Kemel Gallo, Maestro Internacional
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Kemel Gallo, Maestro Internacional

Es cuestión de tiempo. También de rigores de oficialización. Pero Kemel Antonio Gallo García ya cuelga en su aval el título de Maestro Internacional (MI) de Ajedrez.

Escribirlo es más fácil que aquilatar el tamaño de su éxito. Con él, solo tres espirituanos ostentan esa alta categoría, que antes conquistaron Pedro Alejandro Jiménez Fraga y Guillermo Estévez Morales, quien se considera el primero en lograrlo y, a pesar de no jugar por esta tierra, es natural de Meneses, Yaguajay, según sostiene Osmani Pedraza,  estudioso de este deporte en el territorio, quien agrega que se le fue oficializado en 1972.

Para concretarlo Gallo buscó y aprovechó un evento de alcurnia, tanto como el más reciente internacional Capablanca In Memoriam 2026 en su edición 59.

Por eso, más que su quinto lugar en un grupo tan exigente como el denominado Open (cuatro victorias, cuatro tablas y una derrota) y, más allá de que se extrañara la presencia de jugadores de relieve que eran tradicionales participantes en el evento, lo esencial para el muchacho de 23 años fue que pudo sumar los puntos hasta superar los 2 400 de ELO que respaldan su tercera norma de MI.

No fue tampoco un evento menor. “Todo el mundo sabe la situación que tiene el país y por eso no vinieron tantos extranjeros como hace algunos años, pero el nivel fue similar al anterior”, evalúa desde dentro y desde fuera este muchacho que ha sido la noticia para el ajedrez espirituano en los últimos años.

Al saber que dependía de él mismo alcanzar el registro en un evento oficial como este y refrendado por la Federación Internacional, Kemel ganó, primero, una partida interna, tras lograr las primeras dos normas en el Campeonato Centroamericano Juvenil en Honduras, y el Campeonato Nacional de 2024.

 “Me lo tomé diferente, analicé mis partidas en otros torneos y decidí que este Capablanca lo iba a jugar más tranquilo, o sea, que si salía la victoria que saliera, pero que no iba a buscar el punto porque últimamente estaba arriesgando más de la cuenta y al final terminaba casi siempre en tablas. De hecho, en el anterior que jugué, en noviembre en La Habana, hice nueve tablas y solo gané uno y eran mucho menos fuertes los rivales, sin menospreciar a nadie, porque siempre tienes que luchar para ganar. Ahí noté que estaba buscando demasiado el punto. Por eso me concentré en hacer mi juego tranquilo y luego, que pasara lo que pasara”.

Y pasó. De ahí que experimentara sensaciones sublimes cuando supo que al fin había escalado a un peldaño superior. Respiró feliz y sintió que habían valido la pena las tantas horas de exprimirse las neuronas, en situaciones tan complicadas como las partidas que le exigen frente a un tablero

 “Prácticamente no había podido entrenar y, de hecho, me sorprendió de verdad ese resultado, no porque no tuviera el nivel ni mucho menos, sino que con este tema de los apagones, sin Internet, que es muy necesario para el ajedrecista; internacionalmente es lo se usa, incluso la mayoría de los muchachos en Cuba, no sé la forma, pero tienen acceso a esa tecnología. En realidad, es muy difícil eso de treinta y tantas horas sin luz y solo tres con ella, era brutal, se necesita de la red de redes no solo para entrenar, sino para bajar los ejercicios, descargar los últimos libros de ajedrez que salen, y simplemente no podía”.

Así y todo, lo logró, porque situaciones similares y más, debió pasar en los siete años que mediaron entre el momento en que alcanzó la norma de Maestro FIDE hasta ahora.  Pudo haber llegado antes, pues Kemel se ausentó de otros eventos “por problemas, pero esta no es tampoco una carrera de velocidad en un deporte en el que la longevidad no es un obstáculo para competir. Todo lo contrario.

“Es verdad que pude alcanzarlo antes, demoré más del tiempo que debía para lograrlo, tuve muchas oportunidades buenas, pero simplemente no se dio”.

Era también una cuestión de honor. En dos torneos Capablanca que había participado antes, le había ido “bastante mal, sinceramente”, según sus propias palabras.

De ahí extrajo no solo la norma. Se colocó como el segundo espirituano con mejor ELO, detrás de Alejandro Jiménez Fraga, que había llegado a 2 486, mientras él ostenta 2 394.

Tampoco es que se haya cruzado de brazos en esos siete años. Cuando ha podido participar en este o aquel evento, el muchacho lo ha aprovechado con creces. En el 2023, por ejemplo, se convirtió en el primer yayabero en participar en un evento ajedrecístico mundial, contadas todas las categorías, cuando intervino en el Campeonato Mundial Juvenil de Ajedrez, que tuvo por sede la ciudad de México.

Allí consiguió 6,5 unidades, que le valieron para ganar 14 puntos y ubicarse en el lugar 35; y, aunque no pudo lograr su objetivo principal, que era ganar al menos una norma para MI, se midió con rivales de valía y con el que considera más complicado: él mismo.  Entonces, daría una definición de ciertos rasgos que, al parecer, el tiempo y el talento le han ayudado a corregir. “Algunas partidas las juego que parezco un niño y juego otras que parezco ser Magnus Carlsen, es triste”.

 Luego, en el 2024, volvió a ganar titulares provinciales cuando ocupó el sexto lugar en el Campeonato Nacional Absoluto de Ajedrez, en Holguín 2024, que constituye la mejor ubicación histórica de un trebejista del patio.

Hacia delante, al menos a corto plazo, no se vislumbra ningún evento. El más cercano es el Campeonato Nacional, que casi siempre se hace en febrero, pero habrá que esperar por lo que permitan las difíciles condiciones económicas del país.

Mas, Kemel no deja de mover las piezas que alimentan las casillas de la ilusión de todo ajedrecista a nivel mundial: convertirse en Gran Maestro. No es solo elevar el ELO. Es un tramo que le falta para sumar los 500 puntos que se exigen con sus tres normas.

“Lo veo bastante posible, pero lleva mucho tiempo, mucha dedicación, mentalmente me siento más maduro y eso ayuda”.  

Por ahora, lo que cuenta es su categoría de MI, que nadie se la va a quitar. En días o meses la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE por sus siglas en francés) lo oficializará, pero Kemel ya tiene en el pecho la conquista a fuerza de su tenacidad y sacrificio.

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