Como es conocido, recientemente en Estados Unidos se celebró lo que resulta verdaderamente correcto, es decir, conmemorar la independencia de un país que ya cumple 250 años. En este caso, una gran nación que logró con derecho hacer de 13 colonias británicas Estados independientes, para integrar, al cabo, un conjunto de 50. Y, por supuesto, la humanidad entiende que, con tanta razón, se festeje con gran alegría. Pero cuando la festividad se mancha con lodo, entonces lejos de convertirse en algo natural, pasa a ser un insulto al propio pueblo estadounidense y, en el mejor de los casos, un hecho irreverente que ninguna nación y su pueblo merece. ¿Por qué afirmé lo anterior? Vea usted: Todas las naciones de este mundo nuestro merecen respeto y consideración y entonces, obviamente, se incluyen los países poderosos del mundo rico, pero también otros que viven perennemente aguardando y esperando que aquellas cesen de explotarlos para lograr ser verdaderamente Independientes; que no se hable más de colonias, de subordinación, de sojuzgamiento, de abuso, de robo de recursos, de amos y sirvientes. Repito: todas las naciones merecen respeto, pero también las que, ni siquiera, saben qué es justicia. Claro, la historia está siempre como vigilante, y conoce muy bien de manchas que algunos se empeñan en no borrarlas, ¡y hasta quieren aumentarlas! Grandes próceres se han esforzado en hacer crecer entre los hombres la fraternidad, la solidaridad, la lealtad a la patria, la justicia y la igualdad, sin amos ni sirvientes. Pero eso no es verdad para algunos que tienen como único objetivo de vida la riqueza por encima de toda ansia de bienestar y paz. Al respecto, me parecen oportunas las siguientes verdades que, aunque son conocidas, arrojan mucha luz sobre la esencia de un sistema que se autodenomina como ejemplo. Vea: En Estados …

