, a pesar de tantos apagones. Esperamos, a partir de septiembre, exhibir algunos títulos foráneos taquilleros; y buenos filmes cubanos, por ejemplo, Conducta y Los dioses rotos, ambos de Ernesto Daranas, los espectadores se van a enamorar o a reenamorar de esas películas, al verlas en alta definición.
“Cuando tengamos mayores posibilidades y presupuesto, en el futuro, vamos a rotar el Kino Móvil por diferentes barrios cercanos a esta localidad”.
–¿Perspectivas de estrechar los lazos institucionales, con el propio Icaic, o el Ministerio de Cultura?
–Por nuestra parte, estamos ciento por ciento abiertos al diálogo. Hemos pensado en crear una estructura que le pueda ser útil al Icaic en cuanto a las labores de restauración del cine. La Tiza Films comparte el mismo edificio con los Archivos Fílmicos. Los problemas con la electricidad afectan la conservación de las cintas guardadas. Quisiéramos poder energizar con paneles solares las bóvedas y adquirir dispositivos con el propósito de digitalizar dichas películas. Para nosotros sería cumplir un sueño y el Estado no se vería limitado por las altas tarifas internacionales.



Algunos de los filmes exhibidos. / Cortesía del entrevistado


La entrada La gran pantalla en el barrio se publicó primero en Revista Bohemia.
