José Dolores Poyo, tan insigne
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José Dolores Poyo, tan insigne

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José Dolores Poyo.
Foto: Tomada de Ecured

Fue escritor, poeta y periodista; uno de los fundadores del Partido Revolucionario Cubano y una de las fundamentales figuras que, desde la emigración, colaboró con los aprestos de la Guerra de 1895. Fue, por solo citar algunas de las responsabilidades que asumió, presidente del Cuerpo de Consejo de Cayo Hueso y del Club revolucionario Luz de Yara. Varios fueron los periódicos que dirigió, lejos de su patria, pero luchando por ella. Su nombre es José Dolores Poyo y merece veneración y respeto.

Había nacido el 24 de marzo de 1836, en La Habana, pero se vio obligado a emigrar con su familia, dada la persecución que vivía, debido a su evidente simpatía con la causa de los mambises. Cayo Hueso fue testigo de sus desvelos por la libertad de Cuba. En las obras humanas está la esencia de quienes las erigen.

Del periódico El Yara, que fundó este patriota en 1878, y que por 20 años difundió el pensamiento insurrecto de los cubanos, dijo su nieto Raúl Alpízar Poyo, en su libro Cayo Hueso y José Dolores Poyo, (dos símbolos patrios), que salía de la prensa «como una luminosa antorcha, que proyectaba sus resplandores sobre todas las conciencias de Cuba y de la América Libre».

En el libro se ofrecen detalles de cómo se concretó aquel periódico con el sueldo de su abuelo «en el ingrato cargo de lector de tabaquería», y con el que colaboraban otros miembros de la familia, la cual afectaba incluso su alimentación, para poder reunir los componentes necesarios para su impresión. El Yara carecía de anuncios y todos sus lectores eran gratuitos.

Órgano del Partido Revolucionario Cubano en Cayo Hueso, en el rotativo publicaron trabajos, entre otros, José Martí, Lincoln de Zayas, Gonzalo de Quesada, Aurelio Ramos, Carlos Baliño, Fermín Valdés Domínguez y Ricardo Arnautó (Juan Mambí); y aunque no se conserva ninguna colección completa, sí existen algunos ejemplares en el Archivo y la Biblioteca Nacional de Cuba.

Escasos datos sobre la vida de José Dolores aparecen en varios sitios de internet, y su nombre se lee en algún que otro libro de historia, pero tiene que haber sido muy grande este hombre, y muy probada su honra, para merecer el afecto y la confianza que le profesaron José Martí y Antonio Maceo, próceres de la independencia de la Isla.  

«El pundonor de Cuba se hizo hombre y se llamó José Dolores Poyo: a su virtud, a su talento, a su elocuencia, a su corazón, dedico este tributo», le escribió al dorso de un retrato «Su hermano, José Martí».

De gran significación resulta saber que la célebre aseveración del Titán de Bronce, cuando aseguró: «(…) Pero quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha», forma parte de una misiva que le enviara Maceo a Poyo, el 13 de junio de 1884, desde San Pedro Sula, Honduras. En ella le dice, además, que «Cuba tiene muchos hijos que han renunciado a la familia y al bienestar, por conservar el honor y la Patria. Con ella pereceremos antes que ser dominados nuevamente; queremos independencia y libertad».

Entre esos hijos, que habían renunciado al bienestar y que estaban dispuestos a perecer antes de aceptar la supremacía foránea, Maceo reconocía a José Dolores, a quien se dirige con un «Distinguido compatriota».

Toda la razón le asistió a su nieto Alpízar Poyo, cuando en el prólogo del ya citado libro, habla de «nuestro abuelo inolvidable y admirado», como una gran figura, «digna por todos conceptos de la veneración de los cubanos», entre la pléyade de patriarcas de las emigraciones.

En esas líneas asegura, con una mezcla de fervor y aflicción, «que nunca podrá la pluma de un modesto escritor presentar en toda su grandeza y sus virtudes a hombre tan insigne, sin dejar olvidado alguno de sus hechos valiosos y muchos de sus austeros sacrificios, en treinta años interminables, de labor revolucionaria, en un ambiente al principio hostil y en una pequeña colectividad de obreros».   

Tenía 75 años cuando falleció en La Habana, el 26 de octubre de 1911. A 115 años de su deceso, no debe rezar en nuestros saberes, simplemente como el amigo de Martí, o como uno de los fundadores del Partido Revolucionario Cubano, que tales suelen ser sus más añadidos nombramientos. En su recta vida hay más, y justo es que se conozca.

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