
M. Díaz-Canel/Facebook
Como parte de su ofensiva contra el régimen cubano, la Administración Trump, a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro, impuso este jueves nuevas sanciones contra funcionarios vinculados a la red de alianzas internacionales y propaganda del castrismo, así como contra empresas mineras y de la construcción.
Para continuar cerrándole vías al régimen, algo que Washington ha declarado entre sus objetivos, la OFAC incluyó en la Lista de Nacionales Especialmente Designados al exespía Fernando González, quien dirige el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), entidad que el secretario de Estado, Marco Rubio, definió recientemente como «el principal grupo de influencia e inteligencia del régimen cubano, explotando su vasta red global para espiar a los estadounidenses, promover propaganda antioccidental, coordinar operaciones de influencia extranjera y organizar movimientos revolucionarios de izquierda en todo el mundo».
En tal sentido, Washington dictó sanciones adicionales contra las funcionarias del régimen Leima Martínez Freire y Noemí Ramona Rabaza Fernández, vinculadas a la dirección del ICAP.
Al propio tiempo, la Administración Trump sancionó a nueve entidades del régimen, comenzando por el Ministerio de la Construcción. Así, quedaron incluidas en la lista de sanciones cuatro empresas de carácter minero, uno de los principales rubros señalados por Washington: ACINOX Comercial S.A., dedicada a la fabricación de hierro y acero básico; la Empresa de Níquel Comandante Ernesto Che Guevara, ubicada en Moa; la Empresa Importadora Exportadora y Comercializadora de Metales (MetalCuba); y el Grupo Empresarial Geominero Salinero (GEOMINSAL).
De igual forma, fue sancionada la Agencia de Contratación a Representaciones Comerciales S.A. (ACOREC S.A.), dedicada a la gestión de recursos humanos y su provisión a empresas extranjeras en la Isla, por la que cobra altos dividendos.
Además, quedaron sancionadas la Corporación de Abastecimiento al Turismo S.A., la Empresa Central de Abastecimiento y Ventas de Equipos de Transporte Pesado y sus Piezas y la Empresa Comercializadora de Artículos en General.
Tras dictar el anterior paquete de sanciones, el pasado 7 de agosto, contra cinco entidades cubanas y ocho personas vinculadas con la obtención de armamento para el régimen, Rubio advirtió que Washington «no tolerará un Estado renegado» y resaltó que cualquier empresa o institución financiera extranjera que mantenga relaciones con los sancionados podría exponerse también a medidas punitivas.
«El régimen comunista cubano es un patrocinador estatal del terrorismo que espía a EEUU, arma a radicales de izquierda violentos, difunde una ideología marxista venenosa y sirve como base de operaciones para Rusia, China e Irán a solo 90 millas de nuestras costas», afirmó Rubio en un mensaje publicado en la red social X.
Esta semana, un informe publicado por el America First Policy Institute (AFPI), un centro cercano al entorno de Donald Trump, aconsejó endurecer el cerco financiero contra el régimen e incrementar las designaciones dentro de la lista de Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO). Entre los objetivos prioritarios para esta calificación ubica a las propias estructuras del Estado, como el Partido Comunista de Cuba (PCC) y el conglomerado militar GAESA, pilar económico del castrismo.
Las nuevas sanciones de este jueves se enmarcan en un contexto de crecientes tensiones entre La Habana y Washington. Así, Rubio sostuvo en declaraciones recientes que es de interés nacional para su país que Cuba sea un país próspero y seguro, además de estar alineado con Washington. «Estoy seguro de que, para cuando termine esta Administración —antes de que concluya este mandato—, (Cuba) estará en una senda irreversible hacia un futuro muy distinto», sostuvo.
Además, Rubio subrayó que el régimen cubano no puede esperar que el Gobierno de EEUU se rinda y llamó la atención sobre la estrategia de La Habana de ganar tiempo «simulando reformas mientras busca maneras de evadir las sanciones».
No obstante, «cada vez que crean un nuevo mecanismo para intentar escapar de la soga, simplemente se lo cerramos», destacó, al tiempo que sostuvo que «lo que intentamos enseñarles es que no hay escapatoria».
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