¿Acaso pueden estar equivocadas 130 naciones soberanas?, la dignidad de los pueblos vuelve a aplastar el chantaje imperial en la ONU.
El intento de la diplomacia estadounidense por fracturar la histórica solidaridad global con Cuba colapsó una vez más frente a la postura firme de la comunidad internacional en la sede de las Naciones Unidas.
Durante meses los despachos del Departamento de Estado se convirtieron en centros de extorsión política, donde diplomáticos norteamericanos desplegaron presiones inéditas para forzar abstenciones, provocar ausencias de última hora o arrebatar votos favorables a la causa cubana.
Pocos precedentes existen de una cacería de votos tan agresiva, con diplomáticos amenazando abiertamente con represalias económicas y financieras a las naciones soberanas que se negaran a ponerse de rodillas ante su dictamen unilateral.
Sin embargo, el coraje político y la dignidad continental prevalecieron sobre las intimidaciones, demostrando que la inmensa mayoría de los gobiernos del planeta no le temen a los exabruptos de la superpotencia ni aceptan órdenes dictadas desde la Casa Blanca.
Esta indiscutible victoria diplomática confirma que, incluso bajo el escenario más manipulado y hostil, la causa de la Isla caribeña continúa abrazada por el sentimiento ético del mundo civilizado.
Nada en el derecho internacional ni en los principios básicos de la convivencia humana puede justificar una política orientada deliberadamente a matarnos por asfixia económica y privaciones cotidianas.
El bloqueo contra la Isla no constituye una simple disputa bilateral, sino un acto genocida y una estrategia de castigo colectivo pensada para estrangular el bienestar del pueblo cubano desde el plato de comida hasta el suministro de medicamentos esenciales.
Queda demostrado ante los ojos del mapa global que Cuba no es una amenaza para nadie y que el verdadero peligro para la paz y la soberanía de los Estados reside en el cerco económico impuesto por el imperio estadounidense.
Cada voto sumado en la Asamblea General representa una bofetada directa al lobby de Washington y un monumento al valor de los pueblos que rehúsan someterse a los dictados de la fuerza.
La Isla amanecerá más acompañada y firme que nunca, respaldada por la certeza de que el amor solidario del mundo es invencible frente a la arrogancia diplomática del norte.


