
El joven artemiseño Guillermo Granados Lara, cayó en combate durante el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Fue un activo militante de la Juventud Ortodoxa.
Nació el 23 de octubre de 1923 en el poblado de Pijirigua, Artemisa, Asistió a la escuela pública, llegando a cursar la primaria Superior.
Era de carácter alegre, decidido, discreto y cuidadoso de sus cosas.
Desde joven comenzó a trabajar como cantinero, iniciándose en el restaurante “Florida” Tiempo después se trasladó para La Habana, donde trabajó también como cantinero. De regreso a Artemisa, trabajó como dependiente en la bodega de Esteban Méndez.
Se vinculó al Movimiento Revolucionario de Artemisa a través del combatiente Severino Rosell (Vero), con quien mantenía estrechas relaciones.
Estos jóvenes se prepararon para llevar a cabo una acción armada y entrenaron en diferentes fincas de Artemisa.
Algunos de sus familiares recuerdan que hasta el 10 de marzo de 1952, cuando se produjo el golpe militar encabezado por el tirano Batista, “Guillermo era un hombre muy de su casa. Cuando regresaba del trabajo se ponía a escuchar trasmisiones deportivas.
Casi nunca salía de paseo pero desde el día del golpe de Estado, salía con mucha frecuencia, e incluso, a veces, se quedaba fuera de la casa”.
Al contraer matrimonio en 1949 con Iraida Moreno, se dedica a la venta ambulante de artículos de fantasía y zapatos, labor que mantenía cuando marchó al Moncada.
El 24 de julio se despide de su familia sin ofrecer muchos detalles. Un beso de despedida a su hijo aumentó la sospecha de su esposa cuando le dijo… “Cuídalo bien, para si yo muero, te quede otro Guillermo que haga por ti…”
En el libro “Mártires del Moncada”, Severino Rosell, refiriéndose a Guillermo dijo:
“Era un compañero de Patria o Muerte, de verdad. Muy valiente, que quería que la cosa fuera rápida. Recuerdo, que el mismo día de partir, como a las siete, yo estuve conversando con él en Martí y calle 3, donde vivía Ciro Redondo García. En aquellos momentos yo me quedé preocupado porque Guillermo había sufrido una decepción de parte de un amigo que discrepó de sus ideas en cuanto a que era necesario empuñar las armas.
“Granado era de espíritu alegre, aunque era muy serio en sus expresiones. Él fue de los que hizo prácticas en la Universidad, en un sótano que estaba a la derecha de la escalinata, y también en Artemisa, en las fincas que teníamos para eso y en las que casi todos los compañeros de Artemisa se entrenaron.
En horas de la noche del mismo 26 de julio de 1953 comenzaron a escucharse las noticias de lo sucedido en Santiago de Cuba. Una vez más los familiares de Guillermo confirman lo que habían sospechado.
Había caído combatiendo durante el asalto al Cuartel Moncada, muy cerca de la posta 3.
Fidel Labrador, también combatiente del Asalto al Cuartel y quien lo quería como a un hermano, testimonió: Que Guillermo formó parte del grupo en que él combatió, resultando herido cuando apenas había logrado avanzar y cuando trató de ayudarlo a incorporarse, todavía no había muerto, él fue herido de bala en un ojo, en ese momento, el cual perdió, teniendo que replegarse, que después ya no supo más de Guillermo. Pero su nombre apareció entre la lista de muertos en combate.
Sus restos se encuentran en la Cámara mortuoria del Mausoleo a los Mártires de Artemisa, que constituye el recinto lúgubre de los combatientes del Moncada.
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