¿Hacer la geografía grande otra vez? El mapamundi según Donald Trump
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¿Hacer la geografía grande otra vez? El mapamundi según Donald Trump

Pudiera parecer un delirio propio de la demencia, pero no lo es: al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le ha dado en su segundo mandato por renombrar accidentes geográficos, regiones y lugares emblemáticos como si los estuviera descubriendo por primera vez.

Lo que comenzó como una promesa de campaña se ha transformado en una constante política exterior que no solo busca rebautizar el mapa de Norteamérica, sino también redefinir la influencia de Washington en el escenario global.

Desde el Golfo de México hasta el estrecho de Ormuz, pasando por el lago Ontario y la cima más alta de América del Norte, Trump ha desplegado una ofensiva onomástica que ha generado rechazo en el resto del orbe y ha puesto en jaque las normas del derecho internacional.

Sorprendido por el entusiasmo de Trump en su faceta de “geógrafo conquistador”, Escambray compendia todas las propuestas de cambio de nombre impulsadas durante su segundo período presidencial.

1. ¿GOLFO DE MÉXICO O GOLFO DE AMÉRICA?

Fue la primera gran movida y la que sentó el precedente. El 20 de enero de 2025, horas después de tomar posesión para su segundo mandato, Trump firmó la orden ejecutiva 14172, titulada “Restaurando nombres que honran la grandeza estadounidense”. En ella, ordenaba que el Golfo de México —cuyo nombre lleva más de 400 años en uso— fuera renombrado como Golfo de América.

El presidente justificó la medida alegando que el golfo era el “más grande del mundo” y destacando su importancia económica. Pero en sus discursos, Trump fue más allá y vinculó el cambio de nombre con sus quejas de larga data sobre el manejo de la inmigración y el narcotráfico por parte de México. En una conferencia de prensa, llegó a confesar que su primera intención había sido llamarlo Golfo de Trump, pero desistió porque, según sus propias palabras, “pensé que me matarían si hacía eso”.

En México los mapas siguen identificando al golfo como se ha nombrado durante los últimos 400 años.

La orden ejecutiva tiene efectos únicamente dentro del territorio estadounidense. Las agencias federales adoptaron el nuevo nombre en sus comunicados oficiales, y el Departamento del Interior anunció el 9 de febrero de 2025 como el Día del Golfo de América. Google Maps, por su parte, optó por una solución intermedia: los usuarios en Estados Unidos ven Golfo de América; los de México, Golfo de México, y el resto del mundo visualiza ambos: Golfo de México (Golfo de América). México no reconoce el cambio, ni lo hacen muchos otros países y organizaciones internacionales. La Associated Press, referencia mundial en estilo periodístico, continúa utilizando el nombre tradicional.

2. EL DENALI VUELVE A SER EL MONTE MCKINLEY

La misma orden ejecutiva del 20 de enero de 2025 también decretó el cambio de nombre de la montaña más alta de América del Norte, el Denali en Alaska, para que volviera a llamarse Monte McKinley.

El Denali, cuyo nombre en lengua atabascana significa “el Grande”, había sido designado oficialmente como Monte McKinley en 1917 en honor al presidente William McKinley, asesinado en 1901. Pero en 2015, el entonces presidente Barack Obama, atendiendo décadas de reclamos de los nativos de Alaska y de las autoridades estatales, cambió el nombre a Denali para reflejar el uso local y la herencia indígena.

Trump justificó la reversión argumentando que quería honrar a McKinley porque “hizo muy rico a nuestro país a través de aranceles y talento”. La decisión provocó un fuerte rechazo entre los habitantes de Alaska, quienes señalaron que, aunque el presidente puede cambiar el nombre en los registros federales, no puede obligar a la gente a llamarlo Monte McKinley. El parque nacional que rodea la montaña, sin embargo, mantuvo el nombre de Denali.

3. EL LAGO ONTARIO, ¿PRÓXIMO EN LA LISTA?

El 25 de agosto de 2026, en medio de una escalada de la guerra comercial con Canadá, Trump lanzó su más reciente propuesta: cambiar el nombre del lago Ontario, uno de los cinco Grandes Lagos que comparten Estados Unidos y Canadá, por el de Lago América.

En un mensaje publicado en su red social Truth Social, Trump escribió: “Estados Unidos está considerando seriamente cambiar el nombre del lago Ontario a Lago América, ya que no esperamos hacer muchos negocios con Ontario”. Acompañó el texto con un mapa en el que el nombre del lago aparecía tachado y reemplazado por “Lake America” junto a una bandera estadounidense.

Cambiar el nombre del lago es la más reciente propuesta de Trump.

La propuesta no fue una ocurrencia aislada. Llegó después de que el primer ministro canadiense, Mark Carney, rompiera las negociaciones comerciales con Washington, lo que llevó a Trump a imponer aranceles del 50 por ciento a 20 000 millones de dólares en productos canadienses. Canadá respondió con aranceles retaliatorios del mismo calibre.

La reacción canadiense fue inmediata y contundente. La ministra de Industria de Canadá, Mélanie Joly, declaró: “Siempre lo llamaremos Lago Ontario. Punto. Estamos orgullosos de nuestros Grandes Lagos”. El premier de Ontario, Doug Ford, calificó la amenaza como “mucha retórica” y llamó a Trump “dictador” y “tirano” en una rueda de prensa.

El lago Ontario, cuyo nombre proviene de la palabra hurón oniatarío, que significa “lago de aguas brillantes”, es compartido por ambos países, con la frontera oficial atravesando sus aguas. No existe una autoridad internacional única que determine los nombres de los cuerpos de agua compartidos, por lo que el cambio solo tendría validez en el territorio estadounidense.

4. DE ESTRECHO DE ORMUZ A ESTRECHO DE TRUMP

El 30 de abril de 2026, Trump publicó en Truth Social una imagen de la región del Golfo Pérsico en la que el estratégico estrecho de Ormuz aparecía renombrado como Estrecho de Trump. La publicación se produjo en medio de una escalada de tensiones con Irán por el bloqueo naval estadounidense en la zona.

No era la primera vez que Trump mencionaba la idea. En marzo de 2026, durante un discurso en Miami, ya había bromeado con que el estrecho debería llevar su nombre. En una entrevista con Fox Business, Trump lamentó que no pudiera llamarse Estrecho de Trump y declaró: “Tomé el Golfo de México y lo renombré como Golfo de América”.

Donald Trump lanza sus «delirios geográficos» en la red social Truth Social.

La respuesta de Irán no se hizo esperar. El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abás Araqchí, calificó la iniciativa como un “error terrible” y enfatizó que, si bien Trump utilizó correctamente el nombre de Golfo Pérsico en la misma imagen, renombrar el estrecho de Ormuz era inaceptable. Araqchí recordó que el 30 de abril es el Día Nacional del Golfo Pérsico en Irán, que conmemora la expulsión de los portugueses del estrecho en el siglo XVII.

5. ¿GOLFO PÉRSICO O ARÁBIGO?

En mayo de 2025, medios estadounidenses reportaron que Trump planeaba anunciar durante una visita a Arabia Saudita que Estados Unidos dejaría de usar el nombre Golfo Pérsico para adoptar el de Golfo Arábigo. La medida, claramente orientada a complacer a los aliados árabes del Golfo, provocó una airada reacción de Teherán, que la calificó como un acto de hostilidad política.

Sin embargo, Trump terminó dando marcha atrás durante su gira por Medio Oriente, probablemente para no enemistarse aún más con Irán en un momento de negociaciones delicadas. El episodio evidencia que, en ocasiones, el ímpetu renombrador de Trump choca con las realidades de la geopolítica.

6. EL PENTÁGONO VUELVE A SER EL DEPARTAMENTO DE GUERRA

En septiembre de 2025, Trump firmó una orden ejecutiva para rebautizar el Departamento de Defensa, con sede en el Pentágono, como Departamento de Guerra. El presidente argumentó que el nuevo nombre era más “apropiado” dado el estado del mundo. El Departamento había llevado ese nombre hasta 1947, cuando fue redesignado como Departamento de Defensa tras la Segunda Guerra Mundial.

La medida, sin embargo, no era de su competencia exclusiva; requería la aprobación del Congreso. La Oficina de Presupuesto del Congreso estimó que el cambio de nombre podría costar hasta 125 millones de dólares, entre señalización, papelería, sistemas informáticos y otros gastos.

7. FORT BRAGG Y LA MEMORIA CONFEDERADA

En febrero de 2025, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, firmó un memorando para cambiar el nombre de la base militar Fort Liberty, en Carolina del Norte, de vuelta a Fort Bragg. La base había sido renombrada en 2023 como parte de un mandato del Congreso para eliminar los nombres de generales confederados de las instalaciones militares.

Trump, que había prometido en campaña restaurar el nombre, justificó la medida argumentando que honraba al soldado Ronald L. Bragg, un héroe de la Segunda Guerra Mundial, y no al general confederado Braxton Bragg. Sin embargo, el cambio fue criticado por quienes lo vieron como un intento de borrar los avances en el reconocimiento de la memoria histórica afroamericana.

8. EL LABORATORIO NACIONAL DE LAS ROCALLOSAS

En diciembre de 2025, el Departamento de Energía de Estados Unidos renombró el Laboratorio Nacional de Energías Renovables (NREL), con sede en Colorado, como Laboratorio Nacional de las Rocallosas. La decisión eliminó la palabra “renovable” del nombre, en línea con la postura de la administración Trump, que se ha mostrado contraria a los proyectos de energías limpias. El laboratorio, fundado en la década de 1970, había sido un referente mundial en investigación sobre energías renovables.

9. EL CENTRO KENNEDY, LA MONEDA Y OTROS “AUTOBOMBOS”

Trump también ha impulsado que su nombre se añada a instituciones y objetos de la vida cotidiana. En diciembre de 2025, la Casa Blanca anunció que el Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas pasaría a llamarse Centro Memorial Donald J. Trump y John F. Kennedy para las Artes Escénicas; sin embargo, este intento terminó con una humillante retirada. El nombre del presidente fue retirado de la fachada del centro en junio de 2026, tras una batalla judicial que declaró ilegal su acción.

El intento de Trump de «colarse» en el nombre del Centro Kennedy terminó en una bochornosa retirada.

Además, la administración Trump ha promovido la inclusión de su firma en billetes de dólar, la emisión de pasaportes con su rostro en ediciones limitadas y la colocación de su nombre en el Instituto de la Paz de Estados Unidos. El aeropuerto internacional de Palm Beach, en Florida, también ha sido renombrado en su honor.

10. AMENAZAS A GROENLANDIA, EL CANAL DE PANAMÁ Y CANADÁ

Más allá de los cambios de nombre concretos, Trump ha lanzado repetidas amenazas de alterar fronteras y soberanías. Ha insistido en la compra de Groenlandia a Dinamarca, argumentando que es “necesaria para la seguridad nacional”. Un congresista republicano llegó a presentar un proyecto de ley para adquirir la isla y rebautizarla como “Red, White and Blueland” (Rojo, Blanco y Azulandia).

También ha prometido “recuperar” el control del Canal de Panamá, alegando que China lo está operando. Y ha sugerido en múltiples ocasiones que Canadá debería convertirse en el Estado 51 de la Unión Americana.

¿TIENE TRUMP AUTORIDAD PARA CAMBIAR ESTOS NOMBRES?

La respuesta es compleja. Dentro de los Estados Unidos, el presidente tiene amplia autoridad para cambiar los nombres de las características geográficas que se encuentran íntegramente en territorio estadounidense, como el Monte McKinley. Sin embargo, para cuerpos de agua compartidos con otros países, como el Golfo de México o el lago Ontario, el cambio solo tiene efecto en la cartografía y los documentos oficiales de Estados Unidos. La comunidad internacional no está obligada a reconocerlos.

La Organización Hidrográfica Internacional, de la que EE.UU. y Canadá son miembros, trabaja para estandarizar los nombres de mares y océanos, pero no tiene autoridad para imponer denominaciones. Como ha señalado la ministra Joly, cada país tiene derecho a llamar a sus lugares como mejor le parezca.

Más que un capricho aislado, la campaña de renombramiento de Donald Trump responde a una visión de Estados Unidos como una potencia expansionista que no reconoce fronteras ni soberanías ajenas. Como ha señalado la profesora Allison Prasch, de la Universidad de Wisconsin-Madison, “el acto de nombrar es una forma en que los presidentes pueden remodelar su visión de la nación”. Y la visión de Trump, añade, es “nacionalista e imperialista”.

Pero el mapa no es un lienzo en blanco. Los nombres tienen historia, memoria y pertenencia. Y aunque Washington pueda cambiarlos en sus documentos, los pueblos y sus gobiernos han dejado claro que no están dispuestos a borrar su identidad por decreto.

En un mundo cada vez más multipolar, la pretensión de renombrar el planeta desde la Casa Blanca parece, cuando menos, anacrónica. Pero para Trump, es una herramienta más de su arsenal político: una forma de marcar territorio, de recordar a sus adversarios quién manda y, sobre todo, de dejar su huella en la historia. Aunque, como han demostrado las reacciones de México, Canadá, Irán y Dinamarca, esa huella no siempre es bienvenida.

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