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Gabriel Ramos Puig nace en La Habana “imprevistamente”, pues sus padres y cuatro abuelos son originarios de la ciudad de Sévres. Los progenitores se instalan en la capital por razones de oportunidades y allí nace un 20 de diciembre de 1950. Cada año le llevan hasta Cienfuegos durante las etapas vacacionales y navideñas, logrando una afinidad que ha sustentado a través de los tiempos; asimismo, es en la tierra de El Benny que encuentra a su compañera de vida y reserva los días finales.
Luego de transitar por sus estudios primarios e insertarse temporalmente en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, en 1966 matricula en la Academia de San Alejandro, entusiasmado por la escultura; aunque se mantiene solo hasta el tercer año. Una vez que muere el patriarca en 1971, decide abandonar la academia para ayudar económicamente a su madre y sus tres hermanos pequeños. Sin dudas, esta etapa formativa en aquella especialidad fue perentoria desde una anchura técnica, toda vez que la escultura le coloca ante el emporio de la tridimensionalidad. “La escultura es volumen, tiene cuatro dimensiones que se van a apreciar donde una obra: en su anchura, longitud, profundidad y altura” –repara el animador- “Estas cuatro dimensiones son las que en el futuro me hechizaron en el cine”.
En 1972 comienza su bregar donde el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). “Estaba rodeado de gente talentosa, con virtudes, que me sirvieron para perfeccionar la técnica y los modos narrativos; especialmente fui muy apoyado por Juan Padrón, nuestro principal animador.” –rememora Gaby. Justamente, sus principales colaboraciones las consuma al lado de Padrón, quien le alista para la serie de Elpidio Valdés. El cineasta le admira como dibujante y resulta un gran amigo, por lo que suele tenerle en cuenta en sus proyectos. El debut sucede con El tren militar (1975); luego vendrán otros muchos cortos, el primer largometraje protagonizado por el líder mambí (1979), Vampiros en La Habana (1985), Más vampiros en La Habana (2003), la presentación de la serie animada Mafalda (1993), y Más se perdió en Cuba (1995), otra secuela de Elpidio Valdés, entre otros textos animados.

Durante la década de 1970 emprende una carrera como humorista gráfico y caricaturista, encomiada en salones provinciales, donde recibe premios y menciones en 1973, 1974 y 1975, y cursa estudios en la Escuela de Artes Aplicadas (1975). Hacia 1979 se traslada a Cienfuegos (urge de una vivienda para resguardar a su familia) y comienza a trabajar como diseñador en el semanario 5 de septiembre, junto a su amigo Douglas Pérez Castro. En esa fase de su vida llega a participar en el suplemento humorístico La Picúa, que alcanza una notable popularidad.
Entre 1980 y 2000 se conecta nuevamente con el ICAIC y labora en el Filminuto No 7 (1984) y Filminuto No 8 (1984), de José Reyes, la serie Cecilín y Coti (Cecilín y el gordo y Cecilín ayuda al almiquí, 1983), del sureño Cecilio Avilés, los cortometrajes Nota para Televisión Española La Conchita (1983), el Filminuto No 9 (1984), de Mario García Montés, Sueños y pesadillas (1984), El reloj roto (1985), por el que recibe el Premio Caracol de la UNEAC (compartido) y Las orejas de Canelo (1985), de Tulio Raggi, Elegancia (1992), Karateca (1992), Aprovechando mentiras (1992), La máscara, Demostración, Problema celestial, Milagro, Misterio y Confesor, de Jesús Valdés (Seis cortos ideados para la serie Filminutos en 1995).

También brega en el Filminuto No 30 (Primer Premio de Animación del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano en 1995, compartido), de Tulio Raggi, el Filminuto No 39 (1995), de Jorge Valdés, la coproducción Los sepultureros (EUA-España, 1995), a la que arriba después de un casting que solo él aprueba en el ICAIC, y la exitosa Cosmovolt: SOS Plutón (Premio Caracol de la UNEAC en la categoría de dirección de animación, 1999), bajo las órdenes de Ernesto Padrón. Igualmente, diseña la presentación del XV Festival del Cine Latinoamericano (1993) y de la serie Secretaria Salud UNICEF (1996). Para este último proyecto concibe cortos animados al estilo de EDA (1990), Pequeñas personas (1996) y Derecho a estudiar (1996).
A través de este periplo, Gaby destaca como diseñador de personajes y por su creciente estilo en los modos de simplificar las estructuras somáticas, la economía del color, la destemporalización o descontextualización de los relatos, tratando de alcanzar cierta universalidad, al tiempo que afina su perfil humorístico, algo distante del choteo cubano, focaliza los vuelos filosóficos en sus historias y prescinde de los suplementos verbales. Estas regularidades serán ponderadas luego que regresa a La Habana hacia 2000, para desempeñarse como realizador en la División de Programas Infantiles del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), al menos hasta el 2005.
Durante este ciclo profesional concibe una de sus series más atractivas por el encerado metafísico y estético: Hombre Vs. Hueco (12 episodios, 2001), protagonizado por aquel hombrecillo que busca respuestas y siempre termina donde el punto de partida, que le mereciera el Primer Premio de Dirección y Guion en el Concurso Caracol de la UNEAC (2002); igual, una Mención Especial de Animación en el Cine Plaza 2002. Entonces asume otros proyectos, como los cortos de la serie Para la vida (Guardián, Neonato, Toxina, Cacateo y Cuadro de familia, 2001), la celebrada Coralina (2002), sirenita criolla que se enfrenta a varios personajes indeseables de las profundidades del mar, con la que obtiene el Primer Premio de Dirección en el Concurso Caracol de la UNEAC de 2003, cuatro Spot animados para el departamento de propaganda y publicidad (Ginebra I, Ginebra II, ALCA I y No hay Tregua) y la serie Yanela y Oriel (5 episodios, 2005), ganadora del Primer Premio de Guion en el Caracol de la UNEAC (2005). A propósito, es una de las pocas series animadas que protagonizan dos afro descendientes cubanos. “Yanela y Oriel son mis primeros nietos. A mí me llamaba la atención de que Yanelita se comportaba como si fuera la mamá de su hermano. En la realidad cotidiana me inspiraban tanto que hice 15 guiones. Solamente el público conoce cinco”, –rememora Gabriel.

En 2005 pasa a la División de Propaganda y Publicidad del ICRT y participa en textos de intenso y eficaz didactismo, como El Guardián (Primer Premio Tocororo en el Festival Internacional de Spot Bien Público, 2005) y el encomiado Grabaste (Primer Premio Imagen del Festival Nacional de Spot Bien Público, 2006), cuyos episodios logran emocionar a los públicos cubanos por sus bríos y gracia, la voluntad de resguardar los valores humanistas. Al año siguiente pasa al Canal Educativo I, donde permanece hasta 2008. En este entorno dirige el seriado Coctelitos (2006), que levanta ronchas en el ICAIC por sus convergencias con los Filminutos. Los relatos de este nuevo proyecto televisivo fueron creados por varios guionistas, al modo de Gaspar González, el más recurrente, José Villavicencio, Marcelino Feal y Raúl González.
Hacia 2008, probablemente exaltado por los logros de la televisora local Perlavisión y el empoderamiento del humor gráfico entre los sureños, Gaby retorna a Cienfuegos con el propósito de formar animadores y crear un Estudio de Animación en esta ciudad. Sin embargo, algunos decisores con mentalidad reducida se niegan a apoyarle y el sueño no logra cometerse. De manera que, mientras ejerce de Pastor, se dedica a la pedagogía y ocasionalmente concibe algunos textos audiovisuales, como la presentación del espacio Pipiolo y Mostachón, un dramatizado para infantes dirigido por Adays Pérez Reyes.

Dando continuidad a su vocación pedagógica, en un principio como capacitador del ICAIC (1995), del ICRT (2001-2005) y el ISDI (Instituto Superior de Diseño Industrial e Informacional, 2006-2008), realiza una colaboración especial en la Escuela de las Artes Benny Moré, impartiendo talleres donde las disciplinas de las artes plásticas e instructores de arte. Justamente, en el curso 2026-2027 se convierte en co-tutor de la primera tesis de grado dedicada a la animación en esta plaza de las artes visuales, una de las pocas en la isla.
Gaby es miembro de la UNEAC, la UPEC, la Asociación de Humoristas de Cuba y la Asociación de Comunicadores; además, ha recibido numerosos reconocimientos por su notable obra artística, como la Distinción XX Aniversario por la Cultura Nacional (1995), la Medalla Félix Elmuza del Consejo de Estado y de la Unión de Periodistas de Cuba, y la Medalla Raúl Gómez García (2000). A sus 76 años, aún espera consumar muchos de los sueños pospuestos durante estas cinco décadas de andares.

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