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En el centro de Cuba hay una ciudad. Una ciudad santa y clara que nació el 15 de julio por el empeño de familias de la villa de San Juan de los Remedios que se trasladaron hasta aquí, de acuerdo con documentos de la época, para escapar del asedio permanente de corsarios y piratas, aunque también hubo intereses económicos de quienes estaban interesados en seguir creciendo en estas tierras prósperas.
Surgió a orillas del río de la Sabana, hoy Bélico, a pocos metros de lo que conocemos como el Parque El Carmen, alrededor de un tamarindo, el cual ofreció su sombra para oficiar la misa fundacional del asentamiento.
Fiel a sus tradiciones y su historia, Santa Clara es la villa del tamarindo, pero es, además, la ciudad del Che Guevara, el guerrillero que liberó esta tierra en una gran batalla a fines de 1958, y también es la ciudad de la patriota y benefactora Doña Marta Abreu de Estévez, quien donó fondos a la causa independentista contra la metrópoli española, y para erigir obras imperecederas como el Teatro La Caridad.
Antes fue Santa Cruz de la Sabana de San Juan de los Remedios del Cayo, Cayo Nuevo, Los Dos Cayos, Pueblo Nuevo de Antonio (Antón) Díaz, Villa Nueva de Santa Clara del Cayo, Villa Nueva de Santa Clara o “Gloriosa Santa Clara de Asís”.
Altiva y generosa, Santa Clara se erige como una imprescindible plaza cultural de nuestra nación donde se funden poetas, trovadores, amantes de la danza y pintores, y se convirtió por otra parte, en un significativo enclave industrial y científico del país caribeño.
Ciudad de tránsito entre el oriente y el occidente, donde muchos apuestan por quedarse y echar raíces, donde se evoca la historia, con nombres inolvidables como Carolina Rodríguez Suárez, la madre santaclareña de José Martí, Manuel Dionisio González Yanes, Juan Oscar Alvarado, Guillermo Lorda, Miguel Jerónimo Gutiérrez, Hurtado de Mendoza, Ramón Leocadio Bonachea, y otros que libraron en esta ciudad importantes acciones por la independencia como Leoncio Vidal y Juan Bruno Zayas.
Más cercanos en el tiempo, los combatientes revolucionarios hijos de esta tierra que entregaron sus vidas por la libertad como Julio Pino Machado, Agustín (Chiqui) Gómez Lubián, Osvaldo Herrera y otros.
Aquí se custodian con honor los restos del Comandante Ernesto Che Guevara y sus compañeros de lucha, el guerrillero argentino cubano que liberó, al frente de sus tropas, esta ciudad en una gran batalla a fines de 1958, y que dio el puntillazo final a la dictadura de Fulgencio Batista.
Aquí están las huellas del Guerrillero Heroico que amó esta tierra como algo muy suyo y a donde siempre regresó para fundar empresas como la Industria Nacional Productora de Utensilios Domésticos (Inpud) Primero de Mayo y Planta Mecánica Fabric Aguilar, entre otros nuevos proyectos.
Atravesada por los ríos Bélico y Cubanicay pertenecientes a la cuenca del río Sagua la Grande, la ciudad de Santa Clara es sitio de encantos, de algo que no se sabe explicar y que la hace diferente para los viajeros y para quienes hacen escala aquí para ver su casco histórico, con el Parque Vidal y sus monumentos, el Niño de la bota infortunada, o la Plaza del Che, o el Monumento a la acción contra el Tren Blindado, la Loma del Capiro, donde los rebeldes barbudos escribieron páginas de gloria, la Iglesia El Carmen, la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, o visitar el centro cultural El Mejunje de Silverio, un altar a la dignidad humana.
Hoy, a pesar de que la ciudad no viste sus mejores galas, del deterioro de algunas de sus edificaciones, como resultado de los impactos de la crisis económica y social que vive nuestro país y de las heridas del bloqueo, Santa Clara llega a sus 337 años como testigo vívido de una ciudad que, como una dama hermosa, optimista, con fe en su pueblo y en un mañana mejor, abre los brazos a sus hijos y sus hijas, a sus tradiciones y su historia, a su pasado, su presente, y con la vista puesta en el futuro de muchas generaciones que harán de esta tierra su alma y el sentido de su vida. (Dalia Reyes Perera)

