El Festival Internacional de Cine Pobre de Gibara levantó hoy el telón con la inauguración de dos exposiciones de artes plásticas, reafirmando el espíritu resiliente y el intenso intercambio cultural que caracteriza a este emblemático evento en la región oriental de Cuba. La cita, que durante más de dos décadas ha defendido la confluencia de diversas manifestaciones estéticas, arrancó con una propuesta que trasciende la pantalla grande.
Una de las muestras titulada «De Vallecillo a Gibara», auspiciada por el ayuntamiento de esa localidad mexicana en Nuevo León, presenta una colección de fósiles de aproximadamente 93 millones de años de antigüedad. Los restos paleontológicos revelan el pasado marino que ambos territorios compartieron, estableciendo un vínculo que se extiende mucho más allá de la geografía actual.
La encargada de cultura del municipio mexicano, Micaela López, destacó durante la apertura la inmensa riqueza arqueológica de la zona rural de Vallecillo. Por su parte, Alberto Roque, representante de la delegación azteca, subrayó que el arte, en todas sus formas, sigue siendo un puente inquebrantable para la unión de los pueblos latinoamericanos, incluso frente a las adversidades.
De manera simultánea, el público gibareño pudo disfrutar de «El último bosque», una exposición bipersonal de las creadoras cubanas Amanda Tamayo y Daliana Seoane. Bajo la curaduría de Elisabet Betancourt, la muestra indaga en los procesos creativos y las interpretaciones de la cotidianidad desde la mirada del oriente de la nación, ofreciendo un contraste íntimo con la monumentalidad de los fósiles prehistóricos.
Ambas exhibiciones sirvieron como preámbulo al tradicional desfile inaugural del festival, que cada año convoca a realizadores, artistas y público en torno a la defensa del cine con recursos limitados. La jornada inicial dejó claro que el evento no solo celebra el séptimo arte, sino que abraza la creación artística en su sentido más amplio.
Con estas propuestas visuales, Gibara consolida una vez más su papel como epicentro de la resistencia cultural en Cuba, donde el arte se convierte en herramienta de memoria, identidad y encuentro entre naciones. El festival continuará en los próximos días con proyecciones, paneles y actividades que mantendrán viva la llama de la creación independiente en el Caribe.
(Con información de Prensa Latina)

