La crisis en Cuba se ensaña con los ancianos
Cuba se hunde cada vez más en la crisis: el endurecimiento del embargo petrolero y la debilidad económica están afectando especialmente a los ancianos. A pesar de la precariedad, muchos siguen confiando en el gobierno.
Imagen: Ramon Espinosa/AP Photo/picture alliance
La población envejece cada vez más
Un grupo de personas de la tercera edad espera una comida gratuita en el comedor de una iglesia: a raíz del embargo petrolero impuesto por EE. UU., la crisis económica se ha agravado considerablemente desde principios de año. En un país que ya de por sí tiene una población muy envejecida, son ellos quienes soportan la mayor carga de la escasez de suministros.
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El dinero no alcanza
A finales de 2024, según la Oficina Nacional de Estadística del país, casi el 26 por ciento de la población cubana tenía 60 años o más. Carmen Casado, una ingeniera química jubilada de 84 años, vive sola en una habitación de una casa en ruinas. Asiste regularmente a un comilón que organiza la iglesia, ya que su pensión mensual, equivalente a cuatro dólares, apenas le alcanza para sobrevivir.
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La iglesia como proveedora
Las comidas en la Iglesia del Espíritu Santo son sencillas: carne molida, arroz, frijoles rojos y galletas con mayonesa. Para muchos, estas comidas ofrecen algo más que sustento. Brindan un poco de rutina, alivio y compañía durante largos días de escasez, trastornos y soledad.
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Dejados a su suerte
Los más ancianos de la isla eran jóvenes cuando Fidel Castro llegó al poder. En su avanzada edad, viven una nueva época de escasez. Esto pone de manifiesto las limitaciones de las pensiones, el racionamiento de alimentos y su propia capacidad de adaptación. Los efectos son visibles en el día a día: las personas mayores caminan solas por las calles o hacen largas colas para conseguir pan y arroz.
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Dependiente de cuidado externo
Julia Barceló, de ochenta y tres años, se encuentra en su modesta habitación con una amiga que le ha traído comida de la iglesia. Se está recuperando de un tratamiento contra el cáncer de mama y no puede salir de casa. Necesita ayuda urgentemente. En La Habana no existe ningún servicio público de cuidado a los mayores.
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Una vida modesta
Carmen Casado rebusca en la vieja cómoda de su apartamento en La Habana. Muestra signos de antigüedad y abandono. A pesar de la pobreza y la soledad, sigue confiando en el gobierno y culpa a Estados Unidos de la difícil situación de la isla.
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