Hamlet Estudio o la dinámica de la cuestión
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Hamlet Estudio o la dinámica de la cuestión

El regreso de la coreografía de Liliam Padrón, por Danza Espiral, a la pieza Estudio de Hamlet, presentada el pasado 24 de octubre en la Sala White, plantea tres cuestiones interesantes que se relacionan con la estética, la dinámica y trayectoria del colectivo y el desafío de la creación frente a las vicisitudes energéticas en la realidad social. Es una mirada muy personal y contemporánea del texto de William Shakespeare, sobre el que Liliam vuelve con una nueva generación de bailarines.

La complejidad de la obra se relaciona con el mundo psicológico, social y estético que propone el autor isabelino, y que ella reinventa con sensibilidad, inteligencia y creatividad, proponiendo un universo en el que la atmósfera recreada por luces, vestuarios y el cuerpo de los danzantes aportan sugestividad, y la capacidad de potenciar signos que relacionan al receptor con disímiles y complejas referencias culturales.

Es una obra que desde el punto de vista técnico necesita de un bailarín preparado para asumir el reto creativo, mediante el cuerpo, gesto, energía, y la inteligencia de apropiarse del potente imaginario de Shakespeare, la historia, los caracteres, la fuerza trágica de lo que acontece, en este caso atravesado por las necesidades y la connotación lírica y dramática de la danza. Danza Espiral se ha reinventado como núcleo artístico, de manera cíclica.

Retornar a una obra de la complejidad de Estudio de Hamlet o de muchas otras de Espiral es volver a empezar, trabajar lo físico y lo creativo con una nueva generación, influir en la dinámica y sentido que caracteriza el colectivo, la disciplina, la fidelidad al repertorio histórico, la coherencia de su poética, que es defender los valores de una trayectoria que cumple sus 40 años de fundada en el 2027.

Eso marca y denota la fuerza y el liderazgo de Liliam Padrón, en recomenzar, como Sísifo, crear desde el vacío, y fortalecer estructuras de pensamiento en el cuerpo y el gesto de otros bailarines, esta vez, mucho más jóvenes, pero como en este caso, según declaraciones de la propia maestra, con un interés en retar el tejido coreográfico de Estudio de Hamlet.

Por sí solo eso le ofrece valía al espectáculo: la fortaleza y sentido de lo pedagógico y lo artístico de Lilita, y el ímpetu de los jóvenes bailarines para el acercamiento desde la danza a una obra canónica de la dramaturgia universal.

Por otra parte, fue un espectáculo atravesado por la incertidumbre, al tener una función programada en Teatro El Mirón Cubano, que hubo que trasladar a la Sala White, sin ningunos de los requerimientos del espectáculo, ni tabloncillo ni luces ni la intimidad de una sala adecuada, solo defendido por la voluntad, y por los cuerpos y energía de los jóvenes bailarines ante un público bastante numeroso, que sigue a la agrupación.

Los aspectos abordados sitúan los procesos artísticos (ensayar, reestrenar, enseñar, crear, mantener una coherencia estética, sistematizar una práctica artística y una comunicación con el público) en diálogo propicio o confrontación con la realidad de la programación, los espacios posibles de presentación (sala o teatro) que requiere un espectáculo danzario con un lenguaje contemporáneo, moderno, como el de muchas de las obras del repertorio de Espiral. La connotación que requiere un Estudio de Hamlet o un Otelo, para mencionar dos de los espectáculos shakesperianos emblemáticos de la compañía también precisa calidad, equilibrio, la protección de un espacio ideal. Es lo que proclamaría Hamlet. ¿Ser o no ser? Esa es la cuestión.

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